-J. Lykaios.
¿Dónde
está la verdad? Desde hace tiempo se lo preguntan. Pero no sé si esto es
verdad.
Todos
la buscaron y lloraron por su ausencia, pero solo pocos se resignaron ¿Dónde se
había metido? ¿A caso se escondería de nosotros? Aquel pequeño juego infantil se había prolongado y los adultos estaban hartos de jugar.
“¿Dónde andará la verdad? ¿Pasará hambre o tendrá
frío?” Se preguntaban unos a otros cuando la buscaban. Pusieron su foto en los cartones de leche; aunque la verdad, nadie tenía una
fotografía reciente de ella, porque al decir verdad, no podíamos recordad
cuando había sido vista por última vez, pero eso sí, sabíamos que la extrañábamos
porque sentíamos su ausencia en el pecho.
Tuvimos
los días más brillantes y comimos los mejores platillos, pero cuando estas imágenes
saltaban a la memoria, se sentían falsas. Estaban huecas y caían como hojas en
el otoño del corazón.
A veces
teníamos aire fresco, de esperanza, cuando entre las risas inquietas de un niño
podíamos escuchar el eco de la verdad que para nosotros se mantenía entre
sombras, lejos de ojos habituados a la luz artificial de las novedades en los
escaparates. Pero la brisa pronto llegaba a su fin, pues en esta atmosfera
contaminada los niños crecen más rápido y olvidan como reír. Artificialidad, problema y corona que
nos eleva a la cima de las especies. Cúspide evolutiva y condena de inocentes.
Aniquilamos
los prados verdes para traer al mundo toneladas de asfalto y concreto que más
tarde pintamos de mil colores, con los que pretendíamos salvarnos de una locura
monocromática. Colorido y artificial velo de engaño.
Pero detrás
de los escenarios que habíamos colocado entre nosotros y la responsabilidad, aun estaba la medula gris y fría que sometía a nuestro juicio
a una oscuridad autosuficiente; Orgullo, herido y maltrecho. Sabernos en la cúspide,
pero atados al mundo natural del que proveníamos había sido una cruda
revelación para nosotros. Condenados a un limite, con las alas arrancadas, fue entonces que decidimos darle la espalda a la verdad,
porque en ese momento lo entendimos; la verdad duele.
¿Por
qué nos resultaba tan difícil ver lo obvio? ¿Habíamos sido exiliados de ese
mundo natural en el que la verdad crecía como fruto en los arboles? No había
mucho que buscar ¡Ahí estaba la verdad! Bajo las infinitas placas de asfalto, escondida
como hierba emergente de la grietas en el concreto.
Detrás
de los mundos que el autor crea en sus páginas para disimular su miedo a las
manchas de realidad.
En la
herida que esta noche el perro que se esconde entre la basura de los callejones
lame con la esperanza de que mañana no haya otra que curar.
En las
memorias perdidas tras la estadística de muertes diarias ¡Ahí está la verdad! En
los ojos sedientos de la bestia en el espejo.
En la
realidad que se desmorona tras el escenario de un chiste negro, o un sarcasmo
mejor estructurado.
El motivo
de una canción triste que aparece repentinamente en el reproductor, eso es la
verdad. Todo aquello que se opone a nuestra perfección de microondas.
La
verdad… es que hoy la verdad está conmigo, la encontré en el fondo de mi taza
de café, se veía pálida y hambrienta. Se había escondido ahí porque tenía frio.
Estuvo esperando por décadas ese encuentro, aunque ella permaneció detrás de
todos mis errores y en todas mis decepciones, en el núcleo azul de mi soledad.
“¿Cuál fue la verdad?” se
preguntaran, pero nadie lo sabrá, les dejo una pequeña trivia para la
posteridad. El aire viene y me acaricia, “adiós”
me dice en secreto. Me besa maternalmente y se va, un paso más y nadie sabrá de
que manera encontré la verdad.
Solo
un paso, unos segundos de caída y no volveré a llorar por la ausencia de la
verdad. Mi pecho no volverá a estar vacio por estar lleno de soledad; mi sangre
convertirá la placa de asfalto en un lienzo rebosante de color, caliente por la
vida que los últimos latidos de mi corazón dejan salir. La verdad… hoy llevo
conmigo la verdad y la verdad detrás de
mi obra, nunca nadie la sabrá.
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