miércoles, 25 de abril de 2018

Una sentencia equívoca.


Los culpables de una sentencia equívoca somos todos… Hemos aprendido a comer por los ojos, por los oídos y lo único que hay a nuestra disposición, lo que se ha vuelto nuestra dieta, la violencia, ha corrompido hasta los rincones más íntimos de la inocencia y sobre todo, lo que es más preocupante, de la culpabilidad. A fin de cuentas, todo esto es de lo más normal, a los niños se les premia con “comida chatarra”.

Los culpables de una sentencia equívoca somos todos, no el gobierno… Hemos aprendido a entumir nuestro juicio crítico, lo que nos dicen, siempre y cuando traiga beneficios a uno mismo, es nuestra verdad, nuestro dogma, lo demás no importa. Tal vez debido a que esto se ha vuelto peligroso, ya no se duda, la mente no hormiguea, no se exige, no se critica, no se opina, no se sabe. Hoy, en estos días, hay más violencia en el discurso de un político que en la jungla, hay más sangre circulando en las mentiras que por las arterias de las personas.

Los culpables de una sentencia equívoca somos todos, no la escuela… Hemos aprendido a vivir del egoísmo y la inmediatez, las tareas propias de uno se delegan al primero que se atraviesa, los exámenes tienen más paralelismo que el trabajo y su remuneración, lo que importa es que nuestro menor esfuerzo esté acompañado por nuestra mayor ganancia, un 100 sin leer, conocer, estudiar, estar, un punto sin asistir, “ganar” sin importar si se supera la delgada línea de los que nunca han atentado contra la vida o integridad de alguien más o como se conoce hoy en día “el cuadro de honor”… no importa si 1, 2 o 3 están en medio.

Los culpables de una sentencia equívoca somos todos, no la familia… Hemos aprendido a mover nuestras prioridades a nuestro antojo, desconocemos sin conocer, estudiamos, trabajamos, vivimos, morimos y lo que no aprendemos es lo que realmente importa, nadie tiene certeza, nadie sabe lo que vale la pena y lo que no, lo que da asco, lo que despierta gusto. Vivimos confundidos, bombardeados de los medios, de desprecios, de aceptación, de volatilidad, de lo que debe hacerse y lo que no, al antojo del titiritero de turno. En la raíz no se corrige lo suficiente… 

Los culpables de una sentencia equívoca somos todos, no el barrio… Hemos aprendido a sacar del juego y de un solo golpe la canica de la humanización. El suelo donde juegan los niños está propenso a que crezcan árboles de partes humanas. El más valiente es el que más peleas tiene, por mera osadía, a lo mejor, el más valiente debería ser el que no se pelea, hemos aprendido que un cobarde es el que se defiende con las razones, se escuda en las palabras en vez de los golpes.

Los culpables de una sentencia equívoca somos todos, no el narcotráfico… Hemos aprendido a unificar las palabras “mal” y “necesario”. Nosotros que hemos consumido, santificado, hecho canciones y bromeado, los mismos que tanto hemos banalizado la violencia y los actos impunes, nosotros somos los que nos estamos equivocando. ¿El dinero, que hace girar al mundo, vale la pena? ¿La vida, como estorbo u obstáculo, cuánto vale? ¿La muerte, como señal de respeto, cuánto cuesta? Nosotros, que de tan poco vivimos, que de dinero soñamos y de oportunidades nos valemos, nos quejamos de todo menos de nosotros mismos…

Nosotros mismos… impregnados de los aires del desdén de los demás, con la fealdad y la incomodidad en el espejo, con un acre reflejo de la sociedad en nuestros ojos, con una piel árida que no siente el contacto humano, con la violencia por delante como una bandera blanca imponente, con el egoísmo, con el tacto de una piedra repleta de tierra, con los “¿cómo estás?” cordiales y asquerosos. Nosotros mismos… que sólo ahora nos despierta indignación y no todos los días, nosotros que nos edificamos en apariencias, que aprendemos a mentir antes de aprender a limpiarnos el culo, nosotros que no lloramos, que somos “fuertes” y “valientes”, nosotros que tiramos basura, que no nos comprometemos, que no mantenemos el respeto para ganarlo en vez de exigirlo, que somos tan amenos como una cartera vacía, nosotros que nuestras pisadas necesitan más talco desinfectante que los zapatos que usamos, nosotros, los que nos sentimos “cómodos”. Los culpables de una sentencia equívoca no somos 3, somos todos…   


-Ulises García

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Incuestionamientos

Los signos tienen un sentido, Las preguntas un propósito, Las dudas un misterio, Los adivinos un secreto. Hay que empezar a pensar y a cuest...