J. Lykaios
Mando a llamar a este estrado a aquellos contra quienes el día de hoy levanto mi pluma, y con toda la severidad que el espíritu me permite. Dejo caer con fulminante furia mis letras sobre esas existencias enfermas de codicia. No puedo albergar más que el peor de los sentimientos por esas almas ciegas, incapaces de ver más allá de lo que el cuerpo siente, no puedo más que experimentar en mis entrañas el profundo asco que de la lástima nace cuando por mi mente cruzan las imágenes de tan patéticas criaturas.
¡Los invito a ponerse de pie! Y a que con vanos intentos
expliquen su inmundo crimen ¡Vengan ustedes, traidores de la humanidad! Y
callen con sus infantiles balbuceos el sollozo de la madre a la que le han arrancado del seno al hijo que procuro
en su vientre por nueve meses y que ustedes, sin ninguna misericordia le han
arrancado de un solo golpe mortal en el cual no solo acabaron con una
existencia; aniquilaron sueños, ilusiones, amores, lágrimas de alegría, de
tristeza y de rabia. Un sin fin de decisiones que ya no serán tomadas,
experiencias que no serán aprendidas, dejando un hueco en un pecho que se expande día con
día en la espera… es lo único que ahora queda.
¿No habían jurado ustedes proteger el suelo que pisan y a
todos quienes en él habitamos? No, por favor, no traten de darme la mano, pues
esta manchada con la sangre que ahora impregna el suelo de mi nación y por
favor, borren esa sonrisa burlona de su rostro, pues son ustedes aquí la única
broma que mis ojos pueden ver, un chiste sin gracia que se engaña a sí mismo
cada mañana al despertar para poder soportar la carga que su consciencia les
pone sobre los hombros ¿A caso pueden ustedes dormir por las noches? ¿No es su
sueño invadido por la imagen de los cadáveres arrastrados por la corriente
mientras que suplicantes clavan sus uñas en la madera del barco de Caronte? ¿No
pueden sentir que estas uñas se clavan en sus ojos y los sacan para vaciar sus
cuencas? ¿No es así? Pues permítanme decirles “nobles” señores, que si ustedes son
incapaces de sentir esto, es hora de que se aflojen el nudo de la corbata y
dejen de soñar, bajen de esa nube de estupidez y recuerden que la tierra no es
suya, ustedes le pertenecen a la tierra y deberán pagar por los crímenes contra
ella ¡Abracen su responsabilidad con la misma mueca de falsedad con que le
mienten en la cara al padre furioso que llora cada noche por su hijo!
Entren los guardias y conduzcan a estos falsos líderes que
traicionaron a su causa en aras de sus intereses egoístas y vengativos, pero antes
de que ustedes suspiren aliviados al verse cercanos a la muerte, permítanme
informarles que el jurado ha decidido darles la peor de las condenas. Ustedes
serán condenados a vivir; así es, a vivir, serán mantenidos con vida en un
lugar donde todos puedan verlos y escupirles a la cara, para que nunca olviden
su origen ni su final, y al igual que ustedes, tarde o temprano toda su estirpe
será castigada por sus respectivos crímenes, no solo contra la nación, sino
contra la humanidad entera. Serán condenados a observar la felicidad de los
otros, sin ser capaz de experimentar la propia, no tendrán ustedes ni la mitad
del carácter de un perro que es encadenado y abandonado a su suerte; podrán
seguir vivos, sin vivir la vida y se les privara de toda decisión que puedan
tomar, sentirán la agonía de
experimentar en carne propia los horrores que ustedes provocaron en miles de
almas que ahora no pueden acompañarnos en este juicio; sentirán que se les ha
despojado de todo, sus decisiones no les pertenecerán más y existirán sin
existir, olvidados sin haber desaparecido, hasta el final de sus días.
¡Señoría! Le pido por favor que deje caer todo el peso de la
responsabilidad que estos embusteros creyeron durante años haber evadido,
olvidaron que la existencia no se maneja al igual que la economía y si bien,
puede conceder prorrogas, tarde o temprano nos alcanza y nos hace pagar lo
justo. Que esta sentencia tenga el carácter formal de recordar a los caídos
bajo el filo de su espada, que proteja a aquellos que comienzan a ejercer su
libertad en esta tierra roja de sangre y que sirva de advertencia para quienes
busquen engañar a las futuras generaciones. Señoría, jurado, les pido por
favor, no muestren misericordia alguna contra aquellos que jamás vieron en su
pueblo algo más que cifras en una grafica, pues quien priva al inocente de su
vida no merece consideración alguna.
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