martes, 27 de noviembre de 2018

Lucero de la noche.

-Diego Gómez.

Caí en el abismo de tus ojos, otra vez,
me perdí sin previo aviso,
(aún cuando sabía que sucedería);
sin embargo, esta vez no paré en el piso,
fui más y más profundo
apreciando tu ausencia en el mundo,
soñando con nadar en tus labios cual pez,
en fin, heme aquí con mi zalamería,
(esa que tanto detestas):
Yo tan “te escribo”,
tú tan “no encuentro”,
yo tan cuervo
y tú tan polilla,
tú tan color rojo
y yo tan color azul.

Sólo puedo darte mis letras hechas despojos,
la carne que queda en mis huesos,
no he podido atracar en tu puerto
aún cuando nos divide solo un velo de tul.

Hoy zarpo con rumbo al cobijo de la muerte,
(no sé si allá llegue a verte)
y en mi carta de mar estarás presente,
desde la torre del vigía,
y en tierra desde el porche,
estaré ahí viéndote, lucero de la noche.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Quiero

Quiero más que unas simples palabras
salir una vez a la semana
mientras el alcohol está en nuestras venas,
besarnos en la oscuridad,
desconocer tu cuerpo
olvidar el sonido de tu voz.

Quiero más besos espontáneos en la mejilla
tomar tu mano mientras conduces
un saludo y un adiós que significan todo en mi día
canciones que ahora representan momentos
sentarnos a reír de lo que nos preocupa.

No te estoy pidiendo que escribas poemas,
un anillo en mi dedo
letras que hablen de corazones saliéndose del pecho
regalos sin sentido.



Quiero
querer
y que me quieras
como yo
a ti,
pero los chicos como tú deberían venir con una advertencia:



cuidado con enamorarse


Por @janethplazola

viernes, 16 de noviembre de 2018

Por la labor de los que escriben


Por los que a través de nuestra pupila vemos un renglón y plasmamos lo que somos, observándonos en las propias intenciones de todo eso que no somos.

Por la lira, por el mártir, por las rimas, por el lápiz.

Por el “por”, por la ironía. Por la hipérbole de amanecernos de noche y anochecernos de día.

Por aquéllos, los ajenos, los alienados y también por los sindicalizados.

Por los que ganan premios internacionales, por los que una moneda a cambio de un poema es el único premio que esperan.

Por los que aceptan el trabajo, en ocasiones, más peligroso y a la vez, gratificante que existe.

Por los que describen el agua en la roca y el petróleo en las plantas.

Por esos, los que les tiembla la muñeca cuando les tiembla el alma.

Por los que se arrancan las uñas del empeño por siquiera arañar la verdad.

Por los que sufren. Por los que gozan.

Por los que adoran las desventuras en la comedia y la gracia en las tragedias.

Por los que se endulzan los metacarpos para salivar tinta.

Por los que tienen quemadas las yemas de los dedos de puro hastío.

Por los que tiñen las historias de rojo, por los que gustan de matar al protagonista, por los que detestan que no haya cigarrillos, por los que valoran las extrañas costumbres, por los que les da igual si hay vasos y no hay alcohol.

Por todos los que nunca son escuchados o leídos.

Por los que atrapan al lector desde la primera página. Por los que son mandados muy lejos en el librero antes de pasar de párrafo.

Por los que son procesados en la fábrica del prólogo.

Por los que son atacados por el editor. Por los que son borrados por la censura.

Por los que violentan una página para contrarrestar la violencia del mundo.

Por los que hacen llorar, rabiar, reflexionar o hacer estremecer la piel en un escalofrío centelleante.

Por todos los que necesitan necesitar la melancolía para dejar en los huesos las letras. El amor, para enardecer las páginas y embelesar la lírica. La naturaleza, para que lluevan ideas y florezca la trama. La filosofía, para tenderle trampas a la realidad. La ciencia, para estrujar la verdad. El tiempo, para cauterizar los miedos. La realidad, para valorar la fantasía. La fantasía, para añorar la realidad.

