Janeth Plazola.
"Piensa demasiado en el pasado" los escucho decir mientras miro por la ventana, "su mente se quedó atrapada en algún momento y ahora no puede avanzar".
Me levanto y voy hasta el espejo, veo que empiezo a tener arrugas bajo los ojos así que me pongo una crema que guardo con mucho cuidado en el buró, no quiero que Pete regrese y se decepcione con mi aspecto.
-¿De quién están hablando? -le preguntó a la chica de blanco mientras camino a la cocina. Ella me sonríe, recuerdo cómo al principio me desesperaba al no obtener respuestas, pero ya me acostumbré, así que acelero el paso y me siento junto a mi amiga Maureen.
-¿Por qué tomas café?, ya te dije que te hace daño -le paso la mano por la cara -tengo una crema buenísima que te va a ayudar con las arrugas, mírame a mí, tan joven y ya tengo algunas, pero no me preocupo porque sé que eso no ayuda.
También me sonríe y luego va con la chica de blanco "está peor", le oigo comentar, y yo no logro descifrar de quién están hablando. "oí a los doctores decir que es muy probable que la vayan a dormir esta semana, ¿es verdad?", abro los ojos aún más, ¿será que van a dormir a alguna amiga?, ¿quién es?, quiero escuchar y por eso hago como que voy al baño. "Muy probablemente será hoy", responde la chica de blanco, y un escalofrío me recorre de pies a cabeza. Pobrecita, esa persona debe estar muy enferma como para que la duerman, casi como a un animal.
-¿Estás seguro? -le dice el Doctor M.
-Creo que es lo mejor, su delirio ha estado presente por demasiados años, hemos intentado de todo para curarla, nada funciona y está comenzando a desesperar a todos.
-¿Me explicas de nuevo?
-Está así desde que tenía 17 años, nadie sabe realmente cómo es que pasó, sus padres la encontraron desmayada en el piso cuando regresaron de un viaje al supermercado, como si algo la hubiera golpeado de repente. Despertó y todo parecía estar bien, hasta que pasaron los años y ella seguía pensando que aún tenía 17 años. Cuando se ve al espejo, aún sigue viéndose de esa edad.
-¿Cómo es posible? -El Doctor M. se encogió de hombros.
-Hemos tratado un montón de medicinas, ¿ves sus moretones en las sienes?
-Mañana es su cumpleaños.
-64 años.
-¿Cómo puede no darse cuenta?
-Su mente...es poderosa.
-¿Y qué hay acerca del nombre que no deja de repetir?, ¿Pete?
-Un novio, creemos que él es la razón por la que se desencadenó todo, los archivos dicen que el día en que todo ocurrió lo estaba esperando, pero claro, son solo sospechas, nunca pudimos hablar con sus padres, solo leímos los archivos, así que solo tenemos hipótesis.
-¿Nunca la visitó?
-Si sigue con vida es porque aún espera que un día venga.
Cuando tenía 15 años tuve un sueño, en él, yo conocía a un chico y nos casábamos en cuanto yo cumplía 17. Ahora tengo 17 años y 3 meses, mi novio se llama Pete y espero pacientemente a que me proponga matrimonio, ya se está tardando un poco, pero está bien.
Cuando tenía 15 años acompañé a mi madre a que le leyeran el tarot, y al mirarme, la gitana me hizo salir del lugar y cuando mi madre salió a mi encuentro tenía lágrimas en los ojos y nunca me explicó por qué.
Creo que tiene miedo de que me case con Pete, dice que soy muy joven y por eso no me deja verlo, me encierran en la casa casi a diario, vigilan constantemente, pero él encuentra maneras de venir de todas formas, creo que un día robará el anillo de su abuela del que tanto habla, yo le creo. Le cuento la historia de mi sueño casi todos los días, él se ríe, mientras me besa tímidamente y me dice que un día nos vamos a escapar.
Hoy es el día, hoy mis papás se fueron a hacer compras y tengo que apurarme, tengo una pequeña maleta escondida abajo de la cama y voy a llenarla con ropa y cosas esenciales.
Miro por la ventana, Pete debe llegar en cualquier momento. En la radio dicen que una guerra acaba de estallar, o algo así, casi no la escucho porque no puedo dejar de mirar por la ventana.
Pete llegará en cualquier momento.
-La mente es poderosa -le explica la gitana. –Su hija tuvo un sueño un día y está convencida de que debe hacerse realidad; quiere casarse con su novio, ¿verdad? -Ella asiente lentamente. -No hay nada que pueda hacer, su destino está marcado.
-¿Qué quiere decir con eso?
-El novio de su hija, está en el ejército, ¿verdad? -De nuevo vuelve a asentir. La gitana cierra los ojos, ella ya no le cree demasiado pero al mismo tiempo está asustada por lo que pueda decir: -Un día no volverá y su hija no será la misma entonces, su amor quedará congelado y de esa manera también el tiempo.
-¿Qué quiere decir con eso?
-¿Ha visto a usted a la gente a la que encierran en torres altas?, ¿esa que camina por la calle hablando sola? –Ella siente, y una lágrima se le escapa lentamente al comprender lo que está diciendo.
-¿Cómo se puede curar? -La gitana se río alto, fuerte, y luego tomó un trago de lo que parecía ser un licor barato.
-Es una lástima, ¿no cree?, que alguien sea capaz de convertir sus sueños en realidad y para los demás haya que arreglarlo.
-¿Quieres venir querida? -me dice la chica de blanco, mientras me conduce a una de las salas donde a veces ponen películas y fotos mientras los doctores me observan desde el otro lado de la habitación, ellos creen que no me doy cuenta, pero a mí me divierte reír cuando se supone que debo llorar y viceversa.
-¿Qué pasa? -le digo al darme cuenta de que ahora no hay nadie para observarme, ni tampoco parece que vayan a poner una película.
-Vamos -me dice tranquilamente, mientras me indica que me siente en una silla reclinable. Me pone una especie de cinturón en la cabeza, en las manos, en la cintura, en los pies. No me asusto, cosas raras pasan en este lugar todos los días. Probablemente ahora quieran darme alguna otra medicina. -Querida, hoy es el día.
Me emociono tanto que ahogo un grito y las lágrimas me inundan las mejillas, ella me las seca casi al instante.
-¿Pete viene?
Ella asiente. Yo le quiero decir que por favor me deje ir a la habitación, tengo una carta preparada desde hace mucho, porque a fin de cuentas yo sabía que él regresaría por mí, lo he estado esperando y se siente como una eternidad, pero ya no importa, porque hoy es el día: tengo un anillo que encontré un día y sin decirle a nadie lo guardé, en caso de que él no tuviera uno para darme, tengo un vestido blanco, quiero casarme con él en el momento en que cruce la puerta, no hay más tiempo que perder porque finalmente mi sueño se hará realidad. Tengo 17 años, el mundo es grande y mi amor ya viene por mí para llevarme a conocerlo.
Veo que la chica de blanco también llora, seguramente está feliz por mí, así que intento mover la mano para secarle las lágrimas pero no puedo, una especie de hormigueo me empieza a inundar todo el cuerpo, cierro los ojos porque ya no puedo luchar contra la sensación de pesadez. "Todo está bien", me digo, "Pete ya llegó", luego, todo es oscuridad.
martes, 21 de agosto de 2018
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