Fabricio Espinoza
Por favor. Ayuda a este desgraciado. No puede
gritar, no mueve los brazos, ensangrentados de penas pasajeras y cobardía,
esconde su rostro debajo de disfraces sonrientes, ¡ayúdalo! antes de elegir su
partida.
Cada día para él es una amargura, un triste
intento de engaños… los peores engaños, sin esperanza, ni alegría, sonrisas más
falsas que las personas, un atardecer de lágrimas secas, decepciones tan
gigantescas, risas afiladas penetran su alma.
Cada intento de vivir. No sirve, si pudiera
decirlo con claridad. No, no puede aguantar, cada día él empeora. Esa voz se
mantenía dormida, pero ha despertado, ella lo dominará.
Ayúdalo, ¡pronto! arranca esa mascara, se
ahogara en sus lagrimas. Un fantasma oscuro habla por él, apoyándolo, ¡No!
Escondiéndolo. Lo oculta, le impide gritar “¡ayuda!”, emite gritos de bienestar
y arrogancia. Flores y regalos. Asqueroso fantasma deja de esconder al
miserable, solo quiere ayuda.
Ángeles de amistad ayúdenlo. El fantasma lo
asfixia con un contento antifaz que, cada vez forma parte del él, un cáncer
creciente. Un héroe atrapado en la penumbra del “gracias” y “a adiós”.
Aullidos de la bestia, dopada de placeres vanos
y fútiles, ¡ayuda frívolos! Exclama, ocultas palabras debajo de -¡estoy bien,
soy así!
No creas en sus palabras, mentiras sin piedad.
Busca atención. Su soledad lo llevará a su meta. Ayuda a esa mentira viviente,
de las alegrías oscuras.
El final se aproxima, sin salvavidas, ni
peluches. Falsas plegarias, sin responder. Adiós miserable. No fue placer, ni
un honor, ni agradecido por conocerte. Deja de sufrir. Hazlo y vete. Cumple por
primera vez en tu insignificante vida una promesa. Proyecto de vida claro y
preciso.
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