Beberé de ese veneno hasta aniquilarme. Lo beberé con
entusiasmo hasta que su cometido haya sido cumplido, hasta que la última de sus
gotas profane mi cuerpo y sigilosa se deslice hasta lo más profundo de mis
entrañas, que hace tiempo dejaron de ser mías, porque hace tiempo que deje de
ser yo.
Beberé de ese veneno, ardiente como mis pasiones, porque
quiero que me borre de este mundo, llevarme conmigo todo aquello que me
representa; mi imagen, mis ideas, mi voz y mi pensamiento, porque me resulta
insoportable. Pero más aún, beberé de ese veneno para de una vez por todas
arrancarte de mi existencia, para echarte de mi vida, aunque esto signifique un
renunciamiento total a ella, una completa traición mí mismo, porque tu mejor
que nadie lo sabe; nunca dude de llevar mis decisiones hasta sus últimas
consecuencias.
Beberé de ese veneno, dulce y seductor, que al oído me
susurra tiernas melodías durante aquellas tardes en que miro el atardecer
cubriendo con mis propios brazos este cuerpo del frío. Porque quiero que esta
sea la última de mis tardes y en un último acto de egoísmo o miedo a la
completa disolución, apropiarme de este atardecer, hacerme con él y que quienes
encuentren este remanente de mi existencia tendido sobre el suelo frío, con la
expresión perdida y apagada, piensen en mi cuando miren un atardecer imponente
y toda hermosa reflexión que este pudiera generarles, se vea interrumpida por
la putrefacta imagen de este montón de carne nauseabunda en descomposición.
Beberé de ese veneno para redimirme. Porque deje de ser
libre, porque deje vivir aquí cuando me estanque en los recuerdos y aterrado me
vi encerrado en el pasado entre películas sin color y sin sonido, pero
investidas con tanta felicidad que me hacían doler los huesos, hacía arder mi
corazón y en lugar de esbozar una sonrisa grata ante tan hermosas imágenes,
comencé a morderme los labios con rabia y a desear que todas esas muestras de
pasado que llegaban hasta mí no fueran más que alguna jocosa broma de mal
gusto, recuerdos psicóticos prefabricados para hacer más soportable el tedio de
los días actuales que me arrastraban sin contemplación por los callejones de la
monotonía.
Beberé de ese veneno hasta que mi imagen sea disuelta en
ese líquido de amable caricia. Beberé hasta que mis huesos se vuelvan polvo,
hasta que mi rostro se confunda con la imagen de la pequeña botella de veneno
que guardo en la alacena. Beberé porqué el drama así lo demanda, porque las
letras quieren nacer, quieren llegar como algo contingente a esta vida, porque
es la única forma de dar a luz a esta nueva imagen que deseo dejar en la cabeza
de quienes me rodean, porque es lo que he decidido. Beberé porque quiero ser
olvidado, porque anhelo que lo único que piensen al recordarme sea mi muerte y
al menos, en esta última instancia, ser libre de tu recuerdo.
J. Lykaios.
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