Diego Gómez
Esta tarde deslizo tu perfume hasta
mi ventana.
Otra vez tu mirada se cruzó por la
mía por casual accidente.
Y tú, tan tierna e inocente
de cuando tú presencia mi día
engalana.
Y tú...
Tú tan inocente tomas camino, sin
urgencia más a toda prisa,
no sin antes despedirte con una
sonrisa... Ay.
Vivo conmigo un eterno debate,
sobre cuál de tus curvas es la más
hermosa;
la comisura de tus labios,
el soslayo de tus ojos
o tú cabello al moverse mientras
caminas;
Ye esto es sólo al mirarte.
Esta tarde tu atención se puso
sobre este infame por un instante;
Lograste (sin siquiera
imaginarte)
evocar en mi memoria melodía
hermosa,
y yo...
Yo solo sonreí, discúlpame, de la
inmersión
me sacaste, soy solo un cobarde,
sí, cobarde ¿o consciente?
(Mejor dicho) pues no quiero por mi
culpa esa belleza ver marchitarse,
esa calidez que te caracteriza,
y mi alma se regocija con tu brisa,
mis ojos tarde o temprano la verán
marcharse...
Espera: creo que me dices algo, es
verdad,
buenas tardes.
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