Por los que con una mano empuñan la pluma y con la otra el corazón.

Por los que no respetan las reglas.

Por los hambrientos de estabilidad emocional.

Por esos que están siendo tragados por su tierra natal.

Por los Bernard Marx, los Harry Haller, por las Dulcinea, los Ahab, los Fausto, por los Roquentín, por las Lotte, por los Gregorio Samsa, por las Mrs. Ramsay.

Por los guardianes de la literatura clásica. Por la secta de los de la superación personal. Por el cónclave de los bestseller. Por el gremio de los que escriben algo que nadie entiende. Por el grupo de los que escriben por internet. Por la sección de los Nobel. Por los del género que esclarecen otro arte o disciplina. Por el rubro de los hechos película. Por la orden de los “enmarca pasiones”. Por el clan de los que todos creen entender pero son incognoscibles hasta para sí mismos. Por la cuadrilla de la perdición.

Por los que honran la agonía, por los de mente sátira.

Por los asqueados de vida, los agentes de la futilidad.

Por los que nacen, por los que se hacen o hemos hecho.

Por los que somos… por los que escribimos… Por los que somos lo que escribimos…

Por los que aun muertos, escribiremos lo que vivimos.


-Ulises García.

martes, 13 de noviembre de 2018

Hoy digo adiós.


-J. Lykaios.

Hoy digo adiós.
Hoy suelto la mano fría que había sostenido por tanto tiempo, porque aunque esa mano se pareciera a la tuya, no lo es más.
Porque esos no son más tus ojos. Hace mucho que dejaron de mirarme y el brillo que te hacia incinerar todo en una sola mirada, se ha ido.
Porque estos ya no son tus labios, porque tus besos ya no me pertenecen y el rosado que tanto adoré se extinguió hace tanto que no recuerdo en que momento comencé a besar la inerte boca de este cadáver.
Hoy bajo mis brazos que están cansados de llevar a cuestas un cadáver que pretendía ser tú. Y no significa que te arranque de mi ser, o que el día de mañana despertaré en un mundo de flores y cielos arrebolados; simplemente mañana cuando despierte y sienta el vacío crecer dentro de mí, espero recibir abrazos de gente viva, deseo mirar ojos sinceros y escuchar corazones que aun tengan un soplo de voluntad.
Hoy te digo adiós aunque sé que es tarde.
Hoy te digo adiós para encontrar mi lugar entre los vivos.
Hoy te digo adiós porque necesito dejar de mirar recuerdos en tus cadavéricas cuencas y así poder ver la vida por delante.


lunes, 12 de noviembre de 2018

Cuando enciendo un cigarrillo.


-J. Lykaios

Cuando enciendo un cigarrillo, pienso en ti.
Pienso en tu mirada soberbia cuando te reconoces hermosa y adquieres pleno poder sobre mí. En cada bocanada de humo vienen a mí todos esos absurdos detalles que me hacen suspirar, acomodados uno junto al otro, dentro de la cajetilla esperando a ser fumados, son quienes logran que sienta esas ganas de entregarme a un impulso, a una idea sin contemplar más que la sensación de mi ser al calor de las más grandes pasiones, todas y cada una de las que soy capaz de sentir. Aparece el irrefrenable deseo de abandonarme en el azar y salir corriendo a tu encuentro aunque esto signifique la disolución total de mi alma en una bocanada de humo.
Conforme el cigarrillo se consume, comienza mi travesía por las distintas corrientes de resignación, abro los ojos a una realidad que deja de lado idealismos absurdos que no consiguen cosa diferente que debilitar la existencia al tratarla con asquerosa delicadeza. Busco el aniquilamiento, consumirme en cada cigarrillo, incinerado por mis propias pasiones al darme cuenta que la posibilidad de ser objeto de tus sonrisas, el blanco de tus miradas, el motivo por el cual perfumas tu cuello cada mañana al despertarte, es cada vez más cercana a volverse nada. Con el juicio nublado por tanto humo, me voy a dormir esperando ser asfixiado por tus recuerdos, librándome de la interminable angustia de estar vivo, de continuar pensándote, de permanecer atado a este vicio.
Por la mañana, y con mucho pesar, me visto, tomo mi abrigo y enfundando mis manos en mis bolsillos camino un par de cuadras para encontrarme con el viejo parque, con sus bancas de cemento frio, con sus árboles inamovibles, con su pasto polvoriento, al menos aquí puedo refugiarme, mientras saco nuevamente un cigarrillo para volver a comenzar esta misma mierda ¿Soy adicto al cigarrillo o soy adicto a ti? ¿Fumo para recordarte o te recuerdo para fumar? No lo sé, realmente eso no me importa, a fin de cuentas uno u otro me han de matar.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Romance de camión.

