lunes, 10 de diciembre de 2018

EL ABSURDO FELIZ .


-       J. Lykaios.



Lo que fui hace algunos ayeres y no volví a ser. La idea que alguna vez pensé pero que nunca expresé. Toda aquella historia que alguna vez conté, todo quedo atrás el día que te conocí. Basto con que aparecieras y fijaras tu mirada en mí, una sola caricia de tus ojos fue suficiente para tirar por la borda de lo fútil lo que hasta ahora había colocado en los más elevados pedestales de la felicidad.
Hoy, es martes con sabor a viernes y  la lluvia que los cielos derraman esta noche hace que mi mente regrese sobre sus propios pasos hasta los caudales que las lluvias de diciembre crearon alguna vez con sus frías aguas, me arrastran en su corriente cuesta abajo por la columna del tiempo y soy trasladado al interior de viejas memorias que reviven en mí; todo se torna vertiginoso y confuso, pues mis ojos han perdido la capacidad de ver a través de esa atmosfera tan espesa en la que cuesta respirar. Los aires de estas corrientes de tiempo salvaje son tan fríos que hace sangrar la nariz de quienes no están preparados para ellos, pues traen consigo una dulcísima fragancia de muerte.
Conforme avanza el recorrido cada vez hay menos luz, los limites de mi vieja barca se convierten en una extensión de mi cuerpo, se vuelve un bastón que me guía y me advierte de las numerosas rocas por las que fluye este caudal, pareciera que uno se adentrase en aguas subterráneas y de pronto… quietud… el caudal pierde su fuerza y se torna una bestia mansa con la cabeza baja que se deja arrastrar por el hombre que tira suavemente de la cuerda. Quietud… infinita, fría e indiferente, de no ser por las gotas que caen de las estalactitas y hacen la de segundero la condura quedaría en un tercer plano.  Da la sensación de que el tiempo nace en esta cueva ¿Es acaso este lugar la cuna  lo que llaman Eternidad es decir, la existencia en sí misma? Un todo infinito, un cuerpo inamovible en el que solo las pinturas que lo decoran se renuevan en periodos tan relativos como la cantidad de granos de arena en sus playas. Un lugar oscuro donde se pierde la imagen de uno mismo disuelta en la indiferencia que alberga entre sus tinieblas. La mente comienza a jugar bromas, empieza a generar ideas descabelladas en un último intento de poner al ser en movimiento otra vez.
Yo conocía este lugar, alguna vez lo habite, como es de esperarse no sé cuánto tiempo pasé aquí, pero es mucho más del que mi memoria alcanza a guardar, después de todo ¿Qué recuerdos podría uno atesorar de una oscuridad vacía e indiferente? ¿Será que en este lugar fue donde la existencia me arrojo al mundo? Estas cavilaciones ensordecían mi mente y  mi estancia en ese lugar comenzaba a prolongarse más de lo que la cordura misma lo permite, olvide si el goteo del tiempo alguna vez se detuvo o si alguna vez comenzó y mi humanidad me fue arrancada trozo a trozo sin que yo me diera cuenta,  me olvide de mi nombre, de mi rostro y extendí los brazos para recibir el aniquilamiento que pondría fin al infinito que me contaminaba y se infiltraba entre mis entrañas. Resolví que si debía morir debía ser  justamente en este sitio, alejado de miradas indiscretas que en mi resolución vieran reflejadas aquellas pasiones que albergaban y les asustaba reconocer, pues es más fácil señalar el monstruo en los otros antes que aceptarlo en su interior.
De pronto la fría indiferencia de la cueva se vio interrumpida y entre las paredes de la inhóspita caverna a la que no se le veía el fin, resonó la risa de una alegría lejana como venida de otros tiempos. Una carcajada tierna, infantil, capaz de reinventarlo todo bajo el manto de la más pura de las inocencias basto para que las aguas muertas volvieran a estar vivas y una vez más comenzaran a vibrar, y nuevamente reanudaron  su recorrido. El segundero de agua quedaba en la lejanía y el tiempo poco a poco se había vuelto más definido. Y de nuevo aparece al frente un pequeño destello  que marca la salida de la caverna. Conforme me voy acercando al destello de luz va creciendo y cambiando de color; rojo, verde, amarillo, azul, naranja, violeta y turquesa. Hay incluso colores que no podría llegar a pronunciar sus nombres puesto que jamás los había visto antes, todos entran en mi alma y esta se estremece ¡Se siente viva nuevamente! Pero ni siquiera esta alegría de colores me prepara para salir de la caverna, donde soy recibido por golpe de luz que enceguece a  los ojos que se niegan a ver e incinera las almas débiles que se han resuelto en el total abandono. Es como estar en un gran concierto en el cielo, uno que te llevaba hasta los confines más elevados; en ese instante uno puede sentir como si tocará las más altas cumbres y los colores son los que uno quiere, cualquiera que a uno le gusté. Basta tan solo un pequeño