-J. Lykaios.
Asíntota, cuando caminas frente a mí y con la inocencia que reviste cada uno de tus gestos, mueves tu cabello de un lado para otro, perfumando el viento, cual si fuera un filtro para eliminar tristeza y asperezas.
Asíntota, cuando con el melifluo de tu voz pones a bailar a toda criatura que habita mi cabeza. Alteras la realidad en que me desenvuelvo diariamente y la llenas de múltiples colores y sonidos estridentes, te vuelves sin saberlo la llave que conduce hasta inhóspitos parajes, mundos ultramarinos con colores nunca antes vistos, colores inspirados en ti. Pero cortas mi aire de golpe, me alejas y me obligas a volver con urgencia a la superficie, sin apenas llevarme algo más que una imagen en mi cabeza grabada.
Asíntota, cuando recibo el presente de tu sensualidad, envuelto en el cobijo de tu verbo. Cual niño me lleno de júbilo y, ensimismado en el éxtasis del momento, voy develando tus palabras, descubriendo maravillas en tus oraciones, pierdo mi balsa navegando entre tus letras, solo para mirar tu barca zarpar en la lejanía.
Asíntota, cuando encuentro mi reflejo en tus ojos; caigo en picada dentro de esos hermosos cristales oscuros, y por un momento, me siento participe de tus alegrías, encuentro el néctar de la satisfacción en la miel de tus logros y soy destinatario de tus suspiros. Más luego me doy cuenta del engaño y me encuentro atrapado en la casa de los espejos, atrapado entre reflejos y falsas imágenes, de las cuales, no eres ninguna de ellas.
Asíntota, cuando por las noches soy asaltado por ti y no por el sueño. Como el agua, te filtras a través de mis pensamientos, siento como te clavas en mi cabeza y con furia apareces en mis momentos más íntimos, te aferras como un pensamiento recurrente y miras fría e indiferente a mi piel sangrar. Pero cuando busco inmortalizar esta imagen tuya en mis renglones de piedra, cuando por medio de palabras en papel busco exorcizarte de mi cabeza, te elevas y huyes de este encuentro que busca tener lugar en mis noches de insomnio, sobre estas sabanas de papel. Desapareces en llanuras lejanas donde mis letras no pueden alcanzarte, pierdo tu rastro en esos desiertos, donde mis letras mueren de sed.
Asíntota, cuando deseo abrazarte y de forma tangible experimentarte. Cuando mis sentidos gritan tu nombre y se desviven en el cumplimiento de ese deseo, sin embargo no eres más que eso, asíntota, un deseo que se acerca, pero nunca llega.
miércoles, 29 de agosto de 2018
miércoles, 22 de agosto de 2018
Sonidos
Sonidos
¡Qué realidad!
¡Qué sonidos!
Qué sonido
el del primer café del día transitando la garganta,
día lleno de
sonidos, de tránsito, de primeras veces.
Qué sonido
el de las hojas revoloteando en el vacío,
vacío lleno
de nada, de escasez, de pequeñeces.
Qué sonido
el del eco de una mirada que retumba en nuestro interior,
mirada deseosa,
interior de esperanzas hechas escombro,
Qué sonido,
por favor, qué melodía la de unas pupilas dilatadas,
pupilas pobladas
de júbilo, vehemencia y asombro.
Qué sonido
el del llanto de toda una generación,
el silencio
aturdidor de los caídos en vano, de la mano que oprime,
de la
injusticia que nunca descansa.
Qué sonido
el de la beligerante condición humana.
Qué sonidos
los que canta el sol en tormenta y baila en penumbra la luna,
los que son
a tiempo, tardíos o con premura.
Qué sonidos
los que son para todos, para nadie,
los que son
para bien, para mal o para interpretarse.
Qué sonido
el de un estómago vacío, sonido que resuena
en muy pocos
pero está en muchos.
Qué sonido
el de un bolsillo repleto de monedas, sonido que resuena
en muchos
pero está en muy pocos.
Qué sonido
el de una idea apasionadamente fiel,
Qué sonido
el de la pluma bordando el papel.
Qué sonido
el de los golpes que se gritan,
Qué sonido
el de los roces que se susurran.
Qué sonido
el de una comida deliciosa,
Qué sonido
el del aroma de la tierra mojada,
Qué sonido
el de una mujer hermosa,
Qué sonido
el de una caricia soñada.
Qué sonido
el de la pérdida de la coherencia,
del sentido
o de toda decencia.
Qué sonido
el del dolor y el del alivio.
Qué sonido
el de la sinestesia.
Qué sonido
el del eco que gotea del olvido,
Qué sonido
retumba de la cascada que es el amor,
Qué sonido
silencioso el de la vida,
Qué sonido
atronador el de la muerte.
¡Qué
sonidos! ¡Qué realidad!
Es una lástima
que todos estemos sordos de atar.
-Ulises García.
martes, 21 de agosto de 2018
1954
Janeth Plazola.
"Piensa demasiado en el pasado" los escucho decir mientras miro por la ventana, "su mente se quedó atrapada en algún momento y ahora no puede avanzar".
