lunes, 25 de marzo de 2019

Zalamería




-Diego Gómez.


Poesía: el remedo de letras que tratan de evocar tu recuerdo,
aún cuando sé que en tu memoria no me encuentro.
Ahora sí son palabras al viento,
sin un atisbo de esperanza,
ni la suntuosidad de tu presencia, 
ni tampoco la miseria de tu partida.
No.
Son sólo las lágrimas que no pude ni debo llorarte,
los puntos suspensivos presentes después de besarte,
la coma  que ponías en mis emociones al mirarte,
el punto final puesto por ti al marcharte.


Tampoco es intención de este perro ladrarte,
simplemente mirando al alba el lucero de la tarde
invadiste mis recuerdos sin siquiera pensarte;
mi piel ya no te extraña,
patrañas,
el sistema límbico continúa a ti escribiendo,
¿No vienes porque te escribo?
¿O no estás para que continué escribiendo? 


Hace tiempo rompí el altar al cielo,
ese desde donde la humanidad se percibía
como es:
fútil y perecedera:
igual que yo.
El aire taciturno de la noche me recuerda lo
inverosímil de esta carta,
(cuanto habrás de reír al verla con tu nombre entre líneas)


Ya no te recuerdo con tus canciones preferidas,
ni tampoco estás presente en la playa donde nunca fuimos,
no, no te pienso, es que...
Diablos.
El amargor de mi café sabe a tus labios,
el calor de la taza se siente a tu piel,
el dulce del pan huele a tu perfume,
y el final del brebaje, maldita sea,
maldigo tu miel,
también el humo de tu fuego,
y por alejarte me maldigo a mí.

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