Texto: J. Lykaios.
Fotografía: Paola L. Perea.
Fotografía: Paola L. Perea.
En lo
personal me reiría bastante, y no solo de usted, sino de mí también al verme en
dicha situación, permítame explicar el chiste ¿A caso imaginaba que las cosas
terminarían diferente? Para nada, señor, cuando usted llegue a este punto del
manual usted se habrá dado cuenta de su gran error. Usted se conoció a profundidad,
podría incluso decir que más de lo que era necesario, comenzó a aborrecer su
propia compañía y se sentía vulnerable ante usted mismo, no pudo soportar la
idea de hacerse frente a usted mismo y en ese momento busco desesperadamente a
una persona, que pudiese cargar con ese peso por usted; deposito su
personalidad en ella, no tenía que cargarse más usted mismo y se entregó a la
vida absolutamente ligera. No necesitaba trabajar para ser alguien agradable,
porque había quien se lo recordara, ni mucho menos debía esforzarse por ser
alguien bueno, pues cuando se actuaba con un toque de malicia, existía quien lo
señalaba y castigaba.
Sexto.-
Pero ahora que el sol se ha ido, no existe quien le recuerde lo que era; Y es
aquí donde se encuentra el pequeño secreto de este método ¡Usted jamás podrá
deshacerse de su libertad! ¡Usted
mismo es libertad personificada!
Venga ¿No me diga que usted no lo veía venir? ¡Pero si era obvio! Usted no
perderá jamás su libertad, no puede
perderla ya que esto es usted mismo, su proyecto, su potencialidad, todo su ser
es sinónimo de libertad, mientras el
espíritu tenga la fortaleza de soportar sobre sí la responsabilidad que la libertad deposita sobre él, podrá
siempre continuar existiendo libre y consciente de sí. Es por eso que sé que
usted seguirá siendo libre hasta este momento, aunque no lo pueda ver
claramente. Recuerde que usted es libertad
en potencia, al menos mientras sea capaz de estar leyendo este
texto. Si acaso pudimos adormecerla, usted se dará cuenta de ello cuando por
fin quiera limpiarse los ojos y lleve sus manos hasta ellos, sentirá unos
anteojos y se dará cuenta del engaño. Nunca
estuvo en otro lugar, ni mucho menos en otra realidad, únicamente empeño
lo que era y lo que tenía, a cambio de unas gafas que le hacían ver el mundo
desde otra perspectiva, desde la perspectiva de un amor inocente que suspira
por la justicia ¿Qué pasa cuando el sol se ha ido y sin sus rayos fuertes y
llenos de vida las gafas que usted recibió en el trueque no sirven de nada? No
hay mucho por hacer, continué acostado, admirando las estrellas. Aprenda de
ellas, ahora no somos muy diferentes. Y
ahora, del mismo modo en que las estrellas palpitan arriba en el cielo, usted
se encuentra parado, inamovible, alejado de todos, vacío, únicamente esperando
a que las reservas de pasado que le presentan a los demás lleguen a su final.
Se siente perdido, habrá días en que sienta unas irrefrenables ganas de
arrancarse las entrañas con sus propias manos y acabar de una vez por todas con
la incomodidad de sentirse vacío, este vació que provoca que sus manos suden y
una angustia incontenible se acumule en el pecho, la nuca comienza a sudar,
bajando fría la gota por la columna vertebral, llenándole de un poderoso
impulso de comenzar a correr hasta consumirse hecho cenizas, pues el hecho de poder
ver a través de usted sin que los rayos de luz siquiera le noten y saberse
vació le agobia, le irrita.
De
momento puede que usted se sienta traicionado y agobiado, inclusive aquellos
quienes sean más intensos, pueden llegar a despreciar a la persona en quien deposito
aquellos rasgos con quienes nunca se reconcilio y prefirió aprender a odiar, a
despreciar, a encontrar insoportables a tal grado que los ofreció como tributo al primer ser del que pretendió
enamorarse. Mire a su alrededor y experimente el vacío que ha quedado,
manchando todo lo que entra en contacto con él con una tinta negra y difícil de
lavar. Probablemente usted se sienta asustado y melancólico en cierto grado,
respire y tome asiento, acostúmbrese a esta soledad que ahora lo abraza con
profunda familiaridad.
Habrá
días en los que usted saldrá a caminar por las calles que tan perfectamente le
conocen y puede que en ese momento usted vuelva a sentir aires de fortaleza,
esto resulta absolutamente normal, y más aún, que decida subir nuevamente al
estrado y hacer de juez, se juzgará por su conducta, por este abandono tan
deplorable en el que se encuentra, por esta desolación que ahora experimenta y
que ocupa el lugar donde anteriormente un corazón que se regocijaba de la vida
descansaba plácidamente. Si bien, no es una norma o regla especifica de este
manual, es casi seguro que en su propia defensa argumentará inocencia, se
lavará las manos y arrojara toda su basura contra quien le ha abandonado, quien
le ha robado todo lo que tenía y le ha convertido en un ser semimuerto y
aislado, incapacitado de poder relacionarse plenamente con el mundo exterior
sin dejar de lado el asco que usted mismo se provoca ¡Felicidades! Si usted
incurre a la perfección en esta infantil y estúpida defensa, permítame decirle
que cumplió con los pasos de este manual a la perfección. No se preocupe, esta
condición, esta enfermedad del alma autoinflingida no es extraña, por el
contrario, es una enfermedad que ha ido en aumento en años recientes. Un
aletargamiento de la libertad, un
extraño y estúpido malestar, una ceguera voluntaria, una comodidad enfermiza
que hace encontrar a quien la padece un inmundo placer en la autoflagelación,
en sabernos miserables. Se revuelcan en el lodo y ahí sumido aguardan la bota
que pisará su rostro y los asfixiara contra el fango, acabando así con tan
patética criatura.
¿Qué
dice usted, que el nombre del manual es erróneo? ¿Qué soy un embustero? Por
favor, permítame explicarle y darle la razón. Este manual bien pudo llevar el
nombre de Manual de negación del propio
ser o incluso haberse llamado Manual
de suicido simbólico y mutilación del ser. Pero vamos allá, habrá que
remontarnos al inicio de este pequeño manual para comprender porque he decidido
darle este título; este manual es una advertencia, puesto que como ya se le
dijo anteriormente, usted es libertad en sí. Solamente quien haya sido libre es capaz de perder su libertad. Tenga bien presente esto,
lector, aun cuando usted este plenamente convencido de recurrir a este
abandono, a esta negación de la propia existencia como un método, por demás
irónico y cobarde de renunciamiento de la realidad, esto no dejará de ser su
propia responsabilidad. Si usted al mirar su reflejo en las charcas de aguas
pútridas que ahora le acompañan siente un profundo asco y siente como la náusea
se forma y toma fuerza, y un miedo al mirar tan deplorable aspecto se agolpa
por salir y llena el hueco recipiente en el que ahora se ha convertido, déjeme
decirle algo ¡es usted y nadie más que usted quien se procuró tan fatídica
versión! No fueron ni el sol, ni el otro, ni las muertas manos que escribieron
este manual, fue usted, en su última decisión activa como tal, con el ultimo
soplo que exhalo su libertad usted
eligió convertirse en este muerto que ahora ocupa su lugar. Dio la espalda a su
responsabilidad como un crío despavorido y le pareció más fácil arrastrarse por
el fango y vivir quejándose de lo cruel que era el mundo sin usted hacer algo
para acabar con esa crueldad, usted con esa pasividad enfermiza contribuyo a
esparcir esa enfermedad que cada día se propaga con gran rapidez, se ocultó bajo un montón de rocas que ahora
le parecen imposibles de derrumbar y que le impiden volver a mirar la luz de un
nuevo día. Pero, permítame decirle una cosa más; Fue usted y nadie más que
usted quien escogió cuidadosamente las rocas que ahora le sepultan ¿fue por su
forma? ¿Fue por su color o por su lugar de procedencia? ¡Vaya usted a saber!
Esto da igual, a fin de cuentas fue usted quien con la propia fuerza de
voluntad las coloco una sobre la otra y nadie más que usted tendrá la fuerza
para quitarlas de ahí ¿Cómo se supone que haga eso? Disculpe usted, el manual para recuperar su libertad aún no
se encuentra listo, es una fórmula que por ahora no estoy interesado en buscar,
pero vamos, anímese usted y búsquela, tal vez la encuentre antes de que yo
pueda siquiera mover la primera de mis rocas. Y si esto de verdad llega a
ocurrir, por favor, hágamelo saber.

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