Un hombre de gorra, sí, gorra azul, con un extraño colibrí
de símbolo al frente, sentado en una banca, observando la nada, su gorra le
cubre de la intensa resolana del mediodía de hoy. Pantalones, sí, pantalones de
mezclilla entallados con un vacío en las presillas. Lentes, sí, lentes de sol
que reflejan todo lo que pase por enfrente con una marca que no alcanzo a ver.
Playera, yo diría que a medias, lleva una sin mangas color rosa con rayas
blancas o quizá sea al revés. Calzado, también a medias, lleva unas sandalias,
con una separación entre el dedo pulgar y el índice, color verde y la suela negra.
Pareciera un reporte de un fenómeno de otro mundo donde tengo exclusiva ¿Cuán
patético soy?
Sin signo de exclamación, sin más, se levanta, sus músculos y
cerebro entran en tensión, alza la mirada y su alma, de igual manera, se
tensiona. Observo cómo enciende un cigarrillo, el único entre 14 que hay en su
caja, los otros 13 no cuentan, ese era el indicado. Sé muy bien que, al verlo
cerrar la cajetilla, al verlo mirar hacia atrás, está pensando en lo que pudo
haber sido de su vida de haberse quedado sentado, de haber elegido el
cigarrillo que topa a la izquierda con la cajetilla o cualquier otro, los
posibles universos, los futuros quemados con ese encendedor barato o tal vez,
sólo volteaba a ver si se le había olvidado algo o si faltaba un cigarrillo.
Se pone en marcha, anda y fuma, le observo con cautela,
destina la mirada a un poste a la derecha de su paso, un poste que le falta el
foco, la luz, es negro de pies a cabeza, el sol se encarga del resto. Pienso yo
en un pensamiento secuencial que quizá él tenga, meter el cigarrillo entre los
labios, inhalar con fervor, disponer del humo en la boca, abrir la garganta,
llenar los pulmones, estremecer los alvéolos y exhalar con hastío, lo hace…
Pasa del poste y mientras el humo forma una estela a su paso, pienso que él, el
hombre de gorra, piensa en el poste, su falta de luz, su desgracia, su voz
inmóvil y entonces, paso del pensamiento como él del poste y pienso que quizá
sólo piensa en algo que tiene que hacer llegando a su casa.
Me pregunto si él, el hombre de las sandalias, se pregunta:
¿Cuán absurdo es un poste mirando fumar a un hombre? Y continuar con… ¿Qué tan
morboso y grotesco es pensar en TODO lo que NO es el momento? ¿Por qué el
siguiente sorbo del cigarrillo, el siguiente poste son los que más importan?
¿Por qué la siguiente necesidad es más importante que saciar la primera? ¿Todo
se reduce a lo que no tengo pero pude haber tenido? O en su defecto ¿a lo que
no tengo pero de conseguir, puedo perderlo?
Quizás de ahí la tensión en los músculos, en el cerebro y el
alma y no me extraña, desde que decidió pararse de la banca, su decisión le dio
algo más que el aval a la voluntad o sus virtuosos grilletes que dicen
“libertad”, le dio existencia, como la estela de humo, como la luz en los ojos
del hombre de pantalones de mezclilla y no en el poste, el suelo bajo sus pies,
las rayas de su playera, las personas que pasan a su alrededor siendo
exactamente lo mismo; pasado, presente, futuro, una sola hebra, una sola
existencia.
Todo vive de lo que es, a raíz de lo que no pudo ser, así,
al ser se deja de existir una infinidad de veces, mueren las posibilidades que
no acaecen, se es y se vive de los sueños convertidos en humo, de las
oportunidades convertidas en ceniza, de los hombres de gorra que nunca pasaron
y de la banca de la que nunca se pararon, del futuro convertido en pasado como
desperdicio, del pasado convertido en futuro como errores, del presente
convertido en tensión, voluntad, libertad y por último, existencia como “algo”
absurdo.
-Ulises García
No hay comentarios.:
Publicar un comentario