miércoles, 6 de marzo de 2019

Envenenamiento por altos niveles de toxicidad en el pensamiento

Se vislumbran en el fondo de un río ideas intrusivas ajenas al hábitat, provenientes de las antípodas de la mente que han sido corrompidas. Se abren camino a la superficie y estas ideas corrosivas alebrestan las aguas que alguna vez fueron apacibles, hostigan el ecosistema, castigan a las otras especies, perturban la corriente y torturan los límites del río.

Son pensamientos persistentes que distraen, desplazan y contraen. Ideas de referencia inherentes a lo mezquino; repetitivas, constantes e incapacitantes, que acechan, que comprimen, que obnubilan.

El agua en el río se tiñe de color marrón rojizo, al parecer, los mecanismos de defensa han quedado oxidados y ahora, es peor el remedio que la enfermedad.

Del agua se expide un hedor muy singular, huele a putrefacción, los peces que nadaban a su necesidad ahora flotan panza arriba a expensas de que se los lleve la corriente alebrestada de lo inconsciente.

Mientras que estas ideas virulentas son una falla en el cauce del río, un corto circuito, esta especie de "ideas monstruosas" evolucionan y mutan en los temores más abrumadores, en miedos temibles que no hacen esperar para volverse paralizantes, se convierten en la especie más apta dentro de una psique, del río, acaban con todo lo demás.

Hacen de candado, de primer y último eslabón en la cadena alimenticia, postrándose en un lugar privilegiado para la supervivencia y el dominio, mantienen encerradas al resto de las ideas, bloquean el flujo salubre del río. Es la única especie de serpiente que ataca con veneno y por constricción. Acecha con la precisión y rapidez de un tigre. Tiene la voracidad y el olfato del tiburón. Y como un buitre devora sin piedad un muerto que, “por suerte”, aún vive.

Son ideas flexibles a su conveniencia que vuelven rígido el funcionamiento humano. Pueden manifestarse en un cabello rizado de diferentes colores, en posible desempleo, en casusas de muerte, en derrotas inevitables, en victorias inmerecidas, en enamoramientos rotundos, delirios de persecución, de celos, obsesión y compulsión, puede ser previo o posterior a eventos en particular.
Materializándose en insomnio, malestar, desequilibrio, falta de atención, frustración, síntomas de ansiedad, ataques de pánico, cáncer, son lo que modifica el cauce del río hacia una lucha abrumadora, cotidiana y sin victoria definitiva.

Son ideas gobernantes que cobran impuestos aunque sea uno quien les alquile un lugar, se adueñan, marcan territorio y se apoderan de cada elemento a su alcance. Ideas inquisitivas que logran hacer creer que aún estamos en el oscurantismo de la edad media. Todo se invierte. Son un método de control, método de censura y manipulación. La autorreflexión se vuelve como una conversación con una pared; con uno mismo.

Como la manzana podrida, se lleva al resto a las cimas de la podredumbre y convierte el bonito paisaje del río en un breviario de la desesperación.

Es una condena al inocente por culpa de su inocencia.

Es peor que como lo pintan, el sueño de la razón produce monstruos.

De vez en cuando, las historias sirven de inspiración. En ocasiones se ha de hablar de la leyenda de un monstruo que pocos han visto pero que por ahí se dice, se piensa o se vive que existe o ha existido.

-Ulises García





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