sábado, 21 de julio de 2018

Letras muertas.

J. Lykaios.

Hoy escribo para callar, para traicionarme en nombre de un honor que aún no existe más allá de su propia potencia.
Hoy escribo para silenciárme, para hacer arder mis manos en esta primera y única explosión de deseo, de un ardiente deseo en su estado más puro, y que sea ésta explosión de tal magnitud que te alcance más allá de las distancias y los tiempos, que te alcance por las mañanas cuando abras los ojos y mi nombre sea el primer pensamiento que crucé por tu mente, cual si fuese un sueño que se niega a morir y salta a la realidad.
Hoy escribo porque no sé si mañana lo haré, así como tampoco sé si tu leerás estas palabras, o si al leerlas sabrás que son para ti.
Hoy escribo porque cada palabra escrita es como una piedra en la sepultura con forma de papel en la que este deseo quedará atrapado y abandonado, dejado atrás para que muera de hambre al no poder volver a pastar en aquellas planicies doradas por el implacable sol, pero llenas de vida sobre las que el viento se alegraba al pasar y sentir su roce.
Hoy escribo sabiendo que estas letras están destinadas a morir, que son semillas arrojadas a su perdición, despojadas del mal de la esperanza; son letras absurdas porque nacieron para la muerte y porque nacieron para morir, pues fueron arrojados lejos de los cristalinos manantiales que se encargarían de darles vida, de hacerlas prosperar y llegar a convertirse en un sin fin de historias distintas, pero todas y cada una de ellas, convergiendo alrededor tuyo.
Hoy escribo letras valientes, que conocen su destino y lo aceptan con orgullo. Letras que saben que cuando la pluma marque el punto final, solo será cuestión de tiempo para que sean devoradas por lo cotidiano.
Hoy escribo letras asesinas, que buscan aniquilar aquello que aún no ha nacido; letras que extirparon el mal antes de que crezca y se desarrolle, para luego convertirse en vestigios de un nombre olvidado, de un rostro jamás visto y de unos labios jamás besados. Letras que en un futuro nadie recordará como llegaron ahí, pero que ahí estarán a partir de hoy y quien sabe hasta cuando; quietas, frías, indiferentes ante todo lo que no sea su destino original, su propia concepción.
Hoy escribo silencio, hoy escribí letras muertas.

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