-Marco Antonio Zubía
Cazares
Sentados en el bar donde tiempo atrás, desvariaban amparados
por noches tan jóvenes como ellos, se encontraban ahora, contándose las canas
mientras la nostalgia les flagelaba el pecho. Sus miradas ya no morían de
hambre, sino de sueño.
Las calles empedradas cambiaron al colgarse el gafete de
sexagenarios. Porque la muerte pisándole
los talones asfalta los caminos como para borrar sus huellas del mundo.
Ellos lo saben, porque tiemblan al oír el aullido de los
perros, porque dejaron de conjurar el mañana para empezar a verse en el ayer.
La vejez perfumó sus cuerpos.
¿Cuántas veces no corrieron a cupido de su casa? Se pregunta
la gente que los mira con ojos asombrados mientras ella descansa la cabeza en
su hombro.
Ya un poco mareados por la contundente pegada del alcohol,
él le preguntó sobre la muerte.
<<Hay respuestas que cambian con el tiempo>> Le
dijo.
<<Pero sabes bien que morirás antes que yo>> Mencionó para
satirizar el momento.
<<Debemos irnos>> Concluyó sereno. <<Este
ya no es lugar para nosotros>>.
<<¿Y a dónde vamos? Si en cada rincón por el que
pasamos ya no hay cabida para nosotros. >>
<<No sé, pero quiero ir contigo>>
Entonces ella replicó, tan asustada como orgullosa.
<<Solo queda el cementerio>>
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