Me levanto y voy hasta el espejo, veo que empiezo a tener arrugas bajo los ojos así que me pongo una crema que guardo con mucho cuidado en el buró, no quiero que Pete regrese y se decepcione con mi aspecto.
-¿De quién están hablando? -le preguntó a la chica de blanco mientras camino a la cocina. Ella me sonríe, recuerdo cómo al principio me desesperaba al no obtener respuestas, pero ya me acostumbré, así que acelero el paso y me siento junto a mi amiga Maureen.
-¿Por qué tomas café?, ya te dije que te hace daño -le paso la mano por la cara -tengo una crema buenísima que te va a ayudar con las arrugas, mírame a mí, tan joven y ya tengo algunas, pero no me preocupo porque sé que eso no ayuda.
También me sonríe y luego va con la chica de blanco "está peor", le oigo comentar, y yo no logro descifrar de quién están hablando. "oí a los doctores decir que es muy probable que la vayan a dormir esta semana, ¿es verdad?", abro los ojos aún más, ¿será que van a dormir a alguna amiga?, ¿quién es?, quiero escuchar y por eso hago como que voy al baño. "Muy probablemente será hoy", responde la chica de blanco, y un escalofrío me recorre de pies a cabeza. Pobrecita, esa persona debe estar muy enferma como para que la duerman, casi como a un animal.
-¿Estás seguro? -le dice el Doctor M.
-Creo que es lo mejor, su delirio ha estado presente por demasiados años, hemos intentado de todo para curarla, nada funciona y está comenzando a desesperar a todos.
-¿Me explicas de nuevo?
-Está así desde que tenía 17 años, nadie sabe realmente cómo es que pasó, sus padres la encontraron desmayada en el piso cuando regresaron de un viaje al supermercado, como si algo la hubiera golpeado de repente. Despertó y todo parecía estar bien, hasta que pasaron los años y ella seguía pensando que aún tenía 17 años. Cuando se ve al espejo, aún sigue viéndose de esa edad.
-¿Cómo es posible? -El Doctor M. se encogió de hombros.
-Hemos tratado un montón de medicinas, ¿ves sus moretones en las sienes?
-Mañana es su cumpleaños.
-64 años.
-¿Cómo puede no darse cuenta?
-Su mente...es poderosa.
-¿Y qué hay acerca del nombre que no deja de repetir?, ¿Pete?
-Un novio, creemos que él es la razón por la que se desencadenó todo, los archivos dicen que el día en que todo ocurrió lo estaba esperando, pero claro, son solo sospechas, nunca pudimos hablar con sus padres, solo leímos los archivos, así que solo tenemos hipótesis.
-¿Nunca la visitó?
-Si sigue con vida es porque aún espera que un día venga.
Cuando tenía 15 años tuve un sueño, en él, yo conocía a un chico y nos casábamos en cuanto yo cumplía 17. Ahora tengo 17 años y 3 meses, mi novio se llama Pete y espero pacientemente a que me proponga matrimonio, ya se está tardando un poco, pero está bien.
Cuando tenía 15 años acompañé a mi madre a que le leyeran el tarot, y al mirarme, la gitana me hizo salir del lugar y cuando mi madre salió a mi encuentro tenía lágrimas en los ojos y nunca me explicó por qué.
Creo que tiene miedo de que me case con Pete, dice que soy muy joven y por eso no me deja verlo, me encierran en la casa casi a diario, vigilan constantemente, pero él encuentra maneras de venir de todas formas, creo que un día robará el anillo de su abuela del que tanto habla, yo le creo. Le cuento la historia de mi sueño casi todos los días, él se ríe, mientras me besa tímidamente y me dice que un día nos vamos a escapar.
Hoy es el día, hoy mis papás se fueron a hacer compras y tengo que apurarme, tengo una pequeña maleta escondida abajo de la cama y voy a llenarla con ropa y cosas esenciales.
Miro por la ventana, Pete debe llegar en cualquier momento. En la radio dicen que una guerra acaba de estallar, o algo así, casi no la escucho porque no puedo dejar de mirar por la ventana.
Pete llegará en cualquier momento.
-La mente es poderosa -le explica la gitana. –Su hija tuvo un sueño un día y está convencida de que debe hacerse realidad; quiere casarse con su novio, ¿verdad? -Ella asiente lentamente. -No hay nada que pueda hacer, su destino está marcado.
-¿Qué quiere decir con eso?
-El novio de su hija, está en el ejército, ¿verdad? -De nuevo vuelve a asentir. La gitana cierra los ojos, ella ya no le cree demasiado pero al mismo tiempo está asustada por lo que pueda decir: -Un día no volverá y su hija no será la misma entonces, su amor quedará congelado y de esa manera también el tiempo.
-¿Qué quiere decir con eso?
-¿Ha visto a usted a la gente a la que encierran en torres altas?, ¿esa que camina por la calle hablando sola? –Ella siente, y una lágrima se le escapa lentamente al comprender lo que está diciendo.
-¿Cómo se puede curar? -La gitana se río alto, fuerte, y luego tomó un trago de lo que parecía ser un licor barato.
-Es una lástima, ¿no cree?, que alguien sea capaz de convertir sus sueños en realidad y para los demás haya que arreglarlo.
