sábado, 28 de abril de 2018

Beberé.


Beberé de ese veneno hasta aniquilarme. Lo beberé con entusiasmo hasta que su cometido haya sido cumplido, hasta que la última de sus gotas profane mi cuerpo y sigilosa se deslice hasta lo más profundo de mis entrañas, que hace tiempo dejaron de ser mías, porque hace tiempo que deje de ser yo.
Beberé de ese veneno, ardiente como mis pasiones, porque quiero que me borre de este mundo, llevarme conmigo todo aquello que me representa; mi imagen, mis ideas, mi voz y mi pensamiento, porque me resulta insoportable. Pero más aún, beberé de ese veneno para de una vez por todas arrancarte de mi existencia, para echarte de mi vida, aunque esto signifique un renunciamiento total a ella, una completa traición mí mismo, porque tu mejor que nadie lo sabe; nunca dude de llevar mis decisiones hasta sus últimas consecuencias.
Beberé de ese veneno, dulce y seductor, que al oído me susurra tiernas melodías durante aquellas tardes en que miro el atardecer cubriendo con mis propios brazos este cuerpo del frío. Porque quiero que esta sea la última de mis tardes y en un último acto de egoísmo o miedo a la completa disolución, apropiarme de este atardecer, hacerme con él y que quienes encuentren este remanente de mi existencia tendido sobre el suelo frío, con la expresión perdida y apagada, piensen en mi cuando miren un atardecer imponente y toda hermosa reflexión que este pudiera generarles, se vea interrumpida por la putrefacta imagen de este montón de carne nauseabunda en descomposición.
Beberé de ese veneno para redimirme. Porque deje de ser libre, porque deje vivir aquí cuando me estanque en los recuerdos y aterrado me vi encerrado en el pasado entre películas sin color y sin sonido, pero investidas con tanta felicidad que me hacían doler los huesos, hacía arder mi corazón y en lugar de esbozar una sonrisa grata ante tan hermosas imágenes, comencé a morderme los labios con rabia y a desear que todas esas muestras de pasado que llegaban hasta mí no fueran más que alguna jocosa broma de mal gusto, recuerdos psicóticos prefabricados para hacer más soportable el tedio de los días actuales que me arrastraban sin contemplación por los callejones de la monotonía.
Beberé de ese veneno hasta que mi imagen sea disuelta en ese líquido de amable caricia. Beberé hasta que mis huesos se vuelvan polvo, hasta que mi rostro se confunda con la imagen de la pequeña botella de veneno que guardo en la alacena. Beberé porqué el drama así lo demanda, porque las letras quieren nacer, quieren llegar como algo contingente a esta vida, porque es la única forma de dar a luz a esta nueva imagen que deseo dejar en la cabeza de quienes me rodean, porque es lo que he decidido. Beberé porque quiero ser olvidado, porque anhelo que lo único que piensen al recordarme sea mi muerte y al menos, en esta última instancia, ser libre de tu recuerdo.


J. Lykaios.

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