lunes, 16 de julio de 2018

Prefiero.

-J. Lykaios.


El cielo crujía, era como si un par de manos gigantes tomarán la tierra y la partieran como si se tratara de un simple terrón, de esos que se forman cuando no ha llovido. Era un cielo vivo, un cielo confundido que no sabía lo que deseaba o lo que necesitaba, pero a su vez era como un cielo triste, que se llenaba de luces y se engalanaba con estruendos que obligaban a todos a levantar la vista, en un cielo solitario como el de esta noche.

Parecía que el cielo se hubiera enterado de la noticia, lo cual era muy probable ya que por la tarde había corrido un viento muy fuerte, un viento que se llevaba las noticias lejos, haciendo que todo mundo se enterara de las desgracias y penas de otros, pero este viento también transportaba recuerdos, se los robaba y los elevaba, para luego, con gesto malvado dejarlos por una temporada en algún corazón distraído en el que pudiesen entrar. Tal vez el corazón del cielo fue llenado con nuestros recuerdos cuando se enteró de que nuestro tiempo se había terminado, que la historia que dejo de escribirse mucho antes de ser pensada haya sido marcada con su punto final, y ahora este cielo también se batiera en duelo consigo mismo para decidirse entre sentirse furioso o afligido por tu partida. Querías conocer nuevas personas, ver un cielo distinto, al menos eso fue lo que  decía la gente. De seguro el cielo lo escucho y por eso está noche grita de furia y estremece a todos con sus gritos, pero de vez en cuando, detrás de todas esas demostraciones de furia, deja caer un par de gotas de lluvia que refrescan la tierra, como si fueran una disculpa por los alborotos que causa.

Y yo lo entiendo a la perfección y quisiera ser como él y que al liberar todas las palabras que se quedaron atoradas en mi pecho, esta noche  desde tu ventana las escucharas como un estruendo que rompe la distancia que ahora se mide en años y que con su luz cegara las sombras que se han interpuesto entre tus ojos y los míos, para que al menos esta noche pudieses entender todos mis motivos y conocer todas mis ilusiones en las que de alguna u otra forma siempre estuviste presente.

Y aunque esta noche el grito desesperado de mi pecho únicamente sea silenciado por el estridente trueno que parte la uniforme quietud de la oscuridad, he decidido no ceder ante el monstruo de las pasiones que vive dentro de mí, ser como el cielo de esta fría noche que se niega a sucumbir ante los recuerdos que los incesantes vientos le traen para hacerlo caer y esparcirse sobre los campos medio muertos y hacerlos reverdecer. No, me niego a ser lluvia y que lo que en la siembra que en antaño se dio por muerto reverdezca y vuelva a llenar los valles secos con florecillas tiernas y brotes verdes y nuevos, únicamente para que sean muertos bajo el filo de tu partida, que implacable podará esas nuevas hierbas que me dolerán una a una, como la primera vez que las arrancaste sin lograr matar la raíz. Antes que esto pase, prefiero seguir siendo desierto, elijo estar seco, pero vivo, porque está será mi decisión.

Prefiero no ser lluvia esta noche, no ser un cielo que se desquebraje bajo la fuerza de manos gigantes que me hagan estremecerme de sufrimiento. Elijo ser viento. Viento que se mueve, que huye y que se transforma, que sabe tomar distancia y meterse entre tus sábanas cuando menos lo esperas. Prefiero ser viento que se mueva ligero y que alguna vez te llevará mi recuerdo hasta tu mejilla para dejarte un beso sin que lo adviertas. Prefiero ser el viento agitado y furioso que está noche sabe de tu partida, pero no te detiene, quiero ser el viento que te aleje y que soplará en las velas de tu barco para que te alejes con rapidez, y te empujaré allá lejos, muy lejos y te obligaré a llevarte contigo las cargas de lluvia que amenazaron con revivir la hierba muerta de mis valles que ahora son desiertos, pero que son desiertos porque yo elegí que eso fueran, porque en ellos encontré la calma y otras formas de llevar la vida y también aprendí  a encontrar la belleza en rincones insospechados hasta ahora.

Prefiero no ser ni lluvia, ni noche, porque después me recordarías. Prefiero ser una página más en tus recuerdos. Prefiero ser una hoja, indiferente a ti, indiferente a todo y fiel a nada. Prefiero ser esta noche una hoja, nada más, una hoja que esta noche sea arrastrada por el viento para nunca volver a encontrar tu mirada.


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