J. Lykaios.
Abrázame fuerte y hazme uno con tu
pecho, porque esta podría ser la última vez.
Mírame a los ojos cuando me hables,
pronuncia mi nombre con esa calidez de la que solo tú eres capaz y dame la
certeza de que no seré olvidado. Déjame sostener tus manos en las mías madre y
regálame lo que este asqueroso mundo con saña me ha arrancado, entrégame un
poco de esa seguridad que solo tú eres capaz de otorgarme cuando me sonríes y
con una mentira que aunque es piadosa no deja de ser falsa, me dices que todo
estará bien.
Me voy, no sé si sea esta la última vez
que me mires cruzar por esa puerta, desconozco si me veras regresar o si por la
noche estaré aquí para cenar. Desconozco lo que vendrá, pues miro con miedo
como mi única libertad me ha sido arrebatada, pues vivir angustiado por la
posibilidad de que esta tarde un rayo fulmine mi ser y sea yo borrado de esta
existencia no es vida. Sentir que mis anhelos, mis deseos y todas mis grandes
pasiones me son arrancadas de lo más profundo de mí ser y estos en un último
suspiro logran lo que tantos poetas añoraron: elevarse hasta la nada y dejar de
lado esta existencia, abstraerse en la ausencia de todo, desaparecer sin más.
Pero hay un pequeño detalle que olvidan,
madre ¡Yo no soy poeta! ¡No quiero elevarme a la nada! ¡Me niego a convertirme en un simple número dentro de una estadística anual! Quiero vivir, quiero
equivocarme, quiero amar y ser odiado; No quiero perder todo lo que tengo y
tirar por la borda todos los errores que tanto me han costado, deseo correr tan
rápido que la fatiga me haga caer desvanecido, anhelo enamorarme y que mi amor
sea rechazado, hundirme en el más profundo de los dolores para luego recordarlo
como algo para reír acompañado de una cerveza con mis amigos en un bar. Tengo
miedo madre, tengo mucho miedo, así que por favor, abrázame fuerte y hazme uno
con tu pecho y que sea tu perfume maternal quien calme las inquietudes que mi
joven espíritu siente hoy y si el día de mañana estas inquietudes fueran
forzadas a callar permanentemente por una fuerza ajena a mí, madre mía te lo
imploro no te calles y convierte mi silencio en un grito estridente que llene
de ira a quienes te escuchen y que ese grito se convierta en la voz de mil
bocas que ya no volverán a besar a sus madres, que el amor que día con día me diste se transformé en una inagotable sed de justicia y que tu sombra alcance a los verdaderos responsables de que ya no pueda volver a abrazarte y que tus manos se conviertan en
las armas necesarias para pelear esta lucha. Y por favor, madre, no te des por vencida pues ahora eres madre de muchos a los que les fue arrebatado el vientre que por nueve meses los protegió y hermana de muchas que han perdido una parte de su ser.
Por favor madre, abrázame y no me
olvides.
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