-J. Lykaios.

¿Alguna vez notaste lo especial que es el cielo de octubre? Con la llegada de los fríos
vientos del norte, casi inadvertidos; aparecen como portadores de noticias que plasman
en el cielo, usan sus nubes y anuncian el ocaso del año, enero y febrero yacen ya
irreconocibles bajo los incontables escombros de recuerdos que se han llevado a la
tumba. Amores que terminaron y nos dejaron a la deriva del mar de incertidumbre, que
con la quietud de sus aguas lleva la cordura de quien las navega hasta el más extremo de
los límites.
Es esto lo que lo hace especial, pues ha vivido las irreverencias del verano y las dejo
atrás en el cielo de julio, pero ahora octubre se sabe próximo a morir.
Desde aquí abajo podemos ver a los fantasmas que son acogidos por octubre y nos
refugiamos bajo la sombra que proyectan en la tierra; bailotean en sus nubes y se
esconden detrás de ellas, para luego saltar a la mirada cuando menos lo esperas, sientes
como tu piel se eriza con este encuentro, quizás tu corazón de un sobresalto o tal vez,
simplemente, exhales un suspiro profundo, de esos que nacen en las entrañas del alma y
presagian la nostalgia inherente al invierno próximo. Amanece y comienza su ataque, sin
molestarse en sutilezas, pues ante todo desea ser visto para hacer extensivo su fatal
mensaje. Acomoda sus nubes con suave soplido para que tomen la forma que tenían en
aquel formidable amanecer que junio nos regaló en la playa cuando entre arena y cerveza
fría reíamos por no haber dormido nada, pero seguíamos bailando con el mismo ritmo de
toda la noche.
Viste a la nostalgia con colores brillantes para ser admirados, es su última y desesperada
jugada contra el tiempo y así poder prolongarse un poco más, porque aun veces siente
miedo del aniquilamiento inminente, anhela transformarse en un recuerdo para no ser
olvidado. Más luego reconoce lo absurdo de este deseo infantil y estalla en briosa
carcajada. Llegado el atardecer se precipita en una hermosa hoguera roja en la que
incinera esos recuerdos que lo invitaban a mirar hacia atrás ¿Cómo no te diste cuenta de
ello cuando aún eras cielo de agosto o de septiembre? No hay quien viva de recuerdos o
quien logre sobrevivir en ellos, pues si saltamos en ellos, como si fueran piedras que
sobresalen del rio, estaremos condenados a vivir el mismo episodio con diferentes
rostros, cayendo una y otra vez en las mismas decisiones disfrazadas de nuevos
culpables.
Porque las cosas son como debieron ser y aunque lo niegues, cielo de octubre, y cada
brillo tuyo al amanecer sea la expresión de esta negación propia del derrotado; sabes que
es así y reconoces en ello una verdad. Y la verdad una vez conocida no puede ser
enterrada y simplemente olvidada y tú mejor que nadie lo sabes, esto hace que las llamas
de tu hoguera ardan con furia al atardecer hasta que el sol se oculta, pues siente pena por
los recuerdos incinerados y no soporta escuchar sus alaridos de dolor.
¿Dices que no sabes de qué hablo y que todas mis palabras te suenan a disparate?
Descuida, no te juzgo, todo nos parecen cuentos de mundos extraños cuando nos
privamos de reír y de llorar; cuando con obsesiva atención vigilamos cada paso dado sin
darnos la oportunidad de perdernos alguna vez y enamorarnos de las novedades en el
recorrido. Vamos, levanta la cabeza y abre bien los ojos, encontraras lo especial que es el
cielo que presagia el final y lo confronta inútilmente con nostalgia para luego aceptarlo y
ver en este final una última redención. Abre los ojos y notaras lo especial que es, el cielo
de octubre.
vientos del norte, casi inadvertidos; aparecen como portadores de noticias que plasman
en el cielo, usan sus nubes y anuncian el ocaso del año, enero y febrero yacen ya
irreconocibles bajo los incontables escombros de recuerdos que se han llevado a la
tumba. Amores que terminaron y nos dejaron a la deriva del mar de incertidumbre, que
con la quietud de sus aguas lleva la cordura de quien las navega hasta el más extremo de
los límites.
Es esto lo que lo hace especial, pues ha vivido las irreverencias del verano y las dejo
atrás en el cielo de julio, pero ahora octubre se sabe próximo a morir.
Desde aquí abajo podemos ver a los fantasmas que son acogidos por octubre y nos
refugiamos bajo la sombra que proyectan en la tierra; bailotean en sus nubes y se
esconden detrás de ellas, para luego saltar a la mirada cuando menos lo esperas, sientes
como tu piel se eriza con este encuentro, quizás tu corazón de un sobresalto o tal vez,
simplemente, exhales un suspiro profundo, de esos que nacen en las entrañas del alma y
presagian la nostalgia inherente al invierno próximo. Amanece y comienza su ataque, sin
molestarse en sutilezas, pues ante todo desea ser visto para hacer extensivo su fatal
mensaje. Acomoda sus nubes con suave soplido para que tomen la forma que tenían en
aquel formidable amanecer que junio nos regaló en la playa cuando entre arena y cerveza
fría reíamos por no haber dormido nada, pero seguíamos bailando con el mismo ritmo de
toda la noche.
Viste a la nostalgia con colores brillantes para ser admirados, es su última y desesperada
jugada contra el tiempo y así poder prolongarse un poco más, porque aun veces siente
miedo del aniquilamiento inminente, anhela transformarse en un recuerdo para no ser
olvidado. Más luego reconoce lo absurdo de este deseo infantil y estalla en briosa
carcajada. Llegado el atardecer se precipita en una hermosa hoguera roja en la que
incinera esos recuerdos que lo invitaban a mirar hacia atrás ¿Cómo no te diste cuenta de
ello cuando aún eras cielo de agosto o de septiembre? No hay quien viva de recuerdos o
quien logre sobrevivir en ellos, pues si saltamos en ellos, como si fueran piedras que
sobresalen del rio, estaremos condenados a vivir el mismo episodio con diferentes
rostros, cayendo una y otra vez en las mismas decisiones disfrazadas de nuevos
culpables.
Porque las cosas son como debieron ser y aunque lo niegues, cielo de octubre, y cada
brillo tuyo al amanecer sea la expresión de esta negación propia del derrotado; sabes que
es así y reconoces en ello una verdad. Y la verdad una vez conocida no puede ser
enterrada y simplemente olvidada y tú mejor que nadie lo sabes, esto hace que las llamas
de tu hoguera ardan con furia al atardecer hasta que el sol se oculta, pues siente pena por
los recuerdos incinerados y no soporta escuchar sus alaridos de dolor.
¿Dices que no sabes de qué hablo y que todas mis palabras te suenan a disparate?
Descuida, no te juzgo, todo nos parecen cuentos de mundos extraños cuando nos
privamos de reír y de llorar; cuando con obsesiva atención vigilamos cada paso dado sin
darnos la oportunidad de perdernos alguna vez y enamorarnos de las novedades en el
recorrido. Vamos, levanta la cabeza y abre bien los ojos, encontraras lo especial que es el
cielo que presagia el final y lo confronta inútilmente con nostalgia para luego aceptarlo y
ver en este final una última redención. Abre los ojos y notaras lo especial que es, el cielo
de octubre.