-¿Quieres venir querida? -me dice la chica de blanco, mientras me conduce a una de las salas donde a veces ponen películas y fotos mientras los doctores me observan desde el otro lado de la habitación, ellos creen que no me doy cuenta, pero a mí me divierte reír cuando se supone que debo llorar y viceversa.
-¿Qué pasa? -le digo al darme cuenta de que ahora no hay nadie para observarme, ni tampoco parece que vayan a poner una película.
-Vamos -me dice tranquilamente, mientras me indica que me siente en una silla reclinable. Me pone una especie de cinturón en la cabeza, en las manos, en la cintura, en los pies. No me asusto, cosas raras pasan en este lugar todos los días. Probablemente ahora quieran darme alguna otra medicina. -Querida, hoy es el día.
Me emociono tanto que ahogo un grito y las lágrimas me inundan las mejillas, ella me las seca casi al instante.
-¿Pete viene?
Ella asiente. Yo le quiero decir que por favor me deje ir a la habitación, tengo una carta preparada desde hace mucho, porque a fin de cuentas yo sabía que él regresaría por mí, lo he estado esperando y se siente como una eternidad, pero ya no importa, porque hoy es el día: tengo un anillo que encontré un día y sin decirle a nadie lo guardé, en caso de que él no tuviera uno para darme, tengo un vestido blanco, quiero casarme con él en el momento en que cruce la puerta, no hay más tiempo que perder porque finalmente mi sueño se hará realidad. Tengo 17 años, el mundo es grande y mi amor ya viene por mí para llevarme a conocerlo.
Veo que la chica de blanco también llora, seguramente está feliz por mí, así que intento mover la mano para secarle las lágrimas pero no puedo, una especie de hormigueo me empieza a inundar todo el cuerpo, cierro los ojos porque ya no puedo luchar contra la sensación de pesadez. "Todo está bien", me digo, "Pete ya llegó", luego, todo es oscuridad.
"Piensa demasiado en el pasado" los escucho decir mientras miro por la ventana, "su mente se quedó atrapada en algún momento y ahora no puede avanzar".
Me levanto y voy hasta el espejo, veo que empiezo a tener arrugas bajo los ojos así que me pongo una crema que guardo con mucho cuidado en el buró, no quiero que Pete regrese y se decepcione con mi aspecto.
-¿De quién están hablando? -le preguntó a la chica de blanco mientras camino a la cocina. Ella me sonríe, recuerdo cómo al principio me desesperaba al no obtener respuestas, pero ya me acostumbré, así que acelero el paso y me siento junto a mi amiga Maureen.
-¿Por qué tomas café?, ya te dije que te hace daño -le paso la mano por la cara -tengo una crema buenísima que te va a ayudar con las arrugas, mírame a mí, tan joven y ya tengo algunas, pero no me preocupo porque sé que eso no ayuda.
También me sonríe y luego va con la chica de blanco "está peor", le oigo comentar, y yo no logro descifrar de quién están hablando. "oí a los doctores decir que es muy probable que la vayan a dormir esta semana, ¿es verdad?", abro los ojos aún más, ¿será que van a dormir a alguna amiga?, ¿quién es?, quiero escuchar y por eso hago como que voy al baño. "Muy probablemente será hoy", responde la chica de blanco, y un escalofrío me recorre de pies a cabeza. Pobrecita, esa persona debe estar muy enferma como para que la duerman, casi como a un animal.
-¿Estás seguro? -le dice el Doctor M.
-Creo que es lo mejor, su delirio ha estado presente por demasiados años, hemos intentado de todo para curarla, nada funciona y está comenzando a desesperar a todos.
-¿Me explicas de nuevo?
-Está así desde que tenía 17 años, nadie sabe realmente cómo es que pasó, sus padres la encontraron desmayada en el piso cuando regresaron de un viaje al supermercado, como si algo la hubiera golpeado de repente. Despertó y todo parecía estar bien, hasta que pasaron los años y ella seguía pensando que aún tenía 17 años. Cuando se ve al espejo, aún sigue viéndose de esa edad.
-¿Cómo es posible? -El Doctor M. se encogió de hombros.
-Hemos tratado un montón de medicinas, ¿ves sus moretones en las sienes?
-Mañana es su cumpleaños.
-64 años.
-¿Cómo puede no darse cuenta?
-Su mente...es poderosa.
-¿Y qué hay acerca del nombre que no deja de repetir?, ¿Pete?
-Un novio, creemos que él es la razón por la que se desencadenó todo, los archivos dicen que el día en que todo ocurrió lo estaba esperando, pero claro, son solo sospechas, nunca pudimos hablar con sus padres, solo leímos los archivos, así que solo tenemos hipótesis.
-¿Nunca la visitó?
-Si sigue con vida es porque aún espera que un día venga.
Cuando tenía 15 años tuve un sueño, en él, yo conocía a un chico y nos casábamos en cuanto yo cumplía 17. Ahora tengo 17 años y 3 meses, mi novio se llama Pete y espero pacientemente a que me proponga matrimonio, ya se está tardando un poco, pero está bien.