- Eder Barajas.



Y entonces me enamoré… Sí, me enamoré de la chica del camión. Un romance fugaz, de varias cuadras, de sudores, amontonamientos y pláticas de desconocidos, de "¡suben!, ¡bajan, joven!".

Se necesita estar pendejo para enamorarse en el camión, caer en las garras de estos amores condenados al olvido y fantasear con conquistas fortuitas. Sí, sin duda, se necesita estar lo suficientemente pendejo.

La triste despedida ocurrió en la siguiente parada.

Me quedé estático, de pie en la banqueta, pensando y soñando todavía con la hermosa chica que viajaba en el camión de la ruta Pitillal-Ixtapa, la del asiento del otro lado del pasillo. Me quedé con la resaca y el vacío que dejan los amores frustrados que nunca iniciaron.

El tráfico y el vaivén de la gente apurada borraron poco a poco su imagen.

Los latidos del corazón volvieron a su ritmo normal, las nubes de algodón y las mariposas desaparecieron, luego hice la parada al siguiente camión que iba al Viejo Vallarta.
Voy sentado en el asiento del lado de la ventanilla, viendo el mundo sin mirar...

—¿Puedo sentarme?


¡Diablos! Esos ojos, esa sonrisa de pie... El corazón otra vez alocado. Sí, se necesita estar muy pendejo para enamorarse en el camión.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Uróboros

Los horizontes oscuros se acercan, en la realidad; todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse. 

Apresúrate, elige la magia que será tu llave y transporte. Viaja por la puerta, tú debes ser el buscador de tu propio destino, en la realidad, la nuestra; todo fluye y refluye, todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende. Todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda. Aquel que inició el juego sólo se divierte… ¡Pues yo atestigüé al ángel más bello caer cual relámpago desde el cielo!

Escuché su nombre una vez… antes, hace mucho tiempo. Y ahora permanece en mi mente como una imagen de un viejo sueño. No sé dónde estás, o por qué medio puedas escucharme. Pero sé que podrás hacerlo... he vivido mi vida de la mejor manera que he podido, nunca supe su propósito, y sin embargo avancé por ella como una polilla hacia una luz lejana. Y aquí, por fin, descubro la extraña verdad: que yo y quienes hoy caminan conmigo conformamos únicamente un conducto para un mensaje que elude completamente mi comprensión. 

¿Quiénes somos, por qué hemos sido bendecidos con la habilidad de hablar a través de los siglos? 

Quizá seas tú quien otorgue respuesta a todas las preguntas que me he hecho. 

Tal vez seas tú quien haga que todo este sufrimiento valga la pena al final.

-Calixto Gama.

Historia de Amor de hacer una eternidad

Había una vez la Vida y Muerte, que como mejores amigos se pasaban todo el día juntos: jugando, cantando, e incluso peleando. Un buen día, Vida le dijo a Muerte “estoy aburrida, quisiera que hiciéramos algo nuevo”
“¿En qué piensas?” le respondió Muerte, sabiendo que ella siempre era demasiado ocurrente pero sus ideas los terminaban metiendo en problemas.
“Veamos qué tan grande es este lugar que habitamos, ¿qué dices?” Y Muerte miró alrededor: no había nada, sólo oscuridad y ellos dos.