vistazo para quedar atrapado por el espectáculo de luces que las danzantes estrellas ofrecen. Estaban de fiesta, saltaban de un lado para otro haciendo toda clase de piruetas y no dude en unirme a ellas, ya que de no haberlo hecho mi pecho hubiese estallado en el intento de contener mi corazón (que nuevamente latía) aprisionado en su óseo confinamiento. Por un momento pude tener la vista de los espíritus nobles que han marcado la historia, pude por un par de segundos pararme en la cima de la máxima cumbre, arrastrado por la danza que las estrellas acababan de enseñarme, un brevísimo instante cuyo aroma recordaré hasta el último de mis días, pues ese instante fue el momento en que nuestras manos se encontraron por primera vez, el preciso momento en que supe que eras tú el autor de la risa que me había salvado en las indómitas profundidades de la caverna, quién había dado un nuevo soplo de vida a un corazón casi aniquilado.
Fue el día en que tu llegaste, el momento en que por fin pude verte y mi condición humana se regocijo al experimentarte con cada uno de mis sentidos ¿De dónde venías y porque sentía que te conocía desde una eternidad atrás? ¿Cómo es posible que sin hacer nada más que existir desorbitaras mis pensamientos de esta manera? ¿Era nuestro destino encontrarnos? ¿De verdad habías reído para mí en aquella cueva o aquello había sido un último recurso de mi corazón para alcanzar la salvación, un mero mecanismo de supervivencia?
No lo sé, pero a partir de aquel concierto pude verlo con claridad; el mundo no iba a cambiar y la misma mierda iba a continuar pasando por mucho tiempo más hasta que las cosas fueran realmente distintas. La gente continuaría derramando su sangre en las banquetas en lugar de estirar un brazo por la mañana para abrazar a quien le acompañe en la cama. Los poderosos seguirían siendo poderosos porque la multitud aún se lo permitiría. Pero por primera vez encontraba algo que me daba un motivo real y suficiente para levantarme cada mañana y cargar cuesta arriba la maldita piedra. De pronto podía respirar aíre ligero, limpio, en el que podía sentirme fuerte y los ríos poco a poco descendían, pero no había más cuevas oscuras y el tiempo tenía un ritmo y ese ritmo hacía música con la que el corazón se ponía a danzar. El ser nuevamente se movía, tenía dirección y la mente podía descansar de imaginar esas bromas pesadas por una larga temporada. 
Y en este tiempo fue en el que decidiste entrar en mi vida, en este presente en el que ahora habitaba. En el que las injusticias aun sucedían y las calles aún se tragaban gente de la que sus familias no volvían a saber. Desde que te conocí nada cambio, es cierto, pero ahora miraba las cosas diferentes, y tenía un motivo que me invitaba a reír con una gran carcajada, una tan fuerte que seguramente haría  resonar las paredes del tiempo mismo encerrado en aquella mazmorra oscura de la que en algún momento yo también escapaba. Esta risa perduraría y cuyo eco se perpetuaría por generaciones y contaría la historia de nuestra amistad.
En este tiempo, esta noche, levanto la mirada y vuelvo a encontrar el gran concierto en el cielo y el este vuelve a tener los colores que a ti te gustan porque esta noche se celebra una redención y el comienzo de tu aventura en estas inhóspitas tierras. Las estrellas se han vestido con sus mejores luces y en las alturas se regocijan por enmarcar tu figura con destellos de plata, pues esta noche todos celebramos un acontecimiento cuya grandeza reside en su sencillez; tu sola presencia en el mundo.
Son mis estrellas las que llenan de fiesta el firmamento y corren de un lado, chocando entre si y riendo tan fuerte y con tan diferentes voces que puedo escuchar nuevamente la que fue tu primera risa. Este es nuestro tiempo y hoy celebro el poder haberte conocido; que suene la música y que palidezcan los fantasmas del pasado. Porqué esta noche hay que celebrar todo aquello que alguna vez sentí, todos a quienes amé y lo que odie y todo aquello que di sin nunca recibir. Y sin dudar ni un solo instante, nuevamente me adentraría en las profundidades de esa cueva de quietud y aniquilamiento. Gustosamente podría volver a colocar la pesada piedra sobre mis hombros para día y noche empujarla cuesta arriba con la felicidad de un absurdo argelino, porque no cambiaría nada de lo vivido, no hay tiempo desperdiciado si encontramos en medio de tantos pesares las causas que nos han traído hasta esta noche en la que celebramos el absurdo feliz, ya que si tuviese que pasar por la misma vida una y otra vez, gustoso lo haría con tal de volver  a encontrarte. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Incuestionamientos

Los signos tienen un sentido, Las preguntas un propósito, Las dudas un misterio, Los adivinos un secreto. Hay que empezar a pensar y a cuest...