-Fabricio Espinoza.
De la palabra
brotaban mis lágrimas,
al ver la
destellante fluidez de tus labios,
y la inyectante
mirada que perdí…
Ver la paz con
la que tomabas mis manos,
en aquella mesa
esquinada y sucia,
creí que todo
terminó desde hace días,
y solo flotaba
yendo y tropezando,
tomé por perdido
no solo mi coraje y tiempo,
sino lo
sustancial en los que dejamos atrás,
agarraste el
temor de ambos sin alegar en llanto,
y redimiste las
dudas que alimentaban al dolor.
¿Ponerle fin a
un inicio quebradizo
o iniciar con un
final angustiante?
Era un miedo
latente en la mitad de mi alma,
perderte
completamente…
y luchar desde
una de mis mitades,
y sollozar por
ello con la otra de mis partes,
“No me perdiste,
cambiaste mi vida”
Soltar en
definitiva me envaina de sufrimiento.
“Deberías estar
feliz por verme así”
Concluir de tal
manera que lo mejor,
Sea alejarnos
sin rastros, ni indirectas, ni contactos,
ni encuentros
azarosos, ni trémulos disimulos,
evitando con
temple la presencia que nos fundía.
Con el fin de
ser mejores, ¿Cómo serlo,
si no encuentro
ninguna de mis piezas,
esas que ahora
plañen en silencio y desorden?
Tengo cosas que
hacer y bien claro es,
Que el pasado
melancólico y que nuestra compañía,
sin compañía
serán el pedacito inicial,
para ser
mejores… debo ser mejor, por mí.
Sabemos cuánto
nos queremos
y porque haremos
lo que haremos,
y comienza el desafío
de recordar la razón,
que cargamos
para superar
y construir la
mejor versión.
“Seremos
nuestras mejores versiones”
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