Mi vida ha sido un conjunto de errores y oportunidades
desperdiciadas, como cualquier otra.
En un lúgubre mundo donde cada nuevo ser precisa que durante
más de veinte años otros seres, ya aprisionados, lo alimenten, lo eduquen, lo
cobijen… lo encajen en el mundo de “lo humano”
Y en mi vida esos seres fueron mis padres:
Que por amarme sin piedad.
Por levantarme para luchar.
Por sus palabras de aliento.
Por enseñarme a no desistir.
Por siempre creer en mí.
Por preocuparse por mis problemas;
Y recompensa no pedir.
A su manera me educaron para entender que negro implica
blanco,
que luz implica oscuridad, que el “yo” implica otros…
que vivir definitivamente implica sufrir.
Dejé de sentirme como un extraño en el mundo,
Pues: “Somos criaturas del universo; no menos importantes
que la más bella de las estrellas o el más cristalino de los océanos, tenemos
derecho a existir. Y aunque no lo quieras el universo es tuyo” como ellos me
solían decir.
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