Mis pestañas son el horizonte.
Mi cuerpo se dispone a flotar en una cama que simula ser
océano.
Mis parpados dibujan la línea divisoria entre lo real y lo
que se me escapa.
Mis pupilas son el faro que se dilata cual tiempo en caída
libre desde una lámpara.
Mi retina sólo proyecta filmes de escaso presupuesto,
descoloridas; en escala de grises.
Los fotones me desequilibran, ya no puedo hacer ejercicios
en zigzag entre conos ni usando bastón.
Se desvanece la imagen delante de mí, su composición se
resquebraja y da al tono mismo una apariencia similar a un espejismo.
Escribo cada vez más y veo cada vez menos, mi humor cambia
sin previo aviso, se diluye en las letras que cierran los renglones en un sueño
aún en puntos suspensivos.
La lógica escurre por los dedos de Morfeo, se forman charcos
opacos que reflejan un arcoíris que agoniza, el cauce fluye y me toca ser
barquero sin dinero y sólo espero no quedar encerrado en este infinito bucle.
-Ulises García
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