miércoles, 23 de enero de 2019

Las mariposas

Abrió los ojos pensando “otro día más”, miró hacia un lado para comprobar que su esposo no estaba en la cama, y afortunadamente, él ya se había ido, como de costumbre ni siquiera se había despedido, pero le había dejado una nota en el buró, un hábito que había adquirido cuando apenas empezaban a vivir juntos, y 2 años después, lo seguía haciendo. “Te amo”, decía la nota. Ella sonrió y le dijo a su corazón “¿y bien?”, pero él no respondió de vuelta.
Recodaba con anhelo la época en la que podía mantener diálogos con su pequeño corazón, él le daba consejos, y ella trataba de seguirlos la mayoría del tiempo, pero desde aquella situación, él no le había vuelto a hablar.
Salió de la cama, y preparó el desayuno y la comida al mismo tiempo. Era uno de esos días grises y sin vida, aquellos en los que solía perder el control. Sintió un poco de pánico, así que hizo aquello que siempre la tranquilizaba: ordenar todo cuanto estuviera a su alcance. Su esposo a veces parecía preocuparse demasiado por su obsesión con la limpieza, pero ya estaba acostumbrado a llegar a casa y encontrársela barriendo, desempolvando, acomodando cosas que ni siquiera necesitaban ser movidas. Él siempre le decía que aquello no era necesario, pero ella nunca respondía. A veces se preguntaba en secreto si él notaría que solo hacía aquello en los días nublados y grises, pero se tranquilizaba diciéndose que él estaba muy ocupado.
Descubrió, mientras limpiaba la alacena, que hacía falta comprar algunas cosas, y sintió que el corazón se le desbordaba del pecho. Era necesario salir a la calle, y eso a ella no le gustaba en absoluto, su corazón en cambio, se emocionaba tanto que daba brincos, pero claro que ella no lo complacería.
-Lo siento, sabes que no puedo llevarte –le dijo.
Y él no respondió, se quedó en silencio, como siempre lo hacía, ya se sabía el discurso de memoria.
-Si te llevo conmigo corremos mucho riesgo –continúo ella –imagina que nos topemos con “ya sabes quién”.
Y en efecto, su corazón imaginó que veían al hombre que ella amaba de verdad y se inquietó tanto que ella tuvo que sentarse.
-Basta ya –dijo finalmente –tengo que guardarte.
Y acto seguido, fue hasta el ático, donde guardaba un montón de cosas que acumulaban polvo muy fácilmente, no le gustaba entrar ahí, pero tenía que hacerlo.
-Si hago esto, es por nuestro bien –se dijo más a sí misma que a su corazón, y abrió un gran baúl que se encontraba en una esquina, adentro, estaba una jaula que contenía un montón de mariposas, todas vivas –hola –las saludó - dejaré a mi corazón aquí, porque tengo que salir, ya saben.

Mientras caminaba por la calle, se preguntó si la vida que había tenido antes de casarse fue cierta. Le parecía una gran mentira, un sueño, una alucinación que su mente había creado para no dejarla ser feliz. Pero mientras veía a la gente por la calle, no podía más que admitir que efectivamente: aquella era ahora su vida, y antes había sido feliz, increíblemente feliz.
Recordó como lo conoció, en un baile, él estaba allí, rodeado de amigos y la veía constantemente, hasta que se animó a ir hasta ella y hablarle, “eres increíblemente bonita” fueron sus primeras palabras y ella sonrió, solo eso les bastó para enamorarse. Luego, siguió un verano llenó de magia y amor, recordaba aquel primer beso en la playa, mientras estaban recostados y él se acercó lo suficiente como para que sus alientos se hicieran uno. Ahora, no podía hacer nada más que maldecirlo, “ojalá nunca lo hubiera besado”, se decía constantemente, "si no lo hubiera besado nada de esto estaría pasando, yo podría ser feliz".
Pero el verano acabó y con él la realidad los golpeó de repente, ya no podían verse como antes, y a pesar de que lucharon por su amor, las circunstancias terminaron por separarlos, en el fondo, ella siempre creyó que debió haber luchado un poco más. Supo de repente que él estaba comprometido. Su corazón no dejaba de gritarle entonces, sus lamentos la aturdían y no la dejaban descansar, “calla por favor”, le suplicaba ella, pero él no escuchaba. “¡Haz algo!, tú lo amas y él te ama a ti”, le decía. Pero cansada y triste, se iba a la cama con ganas de morir.
Hasta que un día apareció en su vida su actual esposo, él, tan lleno de bondad y con tanto amor por ofrecer, no dejó de insistir hasta que finalmente, salieron, y cuando menos lo pensó, dijo que sí y se casaron. Sintió entonces como su corazón se apagaba por completo, a veces, justo antes de dormir, aún le recordaba lo que era en verdad el amor: “a él no lo quieres, acéptalo, vas a ser muy infeliz si sigues con él”, pero al ver cómo era ignorado, nunca más volvió a hablarle.

