I
Comienza la
apertura, se encamina el desarrollo, las dosis de incertidumbre abundan en la
memoria, se identifica y se desconoce de un momento a otro, de la lucidez a la
agnosia, de la ventaja a la desventaja. Va tomando forma la estructura, el
centro, un flanco y otro, es la siembra de una posición y la crianza de un
juego, el calcio en las casillas que proviene del suero de la creatividad, la
educación de las piezas que se imparte desde que salen de casa y las reglas que
dictaminan la idoneidad del tablero. Batallan sin parecer batallar; con la
calma que presagia un cataclismo o bien, un paraíso.
Florece el
medio juego empapado de incógnitas y certezas. Los peones avanzan como un mar
de pesadillas, huyendo de la presión insostenible de la geométrica realidad,
buscan romper el centro, rebelarse, penetrar y coronarse, conociendo las
complicaciones y aun sabiendo que no todos lo lograrán, luchan por llegar a
plenitud en condiciones benéficas. Los alfiles derrumban diagonales vírgenes,
todo a costa de encontrarse con su pareja que parece nunca llegar, sacrifican
su anhelo por cumplir con su deber y una vez terminado, empatan con la paz para
encontrarse con su complemento. Los caballos amenazan todo tipo de atentados,
son ágiles, expertos en la versatilidad y multifuncionales, han sido
corrompidos, usados como carne de cañón desde los tiempos en que comenzó la
civilización. Las torres iluminan senderos inimaginables, son faros a disposición
de quien lo necesite y brindan protección en sus columnas férreas hasta el
final, aunque a la distancia, también son capaces de arroyar a los enemigos sin
piedad. La dama busca una posición empoderada en el centro del tablero, genera
amenazas para dar el golpe de gracia con delicadeza y en su acción múltiple,
defiende a los suyos con fiereza. El rey, protegido en un enroque impenetrable,
da las órdenes y opta por lo mejor para él y su imperio, de ser necesario, al
final de la lucha encarnizada, sale al campo de batalla con la espada
desenvainada. El destino adopta su forma, la cosecha sembrada en el desarrollo
de la apertura comienza a brotar, la personalidad de la posición se consolida y
esto determina el futuro de cada concatenación dentro del juego.
En el final
quedan claras las condiciones, los movimientos son limitados pero no por eso
son sencillos, el rey de cada reino toma protagonismo en la batalla y encuentra
apoyo en una generación joven de peones con hambre de crecer. El deber impera y
las decisiones tomadas tras el trayecto experimentado tienen un mayor respaldo
y a su vez, las consecuencias son de la misma magnitud. El desgaste se hace
notar, y el cansancio se vuelve dominante al momento de desear terminar, por
fin, con la agonía; propia o ajena…
Se
materializa toda una secuencia de hechos que han tenido lugar en una historia
construida por un solo ser, responsable de los antecedentes que han desembocado
en el desenlace, a merced o a costas del contrincante.
II
Juego de
juegos; donde reina la pasión, la creatividad y el intelecto. Los pensamientos,
las emociones y los movimientos están a la orden de la mano que presiona el
botón del reloj, del choque de miradas, de las predicciones y planes
elaborados, de los falanges temblando, todo converge en la guerra que,
inevitablemente, tendrá lugar en 64 territorios inexplorados.
Producto de
la mente humana, es lo más cercano a la barbarie de probar la sangre sin causar
ninguna herida, funciona como una catarsis íntegra o una tensión acumulada y
potenciada. Se libra una batalla con distintas fases, priorizando la estrategia
y la táctica, pero por encima de todo, la victoria.
Es enseñar y
aprender, desarrollarse, planear, luchar por objetivos, agudizar la intuición, es
una metáfora, es mezclar entretenimiento con angustia, profundizar, es sucumbir
ante los temores o superarlos, ser sometido por los sentimientos o adaptarse, proteger
las debilidades y explotar las ventajas, superar las adversidades, es identificar
situaciones potencialmente idílicas, aprovechar las oportunidades, hacer
sacrificios con tal de crecer, empatizar, es impregnarse del ambiente y hacer
de las dudas un camuflaje, es sentir, pensar y mover, y aunque la vida no sea
tal cual una guerra, también es vivir.
Axioma que
tiene lugar en la realidad y en el tablero con un apretón de manos, inaugurando
una conexión física, mental y espiritual entre dos seres que representan un
mundo y su composición.
Una
obsesión, un juego, un deporte, un pasatiempo, una analogía. El ajedrez
entrelaza a dos entes que han sido responsables tanto de su vida como de sus
movimientos dentro del tablero, se conocen danzando entre ideas y nadando bajo
los pensamientos del otro, en ese momento en que el tiempo fuera del
temporizador se detiene, se compenetran sus espíritus de lucha y sus
interacciones neuronales; se comprenden gracias a un idioma propio del ajedrez.
Es para
todos y aplicable en una infinidad de contextos. Sorpresivamente, se puede
aprender de la vida jugando al ajedrez; la toma de decisiones tiene un papel
protagónico en ambos sentidos, el conocimiento de las causas y las
consecuencias, la adjudicación propia de la responsabilidad, se aprende a
resolver problemas concretos, a pensar de manera flexible y a encontrar
soluciones creativas, se ejercita el pensamiento en sus múltiples facetas y la
inteligencia emocional en algunos aspectos, puede funcionar como distractor y
alivio de las preocupaciones, evoca sensaciones placenteras al percibir la
complejidad, lo profundo y lo majestuoso de un acontecimiento, exalta la pasión
y se encarna en la vida de las personas e incluso, en la historia de la
humanidad y algo que va más allá de la rivalidad o de lo competitivo, a
respetar al rival sin importar sus condiciones, porque como se suele decir, al
final del juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja.
-Ulises García
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