Cuando tenía 15 años acompañé a mi madre a que le leyeran el tarot, y al mirarme, la gitana me hizo salir del lugar y cuando mi madre salió a mi encuentro tenía lágrimas en los ojos y nunca me explicó por qué.
Creo que tiene miedo de que me case con Pete, dice que soy muy joven y por eso no me deja verlo, me encierran en la casa casi a diario, vigilan constantemente, pero él encuentra maneras de venir de todas formas, creo que un día robará el anillo de su abuela del que tanto habla, yo le creo. Le cuento la historia de mi sueño casi todos los días, él se ríe, mientras me besa tímidamente y me dice que un día nos vamos a escapar.
Hoy es el día, hoy mis papás se fueron a hacer compras y tengo que apurarme, tengo una pequeña maleta escondida abajo de la cama y voy a llenarla con ropa y cosas esenciales.
Miro por la ventana, Pete debe llegar en cualquier momento. En la radio dicen que una guerra acaba de estallar, o algo así, casi no la escucho porque no puedo dejar de mirar por la ventana.
Pete llegará en cualquier momento.
-La mente es poderosa -le explica la gitana. –Su hija tuvo un sueño un día y está convencida de que debe hacerse realidad; quiere casarse con su novio, ¿verdad? -Ella asiente lentamente. -No hay nada que pueda hacer, su destino está marcado.
-¿Qué quiere decir con eso?
-El novio de su hija, está en el ejército, ¿verdad? -De nuevo vuelve a asentir. La gitana cierra los ojos, ella ya no le cree demasiado pero al mismo tiempo está asustada por lo que pueda decir: -Un día no volverá y su hija no será la misma entonces, su amor quedará congelado y de esa manera también el tiempo.
-¿Qué quiere decir con eso?
-¿Ha visto a usted a la gente a la que encierran en torres altas?, ¿esa que camina por la calle hablando sola? –Ella siente, y una lágrima se le escapa lentamente al comprender lo que está diciendo.
-¿Cómo se puede curar? -La gitana se río alto, fuerte, y luego tomó un trago de lo que parecía ser un licor barato.
-Es una lástima, ¿no cree?, que alguien sea capaz de convertir sus sueños en realidad y para los demás haya que arreglarlo.
-¿Quieres venir querida? -me dice la chica de blanco, mientras me conduce a una de las salas donde a veces ponen películas y fotos mientras los doctores me observan desde el otro lado de la habitación, ellos creen que no me doy cuenta, pero a mí me divierte reír cuando se supone que debo llorar y viceversa.
-¿Qué pasa? -le digo al darme cuenta de que ahora no hay nadie para observarme, ni tampoco parece que vayan a poner una película.
-Vamos -me dice tranquilamente, mientras me indica que me siente en una silla reclinable. Me pone una especie de cinturón en la cabeza, en las manos, en la cintura, en los pies. No me asusto, cosas raras pasan en este lugar todos los días. Probablemente ahora quieran darme alguna otra medicina. -Querida, hoy es el día.
Me emociono tanto que ahogo un grito y las lágrimas me inundan las mejillas, ella me las seca casi al instante.
-¿Pete viene?
Ella asiente. Yo le quiero decir que por favor me deje ir a la habitación, tengo una carta preparada desde hace mucho, porque a fin de cuentas yo sabía que él regresaría por mí, lo he estado esperando y se siente como una eternidad, pero ya no importa, porque hoy es el día: tengo un anillo que encontré un día y sin decirle a nadie lo guardé, en caso de que él no tuviera uno para darme, tengo un vestido blanco, quiero casarme con él en el momento en que cruce la puerta, no hay más tiempo que perder porque finalmente mi sueño se hará realidad. Tengo 17 años, el mundo es grande y mi amor ya viene por mí para llevarme a conocerlo.
Veo que la chica de blanco también llora, seguramente está feliz por mí, así que intento mover la mano para secarle las lágrimas pero no puedo, una especie de hormigueo me empieza a inundar todo el cuerpo, cierro los ojos porque ya no puedo luchar contra la sensación de pesadez. "Todo está bien", me digo, "Pete ya llegó", luego, todo es oscuridad.
domingo, 19 de agosto de 2018
Solo a veces...
Eder Barajas.
Aunque no la quería
ni ella a mí,
en mis ratos de soledad,
a veces, le extraño,
en mis noches de insomnio
le sueño algunas veces,
le recuerdo con la misma canción
y río con la película que veíamos juntos,
pero sólo lo hago a veces.
No aparezco en sus fotos de graduación,
no comimos pastel en sus cumpleaños,
nadie nos vio caminando por la calle
ni nos escuchó reír en la banca del parque,
no conserva ninguno de mis regalos navideños,
ni esconde en su cajón ningún presente,
y aunque no guarda ningún recuerdo,
en su soledad sonríe sin razón, sólo a veces.
A veces le escribo historias absurdas,
pero ya no pienso en ella
ni escribo su nombre,
sólo algunas veces;
aunque creo que ya no la recuerdo,
a veces pienso que sí la quise,
y otras tantas pienso que no,
que a veces es siempre
Aunque no la quería
ni ella a mí,
en mis ratos de soledad,
a veces, le extraño,
en mis noches de insomnio
le sueño algunas veces,
le recuerdo con la misma canción
y río con la película que veíamos juntos,
pero sólo lo hago a veces.
