miércoles, 13 de febrero de 2019

Lo siento.


-J. Lykaios.

Lo siento, pero no lo siento.
Los verdes valles de mi alma se han secado y las flores azules con que coronaba tu cabello se han marchitado.
Lo siento, pero ya no lo siento.
La fuente evaporaron y las golondrinas dejaron de cantar; murieron con la garganta seca y el pecho lleno de canciones para ti. Murieron en la espera de la esperanza de que nuevamente les dieras de beber.
Lo siento, pero deje de sentirlo.
El día que el verano se volvió azul y la primavera gris. La noche en que la luna se fue sin decir adiós y las estrellas una a una fueron desapareciendo, se extinguieron  a falta de quien coronar.  Los canticos encantados del viento se transformaron en maldiciones tristes que se ahogaban en el negro infinito del cielo absurdo, bastardo que yace inerte sin lunas ni estrellas.
Y me preguntas ahora ¿Por qué no siento ya no sentirlo? Te diré que la eternidad nunca fue mi aliada, podría decir que hace mucho fue mi jurada enemiga.
Nací con la marca de lo efímero, del cambio y la destrucción. Porque algunas veces nos taca ser la luna y otras las estrellas.
Yo solo sé que no lo siento, porque dentro de mí escucho el eco del vació. Porque deje de encontrarte en el ir y venir de los autos y tu voz ya no me susurraba secretos entre las olas.  Ya no me parecía escuchar el picaporte de la puerta cuando despertaba por la mañana y nuevamente éramos lo cotidiano y yo.
Nuevamente era solo yo quien caminaba los viejos senderos.
Otra vez era yo quien con el humo del cigarro se aniquilaba.
Solamente yo esperaba a la primavera.
Ahora lo único que siento, es haberlo sentido.




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