Había una vez la Vida y Muerte, que como mejores amigos se pasaban todo el día juntos: jugando, cantando, e incluso peleando. Un buen día, Vida le dijo a Muerte “estoy aburrida, quisiera que hiciéramos algo nuevo”
“¿En qué piensas?” le respondió Muerte, sabiendo que ella siempre era demasiado ocurrente pero sus ideas los terminaban metiendo en problemas.
“Veamos qué tan grande es este lugar que habitamos, ¿qué dices?” Y Muerte miró alrededor: no había nada, sólo oscuridad y ellos dos.
“¿No te has puesto a pensar de dónde rayos salimos?” le preguntó entonces y al no tener respuestas, pensó que quizá la idea de Vida no era tan mala, quizá si salían en direcciones opuestas terminarían encontrando a más como ellos, quizá podrían tener nuevos amigos. “No sé por qué estamos aquí solos, pero creo que tú idea es buena, vayamos a explorar”
Vida caminó entonces hacía un lado y Muerte en dirección opuesta, y cuando ya habían avanzado un poco, Vida gritó “¡Espera!”, Muerte volteó de inmediato, solo para ver a Vida corriendo hacia él. “¿Qué rayos pa…?” y no pudo terminar su oración porque Vida lo abrazó con fuerza. “¿Qué haces?”
“¿Acaso no te das cuenta tontito?” y luego lo besó en los labios, para después salir corriendo de nuevo en dirección opuesta. Muerte se quedó ahí, parado y sin saber qué había pasado. Pero de una cosa estaba completamente seguro: ahora no quería separarse de Vida, pero ya no tenía opción.
Había pasado ya bastante tiempo, y Vida seguía caminando sin encontrar un final, un borde o una señal de que estaba por llegar a algún sitio. Estaba comenzando a desesperarse y se sentía completamente sola. Se preguntaba constantemente qué estaría haciendo Muerte y si ya habría encontrado a alguien más con quien estar, había intentado en vano hallar un camino de vuelta, pero en realidad no tenía ni idea de dónde se encontraba, temía que si pasaba un día más sola se volvería loca.
Por su parte Muerte pasaba las horas pensando en Vida, sabía que ya había caminado bastante pero no se imaginaba qué tan lejos estaba de ella, estaba listo para regresar y besarla de nuevo, tenía sus palabras grabadas en la mente, repitiéndose una y otra vez “¿es qué no te das cuenta?”, claro que no se daba cuenta, no tenía a nadie para que le explicara aquello, pero ahora sabía que no quería volver a separarse de Vida, así que decidido, dio la vuelta y camino, primero despacio y luego comenzó a correr.
No tenían ni idea de cuánto tiempo había pasado, pero por más que caminaban no podían encontrar el camino de vuelta. Vida pensó que quizá si gritaba Muerte la podría escuchar en algún momento, así que lo hizo: y se sorprendió al descubrir que por cada grito, una pequeña luz se formaba, pronto el camino estuvo iluminado por decenas de puntos brillantes, así que Vida no dejó de gritar, con la esperanza de que aquellas luces guiaran a Muerte hacia ella.
Muerte desesperaba cada vez más, pronto comenzó a llenar su corazón con amargura y deseos de vengarse de cualquier cosa que tuviera enfrente, pero para su miseria, no había una sola cosa a la cual dar venganza. Hasta que llegó el momento en que vio aparecer pequeñas luces en el horizonte, creyó que estaba alucinando, a fin de cuentas, en aquel lugar no había nada, corrió para poder verlas más cerca pero pronto se dio cuenta que estaba demasiado lejos, y que para alcanzarlas necesitaría correr por horas y horas. Estaba agotado, así que se sentó y lanzó un suspiro que llevaba consigo tanta tristeza que formó un círculo negro. Muerte se asustó demasiado al ver aquello: quiso tocarlo pero nada pasó, solo sintió como si de repente pudiera haber sido absorbido por aquella cosa, dio un manotazo y lo lanzó lejos.
Vida descubrió el círculo cuando apenas despertaba, se asombró demasiado y pensó que quizá era una señal de que a fin de cuentas no estaba sola, trató de acercarse pero pronto descubrió que el círculo crecía y crecía cada vez más, y pudo ver como poco a poco se robaba las luces que ella había creado.
-¡Hey! –gritó entonces -¿Qué rayos crees que estás haciendo?, ¡esas son mis luces!, no puedes robártelas.
Pero no hubo respuesta, al contrario, el círculo creció más y más y de pronto una gran cantidad de luces se habían ido. Vida comenzó a asustarse, ¿y si también a ella se la llevaba?, así que comenzó a correr en dirección opuesta de nuevo.
Muerte ya no lograba recordar la voz de Vida. Perdió la noción de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la había visto. Ahora lo único que hacía era contemplar cómo su círculo se hacía cada vez más y más grande y como se comía a las luces que estaban cerca de él.
-¡Vaya cosa! –Dijo en voz alta -¿Por qué no vienes y me llevas a mí? Así no sufriría tanto. –Pero nada pasó, al parecer el círculo no escuchaba, simplemente estaba ahí. Y entonces Muerte volvió a suspirar y con ello un círculo aún más grande fue creado. Y en algún punto, Vida seguía gritando sin parar con la esperanza de que Muerte la escuchara, pero en vez de eso, un montón de luces se seguían creando.
Hasta que pasó: de pronto, el círculo negro había absorbido tanta luz, que ya no podía más y tuvo que explotar. Para Vida y Muerte, aquel fue un espectáculo hermoso y aterrador.
De pronto había materia por todos lados: luces de muchos colores volaban por doquier y la luz se expandía a una velocidad que jamás habían visto, y por un segundo, apenas por una fracción de tiempo, Vida y Muerte pudieron volver a verse, solo para después ser arrastrados cada uno en dirección opuesta.
Hubo una vez dos creaturas cuyo amor creó la vida en el universo, lo que nadie cuenta es cuánto sufren porque aún no pueden encontrarse. Vida sigue gritando y de vez en cuando, podemos escucharla en la forma de estrellas que nacen y brillan con tanta fuerza que parece que se mueven. Muerte sigue creyendo que su dolor es tan grande que podía destruir todo a su paso, pero como no quiere perder la esperanza de volver a ver su amor, su destrucción es paulatina: pero sabe que un día no podrá controlarse.
"Un día lo volveré a ver" se dice Vida cada que se va a dormir, y luego, al despertar camina y camina, sin parar.
Por: @janethplazola
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