No aparezco en sus fotos de graduación,
no comimos pastel en sus cumpleaños,
nadie nos vio caminando por la calle
ni nos escuchó reír en la banca del parque,
no conserva ninguno de mis regalos navideños,
ni esconde en su cajón ningún presente,
y aunque no guarda ningún recuerdo,
en su soledad sonríe sin razón, sólo a veces.
A veces le escribo historias absurdas,
pero ya no pienso en ella
ni escribo su nombre,
sólo algunas veces;
aunque creo que ya no la recuerdo,
a veces pienso que sí la quise,
y otras tantas pienso que no,
que a veces es siempre
viernes, 17 de agosto de 2018
El mensaje.
Fabricio Espinoza
Por favor. Ayuda a este desgraciado. No puede
gritar, no mueve los brazos, ensangrentados de penas pasajeras y cobardía,
esconde su rostro debajo de disfraces sonrientes, ¡ayúdalo! antes de elegir su
partida.
Cada día para él es una amargura, un triste
intento de engaños… los peores engaños, sin esperanza, ni alegría, sonrisas más
falsas que las personas, un atardecer de lágrimas secas, decepciones tan
gigantescas, risas afiladas penetran su alma.
Cada intento de vivir. No sirve, si pudiera
decirlo con claridad. No, no puede aguantar, cada día él empeora. Esa voz se
mantenía dormida, pero ha despertado, ella lo dominará.
Ayúdalo, ¡pronto! arranca esa mascara, se
ahogara en sus lagrimas. Un fantasma oscuro habla por él, apoyándolo, ¡No!
Escondiéndolo. Lo oculta, le impide gritar “¡ayuda!”, emite gritos de bienestar
y arrogancia. Flores y regalos. Asqueroso fantasma deja de esconder al
miserable, solo quiere ayuda.
Ángeles de amistad ayúdenlo. El fantasma lo
asfixia con un contento antifaz que, cada vez forma parte del él, un cáncer
creciente. Un héroe atrapado en la penumbra del “gracias” y “a adiós”.
Aullidos de la bestia, dopada de placeres vanos
y fútiles, ¡ayuda frívolos! Exclama, ocultas palabras debajo de -¡estoy bien,
soy así!
No creas en sus palabras, mentiras sin piedad.
Busca atención. Su soledad lo llevará a su meta. Ayuda a esa mentira viviente,
de las alegrías oscuras.
El final se aproxima, sin salvavidas, ni
peluches. Falsas plegarias, sin responder. Adiós miserable. No fue placer, ni
un honor, ni agradecido por conocerte. Deja de sufrir. Hazlo y vete. Cumple por
primera vez en tu insignificante vida una promesa. Proyecto de vida claro y
preciso.
martes, 14 de agosto de 2018
Azul.
-J. Lykaios.
Azul
nació un lunes por la tarde. Un lunes soleado, en un día en el que nadie
esperaba nada; un día en el que todos se arrastraban entre corrientes de tedio,
agonizantes, ahogados por un calor que nublaba todo juicio y nos hacía desear
la aniquilación.
Ahí
nació Azul, fiel a su esencia rebelde desde su primer momento, siendo arrojado
al mundo en un día en el que pareciera que la furia de un Dios inexistente se
volcase sobre nosotros, criaturas ignorantes de su furia, ensimismados en la
piedra que sobre nuestra espalda cargábamos, cegados por no ver el sol desde
hace eones.
Fue
ese día, fatídico por su belleza, en el que Azul conoció la luz y opaco al
ardiente astro rey. Azul, tan bello y radiante, indiferente a los calores que
consumían al resto de mortales, era un azul lleno de vida que se confundía con
el azul más puro del océano profundo.
Aquel
que miraba a Azul, caía rendido ante su indescriptible pureza, a su elevada
condición, más allá de este tiempo en el que se vive de poses y falsos momentos
aprisionados en altares que no les corresponden. Azul era rebeldía en su estado
más puro, con esa sonrisa que cegaba a los pocos que aún se atrevían a levantar
la mirada, volviéndose locos de alegría, embriagados al no soportar algo que
hacía años habían perdido la capacidad de digerir.
Era
lunes, un lunes ardiente, el aire llegaba hasta el rostro como ondas ígneas que
incineraban la piel; aire lleno de furia que buscaba con ansias el
aniquilamiento, destrucción, porque el mundo se había convertido en un campo de
lucha, con arenas rojas por la sangre de los caídos. Aquellos que no eran
capaces de seguir, moribundos, se tambaleaban agonizantes, víctimas de su
propia debilidad hasta que caían rendidos y sobrepasados por aquellos que se
esforzaban en perpetuar el error que durante siglos se ha estado cocinando en
nuestras calderas.
Azul
permanecía indiferente ante esto. La diferencia entre azul y el resto era que
azul se sabía finito, sabía que su finalidad única y real era el
aniquilamiento, se reconocía atemporal, y aunque estaba encaminado a cumbres
más elevadas ¿Qué importaban los muertos que el camino había dejado tras de sí?
¿A caso hubiese sido mejor que las cosas fueran de otro modo? ¿Alguien
recordaría en el futuro lo que Azul había venido a representar en este mundo?
Nada de esto importaba y Azul no reparaba en preocupaciones inútiles que
únicamente le robarían el cielo despejado de sus ojos. Azul sabía que no
viviría más allá de hoy y extendía sus brazos y abría bien los pulmones para
dejar que el aire entrara de lleno en él. Porque para Azul no importaba nada más
que el aire que respiraba, el sol que le bañaba y la certeza de saberse propio
de sí mismo.
Azul
como contradicción de lo que el mundo al que fue arrojado le gritaba en la
cara.
Azul
como elevación, como acontecimiento inmaculado.
Azul
como infinito que decidió terminar.
Azul
como proyecto que no quiso iniciar.
Azul
como el verbo que nunca fue pronunciado, como la carta que jamás tuvo
destinatario.
Azul
como un beso dado al aire, que nunca encuentra receptor en la basta frialdad
del universo indiferente.
Azul
como el recuerdo de un sentimiento ahogado; que murió en la oscura soledad de
un pecho del que nunca salió.
Azul
como posible todo.
Azul
como nada.
viernes, 10 de agosto de 2018
Anestesia.
Calixto Gama.
Una buena impresión de mi mismo,
eso quería tener.
Pasa otro día en que no escucho mi voz salir de mi boca ...o cualquier otra.
Una píldora más, dicen:
"Con ésto vas a mejorar"
No siento bien mis piernas, mis brazos, no me siento dueño de nada en mi cuerpo ya.
Los días comienzan a mezclarse en mis recuerdos, y las letras se desvanecen de mi esencia;
Un terrible negocio fue ofrecer horas, días, semanas y meses de sentirme muerto en vida a cambio de quebrantar aquella cárcel que al dolor me retenía.
Pero es ese mismo dolor; que ahora muy distante puedo observar, lo que me mantiene despierto... Aunque tan sólo sea para otra vez mis ojos cerrar.
¿Cuánto tiempo ha pasado ya, cuántas cosas he aniquilado y exorcizado de mi ser con la atemorizante facilidad de tomar cinco u ocho o diez cápsulas día tras día?
Las voces sin cuerpo se han ido de mi vida, pero también lo ha hecho todo el tiempo que duró aquella lucha.
Una buena impresión de mi mismo,
eso quería tener.
Pasa otro día en que no escucho mi voz salir de mi boca ...o cualquier otra.
Una píldora más, dicen:
"Con ésto vas a mejorar"
No siento bien mis piernas, mis brazos, no me siento dueño de nada en mi cuerpo ya.
Los días comienzan a mezclarse en mis recuerdos, y las letras se desvanecen de mi esencia;
Un terrible negocio fue ofrecer horas, días, semanas y meses de sentirme muerto en vida a cambio de quebrantar aquella cárcel que al dolor me retenía.
Pero es ese mismo dolor; que ahora muy distante puedo observar, lo que me mantiene despierto... Aunque tan sólo sea para otra vez mis ojos cerrar.
¿Cuánto tiempo ha pasado ya, cuántas cosas he aniquilado y exorcizado de mi ser con la atemorizante facilidad de tomar cinco u ocho o diez cápsulas día tras día?
Las voces sin cuerpo se han ido de mi vida, pero también lo ha hecho todo el tiempo que duró aquella lucha.
miércoles, 8 de agosto de 2018
Celiguarrybarrylarrycanto
J. Lykaios.
El vacío que dejaste sigue esperando… no se llena, no se ocupa, se mantiene y a veces incluso siento que crece.
Las tormentas azotaban mi cabeza, pensamientos confusos, turbulentas decisiones agitaban mi espíritu cada noche, pero bastaba una mirada tuya para serenarme, para darme cuenta que siempre había una oportunidad más allá de nuestros límites, que ante todo, siempre había un motivo una razón para aceptar los envites de la vida. Con tu existir lograste ejemplificar las enseñanzas de aquel desgraciado que se volvió loco abrazando un caballo en Turín que decía que siempre a partir de un profundo dolor y de una desgracia, se puede llegar a edificar algo tan profundamente hermoso y fuerte como lo es la amistad, el amor, la fidelidad a uno mismo… porque eso me mostrabas a cada segundo, una amistad pura, un sentimiento de pertenencia, sin embargo, el amor a ti mismo y a tú libertad eran evidentes, no había cosa que más amaras en este mundo.
Serenidad y temple de acero, fueron las máximas que contigo aprendí y por las que siempre te admire. Mientras que yo era impulsivo y temperamental, vivía luchando constantemente contra la corriente, pude ver en ti que a veces es mejor dejarse llevar por el río, que no a todas las voces se les debe prestar atención, pues cuando prestamos atención a personas que no valen la pena, que solo buscan dañarnos, no solo nos distraemos, sino que perdemos algo que es más valioso aún para la felicidad, algo invaluable, que se va y como le rio jamás retorna; tiempo.
Hay tiempo para reír, tiempo para llorar, tiempo para aprender, debemos aprovechar el tiempo y siempre sacarle el mejor de los provechos, perdonar y darnos una segunda oportunidad es una de las mejores maneras de aprovechar el tiempo y eso nadie lo sabía mejor que tú, nadie. Y es que el tiempo tiene una manera muy extraña de trabajar, sería estúpido llamarle “cruel” pues el tiempo trasciende el bien y el mal, el tiempo se sitúa en una posición tan elevada que jamás ningún hombre podría llegar siquiera aspirar a entender, es una fuerza de la naturaleza que actúa, en sí, actúa porque así debe ser. Su transcurrir fluye por el caudal de la justicia más pura, con la que comparte un lugar en el peldaño de las entidades más elevadas, pues no logramos entenderla desde nuestra decadente moral, desde nuestra egoísta y corta visión. Sin embargo, nosotros como humanos somos capaces de notar cuando el flujo del tiempo está a punto de cambiar, cuando está por acelerar su paso, cuando estamos por volvernos viejos, cuando se vuelve lento ¡Y lo sabemos bien! Cual si esta fuera uno de los últimos remanentes de una elevación a la que alguna vez, en tiempos remotos tuvimos acceso. Y yo me di cuenta, cuando tú te volviste viejo, cuando tú me habías enseñado ya todo lo que tenías para mí y sin embargo decidiste aguardar un poco más y observar de qué manera aplicaría todas tus enseñanzas ¿A caso no confiabas en que había aprendido bien? ¿O simplemente te preocupabas demasiado por mí?
El espíritu es de las pocas cosas que es capaz de viajar contra las leyes naturales del tiempo, como si este le hubiese concedido alguna extraña clase de concesión, pues cuanto más viejo se vuelve, más sabio se torna, más cerca de la inmortalidad y más próximo a ascender se ubica.
Pude ver que te ibas a ir, que el adiós cada día era más cercano ¡Cuantas noches no tuve pesadillas con ese mezquino momento! Cuando sostendría tu cabeza entre mis manos, y tu cuerpo inerte se enfriaría poco a poco, ese maldito momento en que no quedarían más que fotos viejas, recuerdos de momentos en que reíamos y nos sabíamos inseparables, ese áspero instante en que nuestra amistad trascendería y se iría contigo y en mí no quedaría más que un eterno cariño por ti.
Tu cuerpo comenzó a irse, y yo me negaba a aceptarlo, comenzaste a volver a ser ese pequeño al que jamás conocí y precisabas de todos mis cuidados, sentí que hacía lo correcto hasta aquella tarde en que nos encontramos solos y después de un profundo abrazo en que yo sabía que el momento había llegado te mire a los ojos, pese a todos mis errores, pese a todos mi estupidez humana, esa humanidad que tanto te había herido, aún reflejaban un último destello de cariño hacia mí.
Hasta el último de los momentos que compartimos juntos no deje de aprender lecciones de ti amigo, aprendí a saber reconocer la diferencia entre amor y egoísmo, que aunque categóricamente las personas suelan colocarles como dos valores opuestos y en extremos contrarios, suelen difuminarse y mezclarse, resultando en una de las mezclas más peligrosas para el espíritu humano. A veces por más amor que sientas por alguien, este debe marcharse, debes aprender a soltarle, abrazarlo fuerte a tu pecho y guardar ese instante para ti mismo, amar a alguien es aceptarlo en su entereza y eso incluye su libertad, esta última es la más difícil de amar, por el miedo a perderlo, miedo a perder esa calidez que suele reconfortarnos y protegernos del frío.
El tiempo siguió su interminable camino desde que te fuiste, las cosas cambiaron, no es necesario que lo diga, pues es seguro que tú ya lo sabes, sin embargo ¿Cuánto tiempo más seguiré extrañándote? Caminar por las calles ahora se ha vuelto solitario y frío, no hay a quien dirigir miradas de complicidad y nadie espera por mi como tu solías hacerlo. Por la noche, cuando cansado regreso a casa, la calle está muerta y no queda rastro de aquellos saltos que solías dar, los movimientos de tu cola, la manera en que te revolcabas en el piso y esa ternura de tus pequeñas orejas agitándose por el revuelo. ¿Cuánto tiempo continuaré extrañándote, viejo Celicanto? No lo sé, el tiempo tiene maneras muy extrañas de actuar.
El vacío que dejaste sigue esperando… no se llena, no se ocupa, se mantiene y a veces incluso siento que crece.
Las tormentas azotaban mi cabeza, pensamientos confusos, turbulentas decisiones agitaban mi espíritu cada noche, pero bastaba una mirada tuya para serenarme, para darme cuenta que siempre había una oportunidad más allá de nuestros límites, que ante todo, siempre había un motivo una razón para aceptar los envites de la vida. Con tu existir lograste ejemplificar las enseñanzas de aquel desgraciado que se volvió loco abrazando un caballo en Turín que decía que siempre a partir de un profundo dolor y de una desgracia, se puede llegar a edificar algo tan profundamente hermoso y fuerte como lo es la amistad, el amor, la fidelidad a uno mismo… porque eso me mostrabas a cada segundo, una amistad pura, un sentimiento de pertenencia, sin embargo, el amor a ti mismo y a tú libertad eran evidentes, no había cosa que más amaras en este mundo.
Serenidad y temple de acero, fueron las máximas que contigo aprendí y por las que siempre te admire. Mientras que yo era impulsivo y temperamental, vivía luchando constantemente contra la corriente, pude ver en ti que a veces es mejor dejarse llevar por el río, que no a todas las voces se les debe prestar atención, pues cuando prestamos atención a personas que no valen la pena, que solo buscan dañarnos, no solo nos distraemos, sino que perdemos algo que es más valioso aún para la felicidad, algo invaluable, que se va y como le rio jamás retorna; tiempo.
Hay tiempo para reír, tiempo para llorar, tiempo para aprender, debemos aprovechar el tiempo y siempre sacarle el mejor de los provechos, perdonar y darnos una segunda oportunidad es una de las mejores maneras de aprovechar el tiempo y eso nadie lo sabía mejor que tú, nadie. Y es que el tiempo tiene una manera muy extraña de trabajar, sería estúpido llamarle “cruel” pues el tiempo trasciende el bien y el mal, el tiempo se sitúa en una posición tan elevada que jamás ningún hombre podría llegar siquiera aspirar a entender, es una fuerza de la naturaleza que actúa, en sí, actúa porque así debe ser. Su transcurrir fluye por el caudal de la justicia más pura, con la que comparte un lugar en el peldaño de las entidades más elevadas, pues no logramos entenderla desde nuestra decadente moral, desde nuestra egoísta y corta visión. Sin embargo, nosotros como humanos somos capaces de notar cuando el flujo del tiempo está a punto de cambiar, cuando está por acelerar su paso, cuando estamos por volvernos viejos, cuando se vuelve lento ¡Y lo sabemos bien! Cual si esta fuera uno de los últimos remanentes de una elevación a la que alguna vez, en tiempos remotos tuvimos acceso. Y yo me di cuenta, cuando tú te volviste viejo, cuando tú me habías enseñado ya todo lo que tenías para mí y sin embargo decidiste aguardar un poco más y observar de qué manera aplicaría todas tus enseñanzas ¿A caso no confiabas en que había aprendido bien? ¿O simplemente te preocupabas demasiado por mí?
El espíritu es de las pocas cosas que es capaz de viajar contra las leyes naturales del tiempo, como si este le hubiese concedido alguna extraña clase de concesión, pues cuanto más viejo se vuelve, más sabio se torna, más cerca de la inmortalidad y más próximo a ascender se ubica.
Pude ver que te ibas a ir, que el adiós cada día era más cercano ¡Cuantas noches no tuve pesadillas con ese mezquino momento! Cuando sostendría tu cabeza entre mis manos, y tu cuerpo inerte se enfriaría poco a poco, ese maldito momento en que no quedarían más que fotos viejas, recuerdos de momentos en que reíamos y nos sabíamos inseparables, ese áspero instante en que nuestra amistad trascendería y se iría contigo y en mí no quedaría más que un eterno cariño por ti.
Tu cuerpo comenzó a irse, y yo me negaba a aceptarlo, comenzaste a volver a ser ese pequeño al que jamás conocí y precisabas de todos mis cuidados, sentí que hacía lo correcto hasta aquella tarde en que nos encontramos solos y después de un profundo abrazo en que yo sabía que el momento había llegado te mire a los ojos, pese a todos mis errores, pese a todos mi estupidez humana, esa humanidad que tanto te había herido, aún reflejaban un último destello de cariño hacia mí.
Hasta el último de los momentos que compartimos juntos no deje de aprender lecciones de ti amigo, aprendí a saber reconocer la diferencia entre amor y egoísmo, que aunque categóricamente las personas suelan colocarles como dos valores opuestos y en extremos contrarios, suelen difuminarse y mezclarse, resultando en una de las mezclas más peligrosas para el espíritu humano. A veces por más amor que sientas por alguien, este debe marcharse, debes aprender a soltarle, abrazarlo fuerte a tu pecho y guardar ese instante para ti mismo, amar a alguien es aceptarlo en su entereza y eso incluye su libertad, esta última es la más difícil de amar, por el miedo a perderlo, miedo a perder esa calidez que suele reconfortarnos y protegernos del frío.
El tiempo siguió su interminable camino desde que te fuiste, las cosas cambiaron, no es necesario que lo diga, pues es seguro que tú ya lo sabes, sin embargo ¿Cuánto tiempo más seguiré extrañándote? Caminar por las calles ahora se ha vuelto solitario y frío, no hay a quien dirigir miradas de complicidad y nadie espera por mi como tu solías hacerlo. Por la noche, cuando cansado regreso a casa, la calle está muerta y no queda rastro de aquellos saltos que solías dar, los movimientos de tu cola, la manera en que te revolcabas en el piso y esa ternura de tus pequeñas orejas agitándose por el revuelo. ¿Cuánto tiempo continuaré extrañándote, viejo Celicanto? No lo sé, el tiempo tiene maneras muy extrañas de actuar.
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