martes, 11 de agosto de 2020

Ansiedad

 Palpitaciones de un corazón que ya no reconoce.

Pupila dilatada que se clava en una vida pasada.

Uñas en los dientes que tiemblan ante algo que no está presente.

Dedos que juegan con la barba que se siente foránea en esa cara.

 

Soledad tan cálida que enfría los días,

Entumece las noches y enmudece las encías.

Escalofrío diurno que abrasa la tranquilidad,

Paraliza sueños e inunda la lengua de resequedad.

 

Se engarrotan los antebrazos,

El pecho gorgorea,

Rechinan los pies con el piso,

la paciencia desespera.

 

Momentos eternos de visión borrosa,

Agitación apabullante,

Atención dispersa,

Peligro inminente.

 

Pensamientos que taladran el cráneo por dentro,

buscando salida a través de los sesos,

con la firme y sádica intención de confirmar un temor antes ilusorio.

 

Asedia las sienes cual revólver,

se encarna en el pecho,

se engancha de las costillas,

arranca las vísceras.

 

Tratar de encontrar un sentido solo enciende la caldera,

Hierve la médula,

Escurre lava de la espalda como coladera,

Se endurece colérica.

 

En lo que se calla y lo que se dice,

La lucha sin cuartel es lo que se vive,

Se tiembla,

se huye despavorido sin tener a donde ir,

Se vela con desasosiego siendo testigo del inminente fin.

 

-Ulises García

sábado, 11 de abril de 2020

Ojos entreabiertos

Mi realidad se nubla.

Mis pestañas son el horizonte.

Mi cuerpo se dispone a flotar en una cama que simula ser océano.

Mis parpados dibujan la línea divisoria entre lo real y lo que se me escapa.

Mis pupilas son el faro que se dilata cual tiempo en caída libre desde una lámpara.

Mi retina sólo proyecta filmes de escaso presupuesto, descoloridas; en escala de grises.

Los fotones me desequilibran, ya no puedo hacer ejercicios en zigzag entre conos ni usando bastón.

Se desvanece la imagen delante de mí, su composición se resquebraja y da al tono mismo una apariencia similar a un espejismo.

Escribo cada vez más y veo cada vez menos, mi humor cambia sin previo aviso, se diluye en las letras que cierran los renglones en un sueño aún en puntos suspensivos.

La lógica escurre por los dedos de Morfeo, se forman charcos opacos que reflejan un arcoíris que agoniza, el cauce fluye y me toca ser barquero sin dinero y sólo espero no quedar encerrado en este infinito bucle.

-Ulises García

domingo, 5 de abril de 2020

Lo ridículo


Es el hilo conductor de la vergüenza, remarca las costuras de una crianza instituida ante ciertos observadores. Esto es lo que reviste nuestra integridad y salvaguarda el respeto de los ojos circundantes. Aunque a veces, es necesario procurar hacer el ridículo, no para hacerse notar como logran algunos, sino para demostrarse, en un proceso de introspección, que a uno, realmente, le interesan, poco menos que poco, las consecuencias de caer en prejuicios o en justificaciones inocuas.

Es caminar al filo del honor, del prestigio, de la consideración frente a las multitudes. Sitúa al ser humano postrado en la aristocracia en el papel del bufón. Toda distinción escasea en estos casos. Aniquila expedientes intachables. Pone sombreros escandalosos donde deben ir boinas inmaculadas, no necesariamente blancas.

Ironía, sarcasmo y doble sentido. Es la metáfora de lo absurdo. El absurdismo en su esplendor saca a relucir la médula de un esqueleto patético y alma penosa. Alma en pena, alma en vida, víctima de las burlas y del desprecio.

Despierta un titán de fuego, rabioso, repleto de coraje y de lava ardiente; mezcla de proyecciones, miedos y precaución excesiva. Piedra inerte, inmóvil, fría como  témpano asustado por una llama en sus últimos suspiros de vida. Se duerme.

Retumba el eco de las jocosas risas en el furor del yunque, el martillo y la forja de enemigos. Las amistades se tornan líquido oscuro y espeso, moldeable, caliente, a la postre de ser espada clavada en el pecho del más valiente por arrojar la primera piedra.

La payasada, el calzón, la desidia de la seguridad. Remedio para los que fingen ser profetas de propias desventuras, es un tiro certero a la cien como Diana Cazadora. Es el arco mismo de una saga articulada por la punta y el cuerpo, la tensión y el acantilado donde, a cuentagotas, cae el tiempo.

Puede serlo, un colibrí sin alas, sin ganas de vivir, sin potencia, caminando. Una lástima las cuitas del desafortunado ridículo ser existente que camina sin sentido para dejar de existir hasta topar con el desfiladero. 

Ridículo encasillar y juzgar, ridículo el ridículo y viceversa, y yo. 

-Ulises García

Incuestionamientos

Los signos tienen un sentido, Las preguntas un propósito, Las dudas un misterio, Los adivinos un secreto. Hay que empezar a pensar y a cuest...