El linaje de las palabras
-Ulises García
Revolotean las palabras y los
pensamientos.
Flotan los parajes invisibles,
pero los renglones nunca pierden el suelo
y la poesía lo imposible.
Se acumulan eritrocitos en la tinta.
La pluma es un arma de saldo blanco.
Las palabras la vida.
La vena el vocablo.
Bajo el microscopio las palabras se
agazapan,
sospechan los parajes, alucinan los
pensamientos,
se observa un espacio de nada,
la escritura se fue con el viento.
Letras se enraman de un árbol
genealógico,
las sílabas se entallan del mismo.
Confundir palabras con genética es
tóxico,
casi tanto como la sangre con el vino
tinto.
El temperamento de las rimas.
El carácter de los versos.
La personalidad de las palabras sólo
estriba,
sin más, en la marea que estemos inmersos.
Las palabras se mitifican.
Entre tantos alcoholes, suicidios,
cigarrillos y guiones,
rebosan los amores que abdican,
y ya no caben más adioses.
Le crecen brazos a la sangría
y piernas a las ideas,
a las palabras se les da vida,
incluso, desde que se balbucea.
Ciclo vital: palabritas, palabras,
palabrotas.
La cadencia muere en una copla,
la métrica se desarrolla en estrofas,
la prosa nace por el canal ideuterino
hasta la boca.
Las palabras son nobles y sumisas, se
juega con ellas,
son mordaces y férreas, hacen de “la
tirana”.
Viven y calan como una flama eterna,
o bien, mueren y calan como el amor de
una gitana.
A veces, cuando nos carcome el azar,
nos refugiamos en las palabras durante el
camino,
rogando por evadir la casualidad,
sin caer tampoco, ante el mayor dictador,
el destino.
Recuerdo usar las palabras como llave,
como cerradura, dependiendo el tesoro.
Recuerdo usarlas como blindaje,
como empuñadura, dependiendo quien sea el
otro.
Las palabras son humanidad, tiempo,
libertad.
Las amo. Las odio.
Y por más que me canse de hablar y
escuchar,
ellas seguirán en el trono…
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