miércoles, 24 de julio de 2019

Del océano al desierto

Debía comenzar a decirle hola al adiós… Donde antes se percibía un hermoso hábitat hoy se ve un ambiente hostil y discordante, donde antes había cardúmenes de caricias hoy hay redes de mentiras y roces ásperos, los volcanes submarinos que emitían pasiones hoy son pirámides de rencor y donde rebosaba el agua, lo único que ahora abunda es una severa sequía.

Pasamos de romper el hielo y tratarnos con calidez a divagar en dunas de cansancio y naufragar en ausencias. La ponzoña sustituyó el cortejo, la desolación los kilómetros de futuro y los espejismos a la realidad.

La arena que, en el fondo, albergaba vida hoy hace de tumba, la marea y las corrientes románticas se convirtieron en sofoco y asfixia estática, y la habitación se convirtió en una tromba de arena cuando las palabras fueron una tormenta de olas.

La supervivencia se tornó algo prioritario en ese océano turbio, donde mientras más nada uno, más energía se dosifica y sin importar los esfuerzos por salir a flote, las corrientes intentarán tresnar todo hasta las profundidades.

Intenté salvar lo que quedaba llegando al litoral gracias a los restos de cariño en forma de espuma y oleaje salado residual. No sabía si era un albatro errante o un buitre hambriento que fue arrastrado por fuerzas superiores, tampoco sabía a dónde pertenecía, si a unas ruinas desérticas de historias pasadas o a un océano desierto de amores. Sabía que estaba perdido pero con esperanzas de encontrarme.

Adentrándome y vagando en la inmensidad de dudas, buscando lo que alguna vez fue, a veces, encontraba un oasis donde sumergirme como un loco desesperado, para concluir, que no es lo mismo, diariamente, nadar con libertad y a placer en un océano que intentar nadar en arenas movedizas.

El océano está más cerca del desierto de lo que cualquiera piensa, es un ciclo sin fin, la sal que va y viene todo lo sustenta, es la esencia, se entrelaza, y ahora viaja y se impregna en unos ojos que sollozan mirando con nostalgia el océano y con impotencia el desierto.

-Ulises García

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