Cuando llegó el momento de mudarse, se dio cuenta de la poca cantidad de pertenencias que tenía, una que otra prenda de ropa y zapatos, hizo su maleta y se instaló en casa de su esposo.
Un día gris y nublado, mientras preparaba la cena y su esposo trabajaba, llegó sin anunciarse aquel que era dueño verdadero de su amor. Sintió entonces como un mar de mariposas le salían por todos lados, no se explicó aquello, pero salió disparada al ático donde abrió el baúl más grande que encontró y las encerró ahí, dentro de una jaula, luego, sintió como su corazón despertaba de repente y le decía “¡es tu oportunidad!”, pero ella no hizo nada, no podía moverse, no se explicaba para que iba a su casa aquel hombre, así que solo pudo sentarse a llorar, mientras su corazón luchaba por hacerse oír.

Nunca más volvió a verlo, evitaba a toda costa salir a la calle, evitaba ir a fiestas, no quería verlo ni imaginárselo. Temía que de nuevo las mariposas salieran, y la delataran. Pero ahí estaba, en medio de la calle, y ni un rastro de él, como siempre. Quizá se había mudado, quién sabe, era demasiado cobarde como para preguntar por él a la gente. Miró a todos lados, y al parecer estaba despejado, ni una persona caminando por la calle. Cerró los ojos y se imaginó que él estaba ahí, quería volver a vivir aquel amor tan intenso que nunca más sentiría. Unas lágrimas pequeñitas se asomaron por sus ojos, lanzó un beso al aire y dijo “en donde quiera que estés, que el viento te haga saber que mi amor será por siempre tuyo.”

Volvió a casa, aún era temprano, tendría tiempo para hacer la cena, y ver algún programa de televisión. Su esposo tardaría unas horas en llegar. El día seguía nublado y gris, ella subió al ático, abrió el baúl y vio a su corazón, triste y desolado.
-No lo he visto –le dijo, pero él ni se inmutó.
Se sentó en un sofá que conservaba y que parecía una reliquia de museo, tenía también un estéreo que utilizaba de vez en cuando, cuando limpiaba aquella parte de la casa. Lo prendió y una canción estaba sonando en la radio, suspiró y puso a su corazón de vuelta.
-Lo siento –dijo. Y entonces, una canción en particular comenzó a sonar, una que conocía a la perfección y que también evitaba escuchar a toda costa.  Su corazón saltó de alegría y ella se paró automáticamente, cantando con emoción, recordaba cómo había sido conocer al amor de su vida en aquel baile, recordó cómo se acercó a ella al ritmo de esa canción.
Corrió entonces al baúl y les dijo a las mariposas:
-Salgan, ¡salgan!, sean libres, ayúdenme a recordar cómo se siente el verdadero amor – y entonces el ático se llenó de mariposas danzantes.
Y cuando terminó la canción, escuchó como la cerradura de la puerta se abría lentamente. Desesperadamente, metió de nuevo a las mariposas al baúl, y gritó a su esposo:

-Estoy en el ático, ¡ya voy!


Por @janethplazola

Lágrimas

De las lágrimas emanan
los sueños y los recuerdos,
lo que fue y lo imaginado,
el pasado, presente y futuro,
lo que sentiste y pensaste,
lo que realmente pudo ser,
lo que fuiste, lo eras y lo serás
de diferente forma.
Viviste, sí, en tus lágrimas se ve,
de tu rostro los pinceles mueren,
y el artista tiembla y se desmaya.
Más allá de la vida y
antes de su concepción
afloraron tus lágrimas, sí, tus lágrimas.
Lo aprendido y lo ignorado toman cuerpo
y sabor y color y caen
en las mejillas y terminan
sí, terminan, y continúan
sí, continúan, lejos mantuviste
tu cordura y cerca la trituras.
Secas las lágrimas y otras nacen,
las exterminas y las cierras
con sonrisas y chistes
pero tu alma, sí, eso intangible,
eso, sí, eso que llora por dentro,
lágrimas internas, donde solo
con la mente en alto puedes secarlas,
sin pañuelos ni trapos,
solo voluntad y claro, tú, solo tú.

