jueves, 4 de abril de 2019

Así en el Empíreo, como en el Cocito.

-Calixto Gama.

En esta realidad, la nuestra; hay leyes que percibimos erróneamente, son tomadas como ilusiones, engaños. En el entrelazamiento cuántico, aun cuando dos cosas estén separadas en el tiempo y el espacio, el cambio de una afecta a la otra. Unidas y separadas a la vez.

Lo que está abajo es como lo que está arriba, lo que está arriba es como lo que está abajo. Ambas partes son el mero resultado de las palabras de aquel que es uno, así todas las cosas fueron creadas a imagen de ese uno, del todo.

Su poder es fuerte si se transforma en tierra y en agua, en los ingredientes para la vida. La Tierra está separada del Fuego, lo corpóreo de lo etéreo. Cuando se unen, el resultado no es ni uno ni otro, sino un tercero, el fuego líquido.

Entre todos los hijos de la vida, como maldición quizá, aparece el hombre; un ser, que como los otros, refleja en su interior aquel inmutable arquetipo del todo. Por lo tanto si logra conocerse a sí mismo podrá conocer el cosmos que habita.  Y sólo una vez que el individuo se ha percatado de sus carencias, su ignorancia y su odio; transmuta su ser para tener un acercamiento a lo omnisciente, a lo omnipotente, a lo eterno.

Será entonces un espejo diferente del universo. Se habrá transformado en otro individuo. Encontrará la saciedad del desconcierto terrenal en el encuentro con su esencia, la esencia del Uno, del Todo, podrá ingresar en él, y una vez más, para formar parte de él. En definitiva, llegar a ser la totalidad que ya fue, que se es y que se será.

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