En lecturas nocturnas.
Entre bostezos, mis ojos irritados por la inminente luz de mi computadora auxiliada por el esfuerzo imperioso de leer y comprender aquel tema impregnado en las digitales páginas. Me concentro para interpretar, fuerzo mi cuerpo para evitar bostezos, bebo sorbo tras sorbo de café en intervalos que apenas y los separan; todo esto, nolens volens a mi adicción. Me detengo, tomo una pequeña pausa para inspeccionar la hora, podría revisarla en el reloj digital que aparece en la pantalla de mi pc, sin embargo, lo ignoro y opto por tomar mi teléfono celular, no porque sea más preciso, ni más práctico, ni porque tenga mensajes en aplicaciones que mi pc no alberga, ni mucho menos por la estética del diseño de dicho reloj; al tenerlo en mi mano, aprecio ese rostro cansado e impotente por la frustración nacida de una búsqueda con ausencia de indicios y abundante en guías muertos, con el dedo índice presiono la tecla que devuelve a la vida a esa maquinita, ingreso una combinación de números que protege de mis amigos los datos que tanto me esfuerzo en ocultar ¿Por qué ocultar eso, que “me hace”, eso que “es mío”, a las personas de mi alrededor, cuando comerciantes lejanos y austeros a mí los extraen con la técnica más discreta? Listo, ahí está la “hora”, de fondo una imagen tuya, de tu rostro junto al mío, la veo, la observo, minuciosamente examino la irregularidad de tu sonrisa en diagonal, dada la inclinación de tu cráneo posado sobre el mío. Ignoro el tiempo al permanecer con la mirada fija sobre esa fotografía. “Bloqueo” el celular, lo coloco de vuelta en su lugar, pienso, no recuerdo la hora, me reprocho el tener que repetir todo ese “ritual”, y aun más, me aflijo al pensar en tratar de evitar distraerme con tu sonrisa.
Buscador, no recolector.
I
Lejos he de vivir y lejos he de pensar. Cosa mía –desde mis primeros recuerdos de mi desenvolvimiento consciente- ha sido imaginar tierras, situaciones, héroes, combates, ideas y reflexiones; unas veces soberanamente he tergiversado las estructuras históricas de mi pasado; otras he maleado las secuencias cronológicas con metas y sueños, guiadas por la vivaz acción de sobrevivir a la vida, y peor, resistir a mi alma misma, con eventos atemporales y quiméricos a los que impulsivamente persigo.
II
En el camino topé con joyas, atípicas en demasía era y es el encuentro de tan sagrados tesoros, que me considero buscador y no recolector. Desde mi primer encuentro conmigo mismo he desgarrado mis pulmones para gritar Ab imo pectore por ayuda y para agradecer a unas cuantas joyas parlantes por la grandeza de sus despampanantes reflejos fugaces gloriosos como el enfermo canta a la herbolaria. Ave atque ave en el mayoritario cuadrante de los casos tan momentáneo que se me niega el permiso de pronunciar que fueron duraderos bueno tiempos. Pocos sabios escribieron una concisa instrucción para los bienaventurados, “Carpe diem” me cantaban sus libros, y me dije, con firmeza forjadora que Ad libitum cada gramo de materia constituyente de mi persona buscaría y buscaré De omni re scibili et quibusdam aliis en cada transcurrir de las horas y de los días, sacrificando mi sueño y la noche Ad astra.
III
Lagrimas derramé al enfrentar mi raciocinio hacia el absurdo. Incontables pérdidas y retiradas al miedo naciente de la idea abstracta de “infinito”, transfigurado en el cuerpo un nuevo adversario el “sin sentido” y la titánica asimilación para la aceptación de la “falta de propósito” o “carencia de misión” en la vida, estos antagónicos seres indefinidos e intangibles a los que rendía un involuntario tributo alimentado por mis pesadillas despiertas. ¡El absurdo! ¡El absurdo! ¡Es absurdo! Gritaba en mi cabeza mientras mi cuerpo material permanecía en silencio, alienándose de aquellos a quienes atesoraba. Evité regresar a los sueños embriagantes, esos a los que fui adicto bastantes años, que ahuyentan a mis sueños quiméricos sustanciales. Con la interpretación de los textos y con la transmutación de mis ideas, pasé de victima a recolector. Un lema de vida gané “Credo quia absurdum” para esta endemoniada mente racional. Caminaré entre las espinas Ad absurdum.
IV
Dentro de mis pensamientos privilegiados se encuentra la muerte, escasos son las personas con las que compartí mi aprecio por la muerte, y aun menos son quienes lo han recibido con un calor similar con el cual usted acogió mi idea. “Memento mori” nos recordamos mutuamente en nuestra cruzada por la vida, del más complejo hasta la menos acerbo circunstancia. Ecce Homo antes usted, que lo ha visto, me ha visto y sentido; inexacto es lo que le he entregado hasta ahora, victimas mis palabras son de la ambigüedad, la imprecisión de mis escritos es más defecto que poesía. Natu usted vive, Natu pude conocerla, Natu somos lo que somos y vivimos lo que vivimos, Natu nacen nuestras deleitables quejas y amenas conversaciones que In pectore y análogamente la relatividad del tiempo se esmera en hacerlas sensorialmente finitas.
V
El desideratum reciente, yuxtapuesto con filosofar, ha de ser tomar consciencia al estar junto a usted, posados en algún lugar y a primera hora abrir mis ojos y consecuentemente girar la cabeza y notar la ausencia de su fragancia porque ella me ha invadido al haber estado tanto tiempo juntos durante la noche anterior. Dixit aquel sujeto al estar terminando la escritura de cada párrafo.
VI
Probablemente usted estimulará la génesis de la Opera prima de mis letras, ya sea como arquitecta o como inspiración. Si bien, usted, In illo tempore asemejaba al espectro oculto apartado del radio de mi apreciación; ahora, usted misma ha incitado, a mí, un descuidado cristiano a pensar “’Deo gratias’ por la imprecisión de mis acciones y por la vaguedad de sus uniones que en los momentos de estimar minuciosamente Indocti discant, et ament meminisse periti las decepciones y mis decisiones, no solo me encaminaron a Provehito in altum de los saberes del mundo, a la par de conocerla, de ir con ella… de ser con ella”.
VII
Del miedo a la muerte, prefiero y tengo presente como máximo ente a blandir en duelo al miedo a la vida. Alberga mis pesares y dudas, produce mis inseguridades y es el único medio de conseguir respuestas, tiene como manifiesta la libertad y la prisión, dueña y escritora de mis verdades y de mis mentiras, tiene todo de mí. Entre el pasado y el futuro, mi presente tambalea en el azar ignorante, cargando y haciendo malabares con mis ideas y metas y sueños y buenos recuerdos. Aprendí a caminar Nec spec, nec metu y nació un buscador en mí, cuyos instrumentos ex libris de pensadores, gozo hoy de libros compartidos y atesorados con usted; tomando en consideración que el silencio de mis actos ha nacido porque Nemo auditur propriam turpitudinem allegans.
VIII
Sea como fuere, usted dilucidando sus sensaciones orgánicas con tal calidez y confianza en sus palabras y actos que, como regalo y muestra de afecto, yo con mi torpeza y tartamudez procuró demostrar quién soy ante su intimidante mirada. Con usted me gustaría aplicar el Docendo discimus. Usted que atestigua en nuestros encuentros mí Cognosco melior, Facio taliter. ¿Me haría el honor de aplicar y experimentar el Et cognoscetis veritatem et veritas liberabit vos?
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