Aturdidos, amontonados en aquel
agujero. El agua escasea, están muertos de sed pero todos, sin excepción; embriagados
con sus dosis diarias de ron, para tener aunque sea un poco de valor antes de
la batalla. Cada quince segundos, a veces más y a veces menos: El sonido de una
explosión que sienten retumbar en sus huesos.
Aun así, lo que en verdad los hace
temblar, es el breve silencio de unos minutos que hacen los hostiles y lejanos
cañones… es en ese momento en el que deben salir y ver todas las balas de
frente.
. .
Las caras sucias se miran las unas
a las otras, lo saben… si retroceden, serán ejecutados por los suyos, si
avanzan, serán abatidos por el enemigo.
. .
Algunos solo avanzan un par de
metros antes de caer por las ametralladoras, otros logran asesinar de igual manera
a sus opuestos. Los cañones rugen de nuevo, y en el terreno, una vez más; nadie
queda ni vivo, ni entero.
Los que pueden fuman un cigarrillo tras otro para enmascarar el hedor a putrefacción. La primera ronda de proyectiles desentierra los cadáveres recientes y los de hace días, la siguiente vuelve a cubrirlos de lodo, metal y carne despedazada. Pero aquellos que mueren son afortunados.
Para ellos todo ha terminado.
-Calixto Gama.
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