Fabricio Espinoza

martes, 22 de enero de 2019

La primavera que nunca llega.


J. Lykaios.
“La primavera que nunca llega, aquella que se asoma al alba con rojos vivos que contrastan con este frío que se arrastra en las últimas horas de la noche, al asecho de mis sueños para colarse en mis recuerdos y volverlos vulnerables. Por un lado el frío que cala hasta lo más íntimo de las entrañas; lo puedes sentir moviéndose dentro de tus intestinos, danzando en el estómago, causando esa sensación de vacío insaciable que se apodera del sueño nocturno y nos clava su puñal de nostalgia en la espalda. Por  otro lado, allá en las alturas, venida de reinos platónicos, viene bajando la primavera. Pero no es la que todos conocen, esta es diferente; se trata de la ya mencionada primavera que nunca llega. Tiñe los cielos de rojo, arde en su propia vida porque al cielo de esta primavera le urge nacer.
Se anuncia, pomposa y obstinada, la primavera que nunca llega, aquella que vivió tan rápido que murió antes de nacer, llevándose a la sepultura a las aves que en su espera cantaban, pues las dejo morir de frío.
¿Alguna vez sentiste que algo más valioso que el aire le falta a tu pecho? Este agujero que se traga nuestros sueños, se roba los colores y nos llena de hastío, esta misma sensación de cabalgar sobre el lomo de quimeras imposibles a través de grandes planicies de monotonía y frustración, con la única seguridad de un destino incierto. Eso es la primavera que nunca llega.
Pone sus frutas frente a nosotros y las ofrenda entre risas y miradas indiscretas; manzanas tan rojas que parecen recipientes llenados con la luz del amanecer, impregnadas de la vitalidad la pasión en las que el cielo se consume. Pero dentro de estas manzanas no hay nada; jamás ha resonado en ellas una carcajada que alcance la inmortalidad en los recuerdos de quien la escuche. Pero solo hablar de risas sería volvernos escrupulosos y quedar como cobardes que apartan la mirada y fingen demencia. En esta manzana nunca ha existido algo autentico, ni un llanto, ni una decepción, nada. Y como es de esperarse su sabor es amargo, pero las comemos porque tenemos hambre y añoramos sentir que ese hueco, en el que nuestra alma se consume noche tras noche, destruye algo que no forma parte de nosotros; pretendemos engañarlo, pero el estafador termina siendo estafado.
Primavera que nunca llega, la que nace del despojo, de la mutilación, es la flor que crece sobre la sepultura de una idea o una fuerte pasión. Es el rechazo que se siente cuando se apuesta a lo imposible  y se resulta ganador. Porque con la imposibilidad muere la inocencia.
La primavera que nunca llega se instala en tus entrañas, lista para morir con la llegada de la imposibilidad recién devorada. Ambas son digeridas y se manifiestan con la náusea que las ha de vomitar directo a las filas postulantes de lo inmortal”.
-Fue esto lo que le escuche decir a un hombre en el autobús, mientras conversaba con otro que parecía no prestarle la menor atención. ¿Qué fue lo que me hizo prestarle tanta atención a sus palabras? No lo sé, supongo que no tuve nada mejor que hacer. Aunque, ahora que lo pienso, me hubiese gustado tomar parte en la conversación y preguntarle a ese hombre ¿Cómo sabré cuando por fin haya llegado la primavera?

martes, 15 de enero de 2019

Por las ramas


Por las ramas
Por las ramas es fácil irse,
para no pensar tanto y librarse de hundirse,
fuera de compromiso,
sentirse libre,
liberar el lastre,
empezar con lo que sigue.

Por las ramas se vive,
se trepa, se huye,
se dimite,
se exime,
aunque sea fácil,
hay que procurar no mentirse.

Por las ramas, aunque los
aunques no importen,
la luna nos exhiba,
un cometa nos persiga,
la justicia lo dicte.
Por las ramas, aunque
el mundo se desquicie.

Porque los grandes también han estado en ese pupitre,
porque no importa qué tanto pueden aburrirse,
porque hasta Benedetti se va por las ramas cuando se siente triste,
porque lo importante es volver al suelo de donde viniste.

Irse por las ramas,
tomar vacaciones,
evitar el peligro antes de morirse,
delegar responsabilidades e
ignorar la culpa,
treparse en un escenario,
actuar como un buen humano,
fingir,
en realidad, ser honesto con el público sin desvestirse,
sentirse desnudo sin mentirles.

Por las ramas, aunque los
aunques no importen,
la luna nos exhiba,
un cometa nos persiga,
la justicia lo dicte.
Por las ramas, aunque
el mundo se desquicie.

Porque irse por las ramas es demostrar que la cobardía vive,
porque existe la verdad y no hay porqué mentirse.
Porque eres humanidad, demuestra tu estirpe.

-Ulises García

sábado, 12 de enero de 2019

Sinfonía.

-Andrea Plazola.


Una canción en tus labios, puedo leerla con cada sonrisa que dejas escapar, cuando te miro y se escapa el sonido que hacen tus ojos cada vez que se entrecierran sospechando de mí. 



Existe la melodía más linda tatuada en la curva de tu espalda, la escucho recostando poco a poco para recorrerla con mis labios como quien busca la palabra correcta en el diccionario.  



De tu pecho se escapa un tintineo, es suave, delicado y no cesa. 



Me detengo callada, analizado la composición que tiene tu cuerpo, el eco los momentos de silencio, la armonía, el ritmo y aquellos acordes que necesitan afinar. 



Me creo artista ante el gran concierto que desprendes quiero dirigir y crear, pero tan solo respiro y recuerdo que solo soy espectador, el más sincero público.



Escucho la melodía de tu cuerpo, sin decir una palabra me miras y analizas, preguntándote la razón de mi silencio. 



Sonrió porque eres música y aún no te has dado cuenta.

El origen de la vida.

-Manuel Espinoza.



En los amaneceres del universo, antes de todo. Las estrellas eran los cuerpos astrales dominantes, regían cada sistema planetario. Los planetas fueron creados por las estrellas y por esta razón, los planetas debían rendirle tributo a sus estrellas. Debían girar alrededor de estas por la eternidad.

La estrella llamada “Sol”, era la más poderosa de todas, pues fue la primera en ser creada por el “Gran Arquitecto Creador de Todo”. El sol dominaba sus planetas con firmeza, pero le preocupaba un planeta en particular llamado “Tierra”. 

Tierra era un planeta rebelde e insolente, pues no aceptaba del todo que el Sol dominará los planetas. La Tierra quería brillar como el Sol, de tan solo imaginarlo, ella, se emocionaba pues pensaba que el brillo de las estrellas era lo que hacía hermoso al universo. A Tierra no le gustaba la idea de que solo las estrellas pudieran brillar, ella supo de un planeta lejano que logró salir de la órbita de su estrella, lo que ocasionó que este planeta brillara libremente por el universo. 

Tierra sabía que si quería brillar necesitaba salir de la órbita del Sol, lo cual solo se podía hacer si el Sol lo permitía. Un día la Tierra empezó a planear una manera de salirse de su órbita sin que el Sol se diera cuenta

Tierra sabía que intentar abandonar el sistema solar era muy peligroso, pues cuando el sistema solar aún era joven, un planeta llamado Xeolo trato de saltar fuera de la órbita del Sol, justo cuando estaba apunto de saltar, Sol, se dio cuenta y castigo de la peor manera posible a Xeolo. 

Destruyó a Xeolo sin pensarlo, haciendo de ese inmenso planeta, un montón de escombros y piedras que girarían para siempre alrededor del Sol, a manera de recordatorio para los demás planetas de lo que les puede pasar si deciden retar la autoridad de la estrella. El Sol, al descubrir lo que la Tierra estaba planeando, decidió ponerle un guardia que la vigilaría por la eternidad, a este guardia le llamó Luna y su propósito era el de impedir que la Tierra saliera de su órbita.

Así pasaron miles de años y la Tierra, cada vez más desesperada por brillar, decidió idear un nuevo plan. El nuevo plan, consistía en esperar a que hubiera un eclipse solar, así mientras el Sol no podía ver, la Tierra trataría de escapar. Pasaron otros miles de años y la Tierra en ese periodo de tiempo, se comportó de muy buena manera con el Sol. 

Tierra disimulaba y decía que ya no quería brillar, que seguiría en la órbita del Sol por la eternidad sin disgustarse nunca más. El Sol le creyó y como manera de premiar el buen comportamiento de la Tierra, le otorgó el don de “La Vida”. Siendo así el único planeta del Universo con vida. A Tierra no le importó tener el don de la vida y su plan de escape durante el eclipse, seguía en pie. 

El día del eclipse finalmente llegó y la Tierra estaba preparada. Así que cuando la Luna bloqueó la mirada del Sol, la Tierra dio un gran salto y siguió moviéndose hasta llegar al borde de la órbita. Justo antes de dar el último salto hacia la libertad, Sol se dio cuenta de lo que la Tierra estaba haciendo, esto provocó un gran enojo en el. 

Esta vez el castigo no sería la destrucción repentina de la Tierra, sino que sería algo mucho peor. 

Movió a la Tierra otra vez dentro de su órbita, Sol estaba decidido a castigar de manera severa a Tierra. Sol maldijo a la Tierra con la maldición del “Humano”, el Sol le dijo a la tierra “Esta maldición es única, es un cáncer que te destruirá poco a poco, desde dentro hacia fuera. El Humano consumirá tu esencia de manera desmedida provocando así tu muerte, después de eso no quedarán más mares azules, esos que tanto presumías, desaparecerá el verde de tus selvas y bosques. Tu sabes que yo no doy segundas oportunidades, sabías que ahora el castigo ya no te afectaría solamente a ti sino también a los seres que te habitan, pero no te importó. Tu manera de despreciar la vida será tu perdición, no serás más que una bola de tierra desértica orbitando por la eternidad.”











Digamos que hablo de ti.


-Tony Cazares.

Cuando el fatalismo te haga una mordaza
en forma de un nudo ciego en la garganta,
mientras se esclarecen tus cielos turbios
Yo sería el timonel de tus sueños trotamundos.

Activista cotidiana en el dar sin esperar nada
A pesar que el miedo huye y teme fugitivo,
De la diáfana seguridad de tus miradas,
Recuerda que si fracasas, estaré contigo.

Y si te digo de un sitio que detona esperanza,
Donde las calles ya no se revestirán de gris,
Donde cuelgo mi fe para un buen mañana,
Digamos que hablo de ti.
...

Digamos que hablo de ti, si digo por ejemplo,
que el suicida postergaría su muerte, si en tus pupilas,
Se contagia del café capaz de opacar al cielo,
De la felicidad que socava los malos ratos del día.

Así que no retrocedas, si el fatalismo te amordaza,
Con algún que otro nudo ciego en la garganta,
Porque si digo sobre un lugar donde existe un porvenir,
Digamos que hablo de ti.

Despedida.


-Lira

Me dejaste llorando una muerte imaginaria
Dos años atrás te perdiste
los fantasmas me visitaban más seguido que tú.

Quise pensar que siempre hiciste todo mal
que te perturbaban los demonios más que a mí

que por ellos no tuviste amor
que por ellos tuviste que huir.

No somos personas de cariño
contigo conocí el espacio eterno entre las cosas.

No te despediste de mí porque yo te desprecié

E incluso cuando te fuiste no sentí tu ausencia
lloro a las estrellas más por el deseo de quererte extrañar que por hacerlo.

Y aún así cuando asomo mi cara a la luna, estás ahí.

Porque bastaba que te fueras para tenerte cerca.

Entonces llegó el día que explotó la noche en el cielo
sentí su grito como tu voz
oí cosas que antes no podía
y por más que tapé mis oídos, te escuché.

El miedo se presenta en forma de tu locura
cada vez que mis palabras suenan como las tuyas.

Esta noche al bailar me ataré a tu dolor para hacerlo mío
y cuando la canción termine, homenajearé tu partida.

Pero la sangre es espesa
y justo cuando te fuiste el reloj dejó de andar
nunca quisiste andar por mi sombra porque la reconocías
y ahora te vuelves parte de mi cielo
veo exactamente el espectro que te seguía.

Me dejaste llorando una muerte imaginaria,

Porque antes de morir, ya no estabas vivo.

jueves, 3 de enero de 2019

Dolly.


-Janeth Plazola.

Y yo, ¿quién soy para decir que no?
pero quizá ya es tarde,
mis sentimientos expirarán más rápido
no amaré con la misma intensidad,
pienso en Dolly.

"Es ahora o nunca", los escucho decir
y no opongo resistencia,
mientras me toman de las manos
y caminamos por una habitación blanca.

Me sacarán el corazón,
intentarán clonarlo,
todo en el nombre de la ciencia.

Y un día alguien despertará
mientras pronuncia tu nombre
sin saber por qué.


... para A. Feliz cumpleaños.

Incuestionamientos

Los signos tienen un sentido, Las preguntas un propósito, Las dudas un misterio, Los adivinos un secreto. Hay que empezar a pensar y a cuest...