-J. Lykaios
Cuando enciendo
un cigarrillo, pienso en ti.
Pienso en tu
mirada soberbia cuando te reconoces hermosa y adquieres pleno poder sobre mí. En
cada bocanada de humo vienen a mí todos esos absurdos detalles que me hacen
suspirar, acomodados uno junto al otro, dentro de la cajetilla esperando a ser
fumados, son quienes logran que sienta esas ganas de entregarme a un impulso, a
una idea sin contemplar más que la sensación de mi ser al calor de las más
grandes pasiones, todas y cada una de las que soy capaz de sentir. Aparece el
irrefrenable deseo de abandonarme en el azar y salir corriendo a tu encuentro
aunque esto signifique la disolución total de mi alma en una bocanada de humo.
Conforme el
cigarrillo se consume, comienza mi travesía por las distintas corrientes de
resignación, abro los ojos a una realidad que deja de lado idealismos absurdos
que no consiguen cosa diferente que debilitar la existencia al tratarla con
asquerosa delicadeza. Busco el aniquilamiento, consumirme en cada cigarrillo,
incinerado por mis propias pasiones al darme cuenta que la posibilidad de ser
objeto de tus sonrisas, el blanco de tus miradas, el motivo por el cual
perfumas tu cuello cada mañana al despertarte, es cada vez más cercana a
volverse nada. Con el juicio nublado por tanto humo, me voy a dormir esperando
ser asfixiado por tus recuerdos, librándome de la interminable angustia de
estar vivo, de continuar pensándote, de permanecer atado a este vicio.
Por la mañana, y
con mucho pesar, me visto, tomo mi abrigo y enfundando mis manos en mis
bolsillos camino un par de cuadras para encontrarme con el viejo parque, con
sus bancas de cemento frio, con sus árboles inamovibles, con su pasto
polvoriento, al menos aquí puedo refugiarme, mientras saco nuevamente un
cigarrillo para volver a comenzar esta misma mierda ¿Soy adicto al cigarrillo o
soy adicto a ti? ¿Fumo para recordarte o te recuerdo para fumar? No lo sé,
realmente eso no me importa, a fin de cuentas uno u otro me han de matar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario