sábado, 7 de abril de 2018

Manual para perder su libertad 3/3

Texto: J. Lykaios.
Fotografía: Paola L. Perea. 

En lo personal me reiría bastante, y no solo de usted, sino de mí también al verme en dicha situación, permítame explicar el chiste ¿A caso imaginaba que las cosas terminarían diferente? Para nada, señor, cuando usted llegue a este punto del manual usted se habrá dado cuenta de su gran error. Usted se conoció a profundidad, podría incluso decir que más de lo que era necesario, comenzó a aborrecer su propia compañía y se sentía vulnerable ante usted mismo, no pudo soportar la idea de hacerse frente a usted mismo y en ese momento busco desesperadamente a una persona, que pudiese cargar con ese peso por usted; deposito su personalidad en ella, no tenía que cargarse más usted mismo y se entregó a la vida absolutamente ligera. No necesitaba trabajar para ser alguien agradable, porque había quien se lo recordara, ni mucho menos debía esforzarse por ser alguien bueno, pues cuando se actuaba con un toque de malicia, existía quien lo señalaba y castigaba.
Sexto.- Pero ahora que el sol se ha ido, no existe quien le recuerde lo que era; Y es aquí donde se encuentra el pequeño secreto de este método ¡Usted jamás podrá deshacerse de su libertad! ¡Usted mismo es libertad personificada! Venga ¿No me diga que usted no lo veía venir? ¡Pero si era obvio! Usted no perderá jamás su libertad, no puede perderla ya que esto es usted mismo, su proyecto, su potencialidad, todo su ser es sinónimo de libertad, mientras el espíritu tenga la fortaleza de soportar sobre sí la responsabilidad que la libertad deposita sobre él, podrá siempre continuar existiendo libre y consciente de sí. Es por eso que sé que usted seguirá siendo libre hasta este momento, aunque no lo pueda ver claramente. Recuerde que usted es libertad en  potencia, al menos  mientras sea capaz de estar leyendo este texto. Si acaso pudimos adormecerla, usted se dará cuenta de ello cuando por fin quiera limpiarse los ojos y lleve sus manos hasta ellos, sentirá unos anteojos y se dará cuenta del engaño. Nunca  estuvo en otro lugar, ni mucho menos en otra realidad, únicamente empeño lo que era y lo que tenía, a cambio de unas gafas que le hacían ver el mundo desde otra perspectiva, desde la perspectiva de un amor inocente que suspira por la justicia ¿Qué pasa cuando el sol se ha ido y sin sus rayos fuertes y llenos de vida las gafas que usted recibió en el trueque no sirven de nada? No hay mucho por hacer, continué acostado, admirando las estrellas. Aprenda de ellas, ahora no somos muy diferentes.  Y ahora, del mismo modo en que las estrellas palpitan arriba en el cielo, usted se encuentra parado, inamovible, alejado de todos, vacío, únicamente esperando a que las reservas de pasado que le presentan a los demás lleguen a su final. Se siente perdido, habrá días en que sienta unas irrefrenables ganas de arrancarse las entrañas con sus propias manos y acabar de una vez por todas con la incomodidad de sentirse vacío, este vació que provoca que sus manos suden y una angustia incontenible se acumule en el pecho, la nuca comienza a sudar, bajando fría la gota por la columna vertebral, llenándole de un poderoso impulso de comenzar a correr hasta consumirse hecho cenizas, pues el hecho de poder ver a través de usted sin que los rayos de luz siquiera le noten y saberse vació le agobia, le irrita.
De momento puede que usted se sienta traicionado y agobiado, inclusive aquellos quienes sean más intensos, pueden llegar a despreciar a la persona en quien deposito aquellos rasgos con quienes nunca se reconcilio y prefirió aprender a odiar, a despreciar, a encontrar insoportables a tal grado que los ofreció  como tributo al primer ser del que pretendió enamorarse. Mire a su alrededor y experimente el vacío que ha quedado, manchando todo lo que entra en contacto con él con una tinta negra y difícil de lavar. Probablemente usted se sienta asustado y melancólico en cierto grado, respire y tome asiento, acostúmbrese a esta soledad que ahora lo abraza con profunda familiaridad.
Habrá días en los que usted saldrá a caminar por las calles que tan perfectamente le conocen y puede que en ese momento usted vuelva a sentir aires de fortaleza, esto resulta absolutamente normal, y más aún, que decida subir nuevamente al estrado y hacer de juez, se juzgará por su conducta, por este abandono tan deplorable en el que se encuentra, por esta desolación que ahora experimenta y que ocupa el lugar donde anteriormente un corazón que se regocijaba de la vida descansaba plácidamente. Si bien, no es una norma o regla especifica de este manual, es casi seguro que en su propia defensa argumentará inocencia, se lavará las manos y arrojara toda su basura contra quien le ha abandonado, quien le ha robado todo lo que tenía y le ha convertido en un ser semimuerto y aislado, incapacitado de poder relacionarse plenamente con el mundo exterior sin dejar de lado el asco que usted mismo se provoca ¡Felicidades! Si usted incurre a la perfección en esta infantil y estúpida defensa, permítame decirle que cumplió con los pasos de este manual a la perfección. No se preocupe, esta condición, esta enfermedad del alma autoinflingida no es extraña, por el contrario, es una enfermedad que ha ido en aumento en años recientes. Un aletargamiento de la libertad, un extraño y estúpido malestar, una ceguera voluntaria, una comodidad enfermiza que hace encontrar a quien la padece un inmundo placer en la autoflagelación, en sabernos miserables. Se revuelcan en el lodo y ahí sumido aguardan la bota que pisará su rostro y los asfixiara contra el fango, acabando así con tan patética criatura.
¿Qué dice usted, que el nombre del manual es erróneo? ¿Qué soy un embustero? Por favor, permítame explicarle y darle la razón. Este manual bien pudo llevar el nombre de Manual de negación del propio ser o incluso haberse llamado Manual de suicido simbólico y mutilación del ser. Pero vamos allá, habrá que remontarnos al inicio de este pequeño manual para comprender porque he decidido darle este título; este manual es una advertencia, puesto que como ya se le dijo anteriormente, usted es libertad en sí. Solamente quien haya sido libre es capaz de perder su libertad. Tenga bien presente esto, lector, aun cuando usted este plenamente convencido de recurrir a este abandono, a esta negación de la propia existencia como un método, por demás irónico y cobarde de renunciamiento de la realidad, esto no dejará de ser su propia responsabilidad. Si usted al mirar su reflejo en las charcas de aguas pútridas que ahora le acompañan siente un profundo asco y siente como la náusea se forma y toma fuerza, y un miedo al mirar tan deplorable aspecto se agolpa por salir y llena el hueco recipiente en el que ahora se ha convertido, déjeme decirle algo ¡es usted y nadie más que usted quien se procuró tan fatídica versión! No fueron ni el sol, ni el otro, ni las muertas manos que escribieron este manual, fue usted, en su última decisión activa como tal, con el ultimo soplo que exhalo su libertad usted eligió convertirse en este muerto que ahora ocupa su lugar. Dio la espalda a su responsabilidad como un crío despavorido y le pareció más fácil arrastrarse por el fango y vivir quejándose de lo cruel que era el mundo sin usted hacer algo para acabar con esa crueldad, usted con esa pasividad enfermiza contribuyo a esparcir esa enfermedad que cada día se propaga con gran rapidez,  se ocultó bajo un montón de rocas que ahora le parecen imposibles de derrumbar y que le impiden volver a mirar la luz de un nuevo día. Pero, permítame decirle una cosa más; Fue usted y nadie más que usted quien escogió cuidadosamente las rocas que ahora le sepultan ¿fue por su forma? ¿Fue por su color o por su lugar de procedencia? ¡Vaya usted a saber! Esto da igual, a fin de cuentas fue usted quien con la propia fuerza de voluntad las coloco una sobre la otra y nadie más que usted tendrá la fuerza para quitarlas de ahí ¿Cómo se supone que haga eso? Disculpe usted, el manual para recuperar su libertad aún no se encuentra listo, es una fórmula que por ahora no estoy interesado en buscar, pero vamos, anímese usted y búsquela, tal vez la encuentre antes de que yo pueda siquiera mover la primera de mis rocas. Y si esto de verdad llega a ocurrir, por favor, hágamelo saber.


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