-Diego Gómez.
Poesía: el remedo de letras que tratan de evocar tu recuerdo,
aún
cuando sé que en tu memoria no me encuentro.
Ahora
sí son palabras al viento,
sin
un atisbo de esperanza,
ni
la suntuosidad de tu presencia,
ni
tampoco la miseria de tu partida.
No.
Son
sólo las lágrimas que no pude ni debo llorarte,
los
puntos suspensivos presentes después de besarte,
la
coma que ponías en mis emociones al mirarte,
el
punto final puesto por ti al marcharte.
Tampoco
es intención de este perro ladrarte,
simplemente
mirando al alba el lucero de la tarde
invadiste
mis recuerdos sin siquiera pensarte;
mi
piel ya no te extraña,
patrañas,
el
sistema límbico continúa a ti escribiendo,
¿No
vienes porque te escribo?
¿O
no estás para que continué escribiendo?
Hace
tiempo rompí el altar al cielo,
ese
desde donde la humanidad se percibía
como
es:
fútil
y perecedera:
igual
que yo.
El
aire taciturno de la noche me recuerda lo
inverosímil
de esta carta,
(cuanto
habrás de reír al verla con tu nombre entre líneas)
Ya
no te recuerdo con tus canciones preferidas,
ni
tampoco estás presente en la playa donde nunca fuimos,
no,
no te pienso, es que...
Diablos.
El
amargor de mi café sabe a tus labios,
el
calor de la taza se siente a tu piel,
el
dulce del pan huele a tu perfume,
y
el final del brebaje, maldita sea,
maldigo
tu miel,
también
el humo de tu fuego,
y
por alejarte me maldigo a mí.
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