-J. Lykaios.
Lo
siento, pero no lo siento.
Los
verdes valles de mi alma se han secado y las flores azules con que coronaba tu
cabello se han marchitado.
Lo
siento, pero ya no lo siento.
La
fuente evaporaron y las golondrinas dejaron de cantar; murieron con la garganta
seca y el pecho lleno de canciones para ti. Murieron en la espera de la
esperanza de que nuevamente les dieras de beber.
Lo
siento, pero deje de sentirlo.
El día
que el verano se volvió azul y la primavera gris. La noche en que la luna se
fue sin decir adiós y las estrellas una a una fueron desapareciendo, se
extinguieron a falta de quien
coronar. Los canticos encantados del
viento se transformaron en maldiciones tristes que se ahogaban en el negro
infinito del cielo absurdo, bastardo que yace inerte sin lunas ni estrellas.
Y me
preguntas ahora ¿Por qué no siento ya no sentirlo? Te diré que la eternidad
nunca fue mi aliada, podría decir que hace mucho fue mi jurada enemiga.
Nací
con la marca de lo efímero, del cambio y la destrucción. Porque algunas veces
nos taca ser la luna y otras las estrellas.
Yo
solo sé que no lo siento, porque dentro de mí escucho el eco del vació. Porque
deje de encontrarte en el ir y venir de los autos y tu voz ya no me susurraba
secretos entre las olas. Ya no me
parecía escuchar el picaporte de la puerta cuando despertaba por la mañana y
nuevamente éramos lo cotidiano y yo.
Nuevamente
era solo yo quien caminaba los viejos senderos.
Otra
vez era yo quien con el humo del cigarro se aniquilaba.
Solamente
yo esperaba a la primavera.
Ahora lo único que siento, es haberlo sentido.

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