“¿No te has puesto a pensar de dónde rayos salimos?” le preguntó entonces y al no tener respuestas, pensó que quizá la idea de Vida no era tan mala, quizá si salían en direcciones opuestas terminarían encontrando a más como ellos, quizá podrían tener nuevos amigos. “No sé por qué estamos aquí solos, pero creo que tú idea es buena, vayamos a explorar”
Vida caminó entonces hacía un lado y Muerte en dirección opuesta, y cuando ya habían avanzado un poco, Vida gritó “¡Espera!”, Muerte volteó de inmediato, solo para ver a Vida corriendo hacia él. “¿Qué rayos pa…?” y no pudo terminar su oración porque Vida lo abrazó con fuerza. “¿Qué haces?”
“¿Acaso no te das cuenta tontito?” y luego lo besó en los labios, para después salir corriendo de nuevo en dirección opuesta. Muerte se quedó ahí, parado y sin saber qué había pasado. Pero de una cosa estaba completamente seguro: ahora no quería separarse de Vida, pero ya no tenía opción.


Había pasado ya bastante tiempo, y Vida seguía caminando sin encontrar un final,  un borde o una señal de que estaba por llegar a algún sitio. Estaba comenzando a desesperarse y se sentía completamente sola. Se preguntaba constantemente qué estaría haciendo Muerte y si ya habría encontrado a alguien más con quien estar, había intentado en vano hallar un camino de vuelta, pero en realidad no tenía ni idea de dónde se encontraba, temía que si pasaba un día más sola se volvería loca.
Por su parte Muerte pasaba las horas pensando en Vida, sabía que ya había caminado bastante pero no se imaginaba qué tan lejos estaba de ella, estaba listo para regresar y besarla de nuevo, tenía sus palabras grabadas en la mente, repitiéndose una y otra vez “¿es qué no te das cuenta?”, claro que no se daba cuenta, no tenía a nadie para que le explicara aquello, pero ahora sabía que no quería volver a separarse de Vida, así que decidido, dio la vuelta y camino, primero despacio y luego comenzó a correr.


No tenían ni idea de cuánto tiempo había pasado, pero por más que caminaban no podían encontrar el camino de vuelta. Vida pensó que quizá si gritaba Muerte la podría escuchar en algún momento, así que lo hizo: y se sorprendió al descubrir que por cada grito, una pequeña luz se formaba, pronto el camino estuvo iluminado por decenas de puntos brillantes, así que Vida no dejó de gritar, con la esperanza de que aquellas luces guiaran a Muerte hacia ella.
Muerte desesperaba cada vez más, pronto comenzó a llenar su corazón con amargura y deseos de vengarse de cualquier cosa que tuviera enfrente, pero para su miseria, no había una sola cosa a la cual dar venganza. Hasta que llegó el momento en que vio aparecer pequeñas luces en el horizonte, creyó que estaba alucinando, a fin de cuentas, en aquel lugar no había nada, corrió para poder verlas más cerca pero pronto se dio cuenta que estaba demasiado lejos, y que para alcanzarlas necesitaría correr por horas y horas. Estaba agotado, así que se sentó y lanzó un suspiro que llevaba consigo tanta tristeza que formó un círculo negro. Muerte se asustó demasiado al ver aquello: quiso tocarlo pero nada pasó, solo sintió como si de repente pudiera haber sido absorbido por aquella cosa, dio un manotazo y lo lanzó lejos.


Vida descubrió el círculo cuando apenas despertaba, se asombró demasiado y pensó que quizá era una señal de que a fin de cuentas no estaba sola, trató de acercarse pero pronto descubrió que el círculo crecía y crecía cada vez más, y pudo ver como poco a poco se robaba las luces que ella había creado.
-¡Hey! –gritó entonces -¿Qué rayos crees que estás haciendo?, ¡esas son mis luces!, no puedes robártelas.
Pero no hubo respuesta, al contrario, el círculo creció más y más y de pronto una gran cantidad de luces se habían ido. Vida comenzó a asustarse, ¿y si también a ella se la llevaba?, así que comenzó a correr en dirección opuesta de nuevo.

Muerte ya no lograba recordar la voz de Vida. Perdió la noción de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la había visto. Ahora lo único que hacía era contemplar cómo su círculo se hacía cada vez más y más grande y como se comía a las luces que estaban cerca de él.
-¡Vaya cosa! –Dijo en voz alta -¿Por qué no vienes y me llevas a mí? Así no sufriría tanto. –Pero nada pasó, al parecer el círculo no escuchaba, simplemente estaba ahí. Y entonces Muerte volvió a suspirar y con ello un círculo aún más grande fue creado. Y en algún punto, Vida seguía gritando sin parar con la esperanza de que Muerte la escuchara, pero en vez de eso, un montón de luces se seguían creando.
Hasta que pasó: de pronto, el círculo negro había absorbido tanta luz, que ya no podía más y tuvo que explotar. Para Vida y Muerte, aquel fue un espectáculo hermoso y aterrador.
De pronto había materia por todos lados: luces de muchos colores volaban por doquier y la luz se expandía a una velocidad que jamás habían visto, y por un segundo, apenas por una fracción de tiempo, Vida y Muerte pudieron volver a verse, solo para después ser arrastrados cada uno en dirección opuesta.


Hubo una vez dos creaturas cuyo amor creó la vida en el universo, lo que nadie cuenta es cuánto sufren porque aún no pueden encontrarse. Vida sigue gritando y de vez en cuando, podemos escucharla en la forma de estrellas que nacen y brillan con tanta fuerza que parece que se mueven. Muerte sigue creyendo que su dolor es tan grande que podía destruir todo a su paso, pero como no quiere perder la esperanza de volver a ver su amor, su destrucción es paulatina: pero sabe que un día no podrá controlarse.


"Un día lo volveré a ver" se dice Vida cada que se va a dormir, y luego, al despertar camina y camina, sin parar.

Por: @janethplazola

viernes, 2 de noviembre de 2018

Lo que florece una vez al año.


Siempre juntas, siempre opuestas. La muerte viva, la vida muerta. Dignificando la delgada línea en una fecha fija, el calendario se tiñe de colores fronterizos, se viste con el velo de la fantasía y se pinta la cara de realidad.

Un país, una raza, una sangre que honra los que ya no están pero que mientras sean recordados nunca dejarán de ser.

Una letra, una melodía, una voz que llama y seduce la ausencia de los ausentes y busca eternizar la presencia de los presentes.

Un altar, una persona, una intención de glorificar el peso de la existencia, de degustar los placeres una vez más y ritualizar la naturaleza de lo efímero.

Un pan para endulzar la amarga partida de un ser querido, un tequila para acompañarle y una flor para guiarle y recordarnos que somos mortales. 

Unas palabras, unas rimas, unas risas para empalmar una figura con su destino, para jugarle al tú por tú a la muerte, para diluir, en tinta y papel, la suerte.

Un sollozo, unas manos empuñadas y unas lágrimas para distinguir lo perenne y resignarse a lo marcesible.

Un cielo, un infierno, una catrina que condecora el final, advierte la traición y posa, estática, con tal de atraer abundancia.

Una ofrenda, una corona, una fiesta para enaltecer a nuestros difuntos y para estar en paz nosotros, sus vivos…

Siempre juntas, siempre opuestas. La muerte viva, la vida muerta.

-Ulises García.

Incuestionamientos

Los signos tienen un sentido, Las preguntas un propósito, Las dudas un misterio, Los adivinos un secreto. Hay que empezar a pensar y a cuest...