J. Lykaios.
Hoy escribo para callar, para traicionarme en nombre de un honor que aún no existe más allá de su propia potencia.
Hoy escribo para silenciárme, para hacer arder mis manos en esta primera y única explosión de deseo, de un ardiente deseo en su estado más puro, y que sea ésta explosión de tal magnitud que te alcance más allá de las distancias y los tiempos, que te alcance por las mañanas cuando abras los ojos y mi nombre sea el primer pensamiento que crucé por tu mente, cual si fuese un sueño que se niega a morir y salta a la realidad.
Hoy escribo porque no sé si mañana lo haré, así como tampoco sé si tu leerás estas palabras, o si al leerlas sabrás que son para ti.
Hoy escribo porque cada palabra escrita es como una piedra en la sepultura con forma de papel en la que este deseo quedará atrapado y abandonado, dejado atrás para que muera de hambre al no poder volver a pastar en aquellas planicies doradas por el implacable sol, pero llenas de vida sobre las que el viento se alegraba al pasar y sentir su roce.
Hoy escribo sabiendo que estas letras están destinadas a morir, que son semillas arrojadas a su perdición, despojadas del mal de la esperanza; son letras absurdas porque nacieron para la muerte y porque nacieron para morir, pues fueron arrojados lejos de los cristalinos manantiales que se encargarían de darles vida, de hacerlas prosperar y llegar a convertirse en un sin fin de historias distintas, pero todas y cada una de ellas, convergiendo alrededor tuyo.
Hoy escribo letras valientes, que conocen su destino y lo aceptan con orgullo. Letras que saben que cuando la pluma marque el punto final, solo será cuestión de tiempo para que sean devoradas por lo cotidiano.
Hoy escribo letras asesinas, que buscan aniquilar aquello que aún no ha nacido; letras que extirparon el mal antes de que crezca y se desarrolle, para luego convertirse en vestigios de un nombre olvidado, de un rostro jamás visto y de unos labios jamás besados. Letras que en un futuro nadie recordará como llegaron ahí, pero que ahí estarán a partir de hoy y quien sabe hasta cuando; quietas, frías, indiferentes ante todo lo que no sea su destino original, su propia concepción.
Hoy escribo silencio, hoy escribí letras muertas.
sábado, 21 de julio de 2018
lunes, 16 de julio de 2018
Prefiero.
-J. Lykaios.
El cielo crujía, era como si un par de manos gigantes tomarán la
tierra y la partieran como si se tratara de un simple terrón, de esos que se
forman cuando no ha llovido. Era un cielo vivo, un cielo confundido que no
sabía lo que deseaba o lo que necesitaba, pero a su vez era como un cielo
triste, que se llenaba de luces y se engalanaba con estruendos que obligaban a
todos a levantar la vista, en un cielo solitario como el de esta noche.
Parecía que el cielo se hubiera
enterado de la noticia, lo cual era muy probable ya que por la tarde había
corrido un viento muy fuerte, un viento que se llevaba las noticias lejos,
haciendo que todo mundo se enterara de las desgracias y penas de otros, pero
este viento también transportaba recuerdos, se los robaba y los elevaba, para
luego, con gesto malvado dejarlos por una temporada en algún corazón distraído
en el que pudiesen entrar. Tal vez el corazón del cielo fue llenado con
nuestros recuerdos cuando se enteró de que nuestro tiempo se había terminado,
que la historia que dejo de escribirse mucho antes de ser pensada haya sido marcada
con su punto final, y ahora este cielo también se batiera en duelo consigo
mismo para decidirse entre sentirse furioso o afligido por tu partida. Querías
conocer nuevas personas, ver un cielo distinto, al menos eso fue lo que
decía la gente. De seguro el cielo lo escucho y por eso está noche grita de
furia y estremece a todos con sus gritos, pero de vez en cuando, detrás de
todas esas demostraciones de furia, deja caer un par de gotas de lluvia que
refrescan la tierra, como si fueran una disculpa por los alborotos que causa.
Y yo lo entiendo a la perfección
y quisiera ser como él y que al liberar todas las palabras que se quedaron
atoradas en mi pecho, esta noche desde tu ventana las escucharas como un
estruendo que rompe la distancia que ahora se mide en años y que con su luz
cegara las sombras que se han interpuesto entre tus ojos y los míos, para que
al menos esta noche pudieses entender todos mis motivos y conocer todas mis
ilusiones en las que de alguna u otra forma siempre estuviste presente.
Y aunque esta noche el grito
desesperado de mi pecho únicamente sea silenciado por el estridente trueno que
parte la uniforme quietud de la oscuridad, he decidido no ceder ante el
monstruo de las pasiones que vive dentro de mí, ser como el cielo de esta fría
noche que se niega a sucumbir ante los recuerdos que los incesantes vientos le traen
para hacerlo caer y esparcirse sobre los campos medio muertos y hacerlos
reverdecer. No, me niego a ser lluvia y que lo que en la siembra que en antaño
se dio por muerto reverdezca y vuelva a llenar los valles secos con florecillas
tiernas y brotes verdes y nuevos, únicamente para que sean muertos bajo el filo
de tu partida, que implacable podará esas nuevas hierbas que me dolerán una a
una, como la primera vez que las arrancaste sin lograr matar la raíz. Antes que
esto pase, prefiero seguir siendo desierto, elijo estar seco, pero vivo, porque
está será mi decisión.
Prefiero no ser lluvia esta
noche, no ser un cielo que se desquebraje bajo la fuerza de manos gigantes que
me hagan estremecerme de sufrimiento. Elijo ser viento. Viento que se mueve,
que huye y que se transforma, que sabe tomar distancia y meterse entre tus
sábanas cuando menos lo esperas. Prefiero ser viento que se mueva ligero y que
alguna vez te llevará mi recuerdo hasta tu mejilla para dejarte un beso sin que
lo adviertas. Prefiero ser el viento agitado y furioso que está noche sabe de
tu partida, pero no te detiene, quiero ser el viento que te aleje y que soplará
en las velas de tu barco para que te alejes con rapidez, y te empujaré allá
lejos, muy lejos y te obligaré a llevarte contigo las cargas de lluvia que
amenazaron con revivir la hierba muerta de mis valles que ahora son desiertos,
pero que son desiertos porque yo elegí que eso fueran, porque en ellos encontré
la calma y otras formas de llevar la vida y también aprendí a encontrar
la belleza en rincones insospechados hasta ahora.
Prefiero no ser ni lluvia, ni
noche, porque después me recordarías. Prefiero ser una página más en tus
recuerdos. Prefiero ser una hoja, indiferente a ti, indiferente a todo y fiel a
nada. Prefiero ser esta noche una hoja, nada más, una hoja que esta noche sea
arrastrada por el viento para nunca volver a encontrar tu mirada.
jueves, 12 de julio de 2018
Niño.
Calixto Gama.
Quizá recuerdes voces sin nombres quizá recuerdes paredes blancas o quizá no recuerdes nada.
Tienes cadenas por todos lados, cadenas invisibles, estás condenado a ser libre.
Al otro extremo;
tus instintos guían tu temblorosos pies.
Pero no pienses mucho en ello,
Alguna vez sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
Con los años verás lo que tus progenitores ocultaron de ti al comenzar
Perdona lo que hicimos de nuestro hogar, de nuestro mundo... fue algo que comenzó sólo como diversión.
Así como ahora es debido,
(Sin dudarlo, también cruel)
Otros dejaron al mundo en nuestras manos,
Como nosotros lo hacemos contigo.
Ahora somos mayores,
la luz es más tenue;
y tú sólo estás empezando.
Tenemos la respuesta a todos tus miedos...
Es corta, es simple, es clara como el cristal:
Está aquí, por todas partes,
perdida entre nuestras ganancias.
Todos lloramos ahora,
lloramos porque sabemos;
No hay nada que podamos hacer para protegerte, una vez que el tren se haya ido...
El tren que lleva a las blancas tierras de la inocencia;
¿Estamos felices?
¿Nos estamos divirtiendo?
Alguna vez estuvimos ciegos pero ahora podemos ver:
¿Han dejado un asiento para ti?
Alguna vez estuvimos encadenados, pero ahora somos libres.
Tratamos de vivir en éste proceso de selección artificial.
Estamos felices, en nuestra mente el rostro de nuestros padres...
Y el tren ni siquiera ha dejado la estación.
Quizá recuerdes voces sin nombres quizá recuerdes paredes blancas o quizá no recuerdes nada.
Tienes cadenas por todos lados, cadenas invisibles, estás condenado a ser libre.
Al otro extremo;
tus instintos guían tu temblorosos pies.
Pero no pienses mucho en ello,
Alguna vez sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
Con los años verás lo que tus progenitores ocultaron de ti al comenzar
Perdona lo que hicimos de nuestro hogar, de nuestro mundo... fue algo que comenzó sólo como diversión.
Así como ahora es debido,
(Sin dudarlo, también cruel)
Otros dejaron al mundo en nuestras manos,
Como nosotros lo hacemos contigo.
Ahora somos mayores,
la luz es más tenue;
y tú sólo estás empezando.
Tenemos la respuesta a todos tus miedos...
Es corta, es simple, es clara como el cristal:
Está aquí, por todas partes,
perdida entre nuestras ganancias.
Todos lloramos ahora,
lloramos porque sabemos;
No hay nada que podamos hacer para protegerte, una vez que el tren se haya ido...
El tren que lleva a las blancas tierras de la inocencia;
¿Estamos felices?
¿Nos estamos divirtiendo?
Alguna vez estuvimos ciegos pero ahora podemos ver:
¿Han dejado un asiento para ti?
Alguna vez estuvimos encadenados, pero ahora somos libres.
Tratamos de vivir en éste proceso de selección artificial.
Estamos felices, en nuestra mente el rostro de nuestros padres...
Y el tren ni siquiera ha dejado la estación.
martes, 3 de julio de 2018
Terminal
Janeth Plazola.
"Estoy ridículamente enamorado de ella,"
Dijiste,
"Más que nunca.
Ningún doctor puede cambiar esto,
ninguna medicina puede arreglarlo."
Y yo supe que no había nada que pudiera hacer.
Porque el amor
es como el cáncer.
Cuanto más peleas,
más débil te vuelves.
Puedes fingir que no existe,
pero impregnará tu cuerpo.
("No puedo abrazarla.")
Tu mente.
("En todo lo que puedo pensar es en besarla.")
Tu subconsciente.
("Me despierto de un sueño acerca de ella cada mañana.")
Porque lo que los doctores no te dicen
es que el amor
es malditamente terminal.
"Estoy ridículamente enamorado de ella,"
Dijiste,
"Más que nunca.
Ningún doctor puede cambiar esto,
ninguna medicina puede arreglarlo."
Y yo supe que no había nada que pudiera hacer.
Porque el amor
es como el cáncer.
Cuanto más peleas,
más débil te vuelves.
Puedes fingir que no existe,
pero impregnará tu cuerpo.
("No puedo abrazarla.")
Tu mente.
("En todo lo que puedo pensar es en besarla.")
Tu subconsciente.
("Me despierto de un sueño acerca de ella cada mañana.")
Porque lo que los doctores no te dicen
es que el amor
es malditamente terminal.
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Incuestionamientos